La noche de Fabián Ramírez

El conflicto armado colombiano no se puede limitar a los partes oficiales, debe considerarse que es una serie de combates entre personas; muerte, caos, destrucción. A partir de la entrevista de Karl Penhaul a Fabián Ramírez se pudo conocer que el jefe guerrillero no estaba muerto como se había afirmado varias veces. Crónica.

A la 1 de la mañana, la madrugada todavía era un concierto de insectos, rumores del agua y silbidos del viento pasando entre las ramas de los árboles que escondían el campamento guerrillero. El fusil de Fabián Ramírez descansaba al lado de la mesa en la que estaba ubicado el radio que lo comunicaba con sus enlaces de inteligencia.

 

El propósito de la comunicación radial no era otro que saber las coordenadas y hora exacta del bombardeo anunciado para ese día. Si bien sus hombres de inteligencia, que le informan todos los días sobre los movimientos del ejército, habían dado la alerta sobre un futuro bombardeo cerca al río Caguán, el punto preciso del operativo no estaba claro. Los pilotos no habían hablado y así era imposible saber qué sería del campamento cercano al puesto en el que se encontraba el segundo hombre más importante de las Farc en el Caquetá.

 

Pasada la 1 de la madrugada, el comandante decidió ir hasta el campamento indicado por sus fuentes de inteligencia. Un percance del automóvil en el que se movilizaba hizo que caminar entre la manigua fuera la única opción y cuando la madrugada llegaba a su mitad, los sonidos de la selva fueron sustituidos por explosiones y balas que cortaban todo en su caída vertical antes de estrellarse con el suelo o con algún cuerpo.

 

Había empezado el bombardeo y Ramírez no podía llegar hasta el campamento para ayudar a los que lo solicitaban. En un momento dado logró, con sus hombres más cercanos, entrar hasta el sitio en el que una cortina de balas y metralla sembraba de cuerpos la tierra de la selva.

 

Con dificultad lograron sacar a uno de diez muchachos que en medio del combate hacían todo lo posible por sobrevivir. Patricia, su compañera sentimental, capaz de rasgar el velo de la noche con sus ojos, era la encargada de guiarlos en medio de la espesura y de las tinieblas. En medio de la confusión, el comandante guerrillero abre un hueco profundo y entierra su fusil, separándose de su objeto de poder, de su guardián, para poder huir del cerco que ya están tendiendo los militares que desembarcan desde los helicópteros que vomitan fuego sobre el Caquetá. 40 días después regresará a ese sitio y desenterrará el arma, así como la certeza de que sigue vivo a pesar de los informes oficiales que han anunciado su muerte hasta hoy.

 

En medio de la confusión, su compañera queda bajo un árbol, dentro de un agujero en la tierra, y les pide que la dejen y sigan sin ella. Ramírez, terco y enamorado, logra que su guía en  penumbra de la selva vuelva a este mundo y salga de ese simulacro de sepultura y, entre jadeos, gritos y espinos se retiran del lugar. Sin embargo la nube de fuego y muerte se cierne sobre ellos hasta que descubren que un microchip electrónico camuflado en un dispositivo electrónico es el delator que los tiene corriendo por sus vidas. Con desdén y algo de impotencia y frustración lo arroja al agua de un caño cercano y continúan su periplo en nocturno.

 

A cinco kilómetros, sin botas, exhaustos y escuchando las detonaciones que poco a poco se van extinguiendo en la noche selvática, un grupo de guerrilleros escucha las instrucciones de Ramírez. Por ahora se trata de sobrevivir, luego vendrán los análisis y los cálculos. A medida que la adrenalina comienza a disminuir en el torrente sanguíneo y a medida que los gritos de los soldados que ocupan el campamento empiezan a hacerse usuales, la calma empieza a retornar a la selva.

 

Las ranas vuelven a croar y el viento a silbar entre las ramas mientras agita el humo que sale del suelo calcinado que hace dos horas era un campamento. Todavía faltarán cuarenta días para que Fabián Ramírez se reencuentre con su fusil y siga tan vivo como lo está hoy, y para que Colombia entera “sepa” por los medios de comunicación que el comandante guerrillero “murió” en combate en noviembre de 2010.