La otra cara de la paz.

La cuenta regresiva está por terminar, y en medio de los resultados de la primera vuelta las opciones parecerían claras. Zuluaga o Santos, sin embargo hay quienes cuestionan si debemos ir a las urnas pensando en que marcar una de las fotos en el tarjetón, es nuestra única vía de acción política.

 

La oposición de izquierda en Colombia se ha venido vistiendo de amarillo en los últimos años, sin embargo, el no salir de las casillas tradicionales partidistas para ver qué otro tipo de actores han nacido en el país, puede ser la falla que mantiene estancado nuestro potencial político. Marcha Patriótica ha sido el símbolo y síntoma social de que en Colombia el descontento va más allá de las efímeras marchas estudiantiles o los coyunturales paros campesinos. Es una estructura, que si bien muy joven para tener una incidencia tangible a los ojos del colombiano de a pié, tiene un norte y muchos caminantes.

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La gente con miedo no piensa bien’ me dijo Él, un militante del movimiento social Marcha Patriótica, estudiante, activista y buen amigo. ‘Uribe y Santos son lo mismo’, y es que Él,  no se refiere a una igualdad absoluta, sino a que el problema político y social en el país es estructural. Si algo tiene claro, y le sobran argumentos para reafirmar, es que en nuestro país no se hacen políticas de Estado, sino políticas de gobierno, y eso constituye un elemento fundamental para mantener viva la espiral de guerra, desigualdad y fracturas sociales en  Colombia.  Santos ha pecado, sin querer confesarlo abiertamente, de mantener y fortalecer la estructura neoliberal, el sistema cíclico que sabe mutar en su aspecto y accionar superficial, pero mantiene el núcleo intacto, y ahora quiere blindar ese modelo con una armadura que llama Paz.

 

Al inicio de nuestra conversación, y antes de que Él me expusiera los puntos  claves de su postura, y la que considera debe ser la línea de su movimiento, hablamos de números, los resultados de la primera vuelta. Me dijo que pusiera mucha atención a los lugares en los que había ganado el candidato de Uribe: ‘Zuluaga ganó en los lugares donde ayudamos a impulsar el paro’, la oposición a Santos entre los campesinos crece y no ayudó su ausencia en las periferias durante campaña, un vacío que Zuluaga llenó de manera eficiente, y tiene a la  vuelta de la esquina el retorno inminente de Uribe.

 

Sin embargo, ese no fue el punto central de una reflexión que, más que incurrir en las críticas a la Colombia que ha creado la perpetua derecha, quería exponerme el camino que para Él la oposición debía labrar, una vía construida en torno a ese futuro incierto que nos concierne a todos, un anhelo más que desgastado por estos días, La Paz del pueblo.

 

Para alcanzar la paz (real) se deben entender las distintas concepciones de paz como un campo de disputa política, una arena, en la que el movimiento social y popular toma parte activa como actor político’.

 

Su referencia a distintas concepciones de paz da cuenta del hecho de que cada quien quiere utilizarla para fines arbitrarios, todos nos venden su paz como la verdadera. La Paz de Zuluaga y Uribe, La Paz de Santos, La Paz de Colombia. Por ello, Él me reiteró la necesidad de que el pueblo se tome esa bandera, y no se deslumbre ante la falsa idea de que la Paz es ajena a su accionar y se consigue firmando un documento en La Habana.

 

‘La paz no es de Santos, nosotros (refiriéndose a Marcha) tenemos que tomarnos la bandera de la paz’.  Allí entendí a cabalidad su atípica postura, las posibilidades no se limitan a Zuluaga y Santos, porque como Él muy bien lo decía, ‘La política no se acaba en elecciones’ eso, no lo hemos entendido en Colombia.

 

Pero de nuevo, ‘La gente con miedo no piensa bien’. La oscuridad acechante de esa agonía electoral que nos tiene entre la espada y la pared, trae la resurrección de aquél difunto que encontró en Zuluaga un nuevo cuerpo para actuar. No deja ver que ni él, ni Santos son los únicos actores para nuestro futuro. ‘Gane el que gane esto va a ser un mierdero’.

 

Para Él, Marcha debe ser protagonista más allá de las urnas, y como actores no se trata de escoger a quién le van a hacer oposición durante los siguientes cuatro años únicamente. Sin embargo, el panorama es turbio y la duda persiste, bien puede escoger votar en blanco, no hacerlo, o votar por la reelección de la derecha en cabeza del  más pacifista, o por lo menos, el que dice serlo.

 

A pesar de la duda, algo queda claro. 

 

La Paz no es un asunto de un cargo, sino del Estado y de la sociedad