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La odisea de identificar los 26 cuerpos de las Farc

Dar con la identidad de guerrilleros muertos, como los 26 que cayeron en el reciente bombardeo de la Fuerza Aérea, es casi una misión imposible para los familiares.

La guerra en Colombia devora generaciones enteras de hombres que podrían estar creando un nuevo país. A este drama se suma el hecho de que los restos de muchos de ellos quedan en fosas comunes o se pudren en los campos sin que las familias, en muchos casos, sepan dónde están para poder hacer sus duelos.

 

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El caso más inmediato es el de los 26 guerrilleros muertos en el bombardeo de la Fuerza Aérea, sobre la vereda San Agustín en el municipio de Guapi, el pasado viernes 22 de mayo. Esta acción generó, entre otras cosas, que las Farc suspendieran la tregua unilateral que habían decretado en diciembre de 2014.

 

El bombardeo y su saldo de “bajas” engrosaron las estadísticas oficiales y las de las Farc, las cuales son publicadas en los partes de guerra que se comunican a la opinión pública.

 

A la fecha los 26 cuerpos habían llegado al Instituto Nacional de Medicina Legal, regional Suroccidente, en donde su director, Jairo Silva, le confirmó a Confidencial Colombia que ingresaron como NN. Este mismo día inicia el proceso de necropsias e identificación de los mismos.

 

Por su parte, el Ejército Nacional le aseguró a este medio que no tiene autorización para informar sobre esas identidades, así las tuvieran claras.

 

La búsqueda de los nombres de esos 26 muertos se puede convertir en una labor titánica ya que depende del estado de los cuerpos, la existencia de las fichas dactilográficas en la Registraduría Nacional y la reserva –o el recelo-  de muchas instituciones sobre esa información.

 

De llegar a identificarse los cuerpos, sus identidades serían publicadas en medios del orden nacional y en la página web del Instituto Nacional de Medicina Legal. Con esa información las familias de los guerrilleros, que actualmente no saben si sus familiares murieron en alguna acción, pueden reclamar los cuerpos.

 

Sin embargo, esa tarea no es fácil tampoco. A los gastos de traslado para reclamar el cuerpo se suman los costos del funeral. Según fuentes del Secretariado de las Farc, cercanas a Confidencial Colombia, muchas veces estas no hacen las diligencias por miedo a quedar reseñadas por las autoridades que en últimas podrían hostigarlas.

 

En caso de no ser reclamados, los cuerpos son enterrados como NN. Si la defunción se da durante combate, la mayor parte de las veces son los mismos miembros de la guerrilla quienes los entierran en zonas rurales. Las Farc aseguran que cuando existe la posibilidad se avisa a los familiares de los muertos pero esto no se siempre se cumple a cabalidad.

 

Así las cosas, lograr dar con la identidad de un guerrillero muerto en una acción armada o en un bombardeo es algo bastante difícil para personas con posibilidad de indagar, como lo puede ser un periodista. Dicha labor es casi imposible para un campesino sin mayores capacidades de comunicación.

 

Y los efectos son dramáticos, miles y miles de hombres deben estar enterrados en fosas comunes sin que sus familias sepan si pueden llorarlos, o si por el contrario, deben mantener la esperanza de que algún día serán parte de quienes firmen la paz del país.