La Chinita: 20 años de abandono

El hecho de ser uno de los puertos fuertes del Urabá –Darién, enclave de vital importancia geoestratégica, hizo de Apartadó y sus alrededores uno de los escenarios de todas violencias que vivió y vive el país desde que la guerra se enquistó en Colombia. 20 años después de la masacre de La Chinita, perpetrada por las Farc en ese barrio, Confidencial Colombia recorrió sus calles y recogió testimonios sobre lo que fue y es la realidad de ese histórico sitio.

Recorrer las calles de Apartadó es andar en medio de un municipio próspero, en el que el comercio se mezcla con la industria bananera, la misma que por tanto tiempo ha hecho célebre al Urabá Antioqueño.

 

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La zona del Urabá-Darién encierra tensiones y conflictos que durante décadas han mostrado las vicisitudes y horrores del control territorial de un corredor estratégico que es la puerta de entrada al Istmo de Panamá y a Centroamérica.

 

En la década de los 80 la presencia de las Farc y del EPL en la región lograron una fuerte influencia en la población y en los trabajadores del sector bananero. Así mismo, se habló en varios momentos de que los sindicatos del banano que operaban en el Urabá Antioqueño tenían influencia de tal o cual grupo armado, con lo que los estigmas empezaron a calar profundo.

 

La guerra por el control de este territorio generó enfrentamientos y rivalidades entre esos dos grupos guerrilleros, así como la presencia de estructuras del M-19. Fue con la firma de la paz en 1991 que el EPL de desmovilizó e ingresó a la vida civil. “Esperanza, Paz y Llibertad” fue el nombre con el que el extinto EPL se presentó ante la sociedad colombiana en un intento de lograr a través del accionar civil lo que no se pudo con las armas.

 

Sin embargo, ese hecho generó malestar en el Frente V de las Farc que operaba en las inmediaciones de Apartadó. El 22 de enero de 1994, un grupo de guerrilleros de ese grupo armado llegó hasta el barrio La Chinita y cometió una de las masacres que anunciaron un nuevo ciclo de violencia en esa ciudad.

 

La Chinita era una invasión en la que las paredes de bahareque y los techos de zinc convivían con caños de aguas negras, algo que 20 años después solo ha cambiado en el material de las construcciones. En un principio esa invasión era conocida como el Sector 2 del Barrio Obrero.

 

Esta zona de invasión fue el asentamiento de varios grupos de familias llegados a la región, algunos escapando de la violencia que ya empezaba a configurar la región como un teatro de operaciones importante en el conflicto social y armado, y otros buscando prosperidad en el epicentro de la industria bananera.

 

El secuestro de tres miembros de “Esperanza, Paz y Libertad” en el municipio de Apartadó en 1992 llevó a que se conformaran los Comandos Populares. Estos eran estructuras militares hechas para defenderse de los ataques de la guerrilla. Los Comandos empezaron a operar en los barrios y zonas de Apartadó en donde había simpatizantes del desmovilizado EPL que podían estar en riesgo por cuenta de ataques de las Farc. Existía una calma tensa en la ciudad y específicamente en el Barrio Obrero, en donde había zonas controladas por uno y otro bando.

 

El 22 de enero de 1994 un grupo de personas, algunos miembros de Esperanza, Paz y Libertad decidieron organizar una fiesta en un quiosco de La Chinita para recoger fondos para la compra de útiles escolares. A las 2 y media de la mañana del 23 de enero, un grupo de hombres armados rompió ese acuerdo tácito territorial y fue así como se llevó a cabo la masacre.

 

35 personas, entre las que estaban dos menores de edad fue el saldo trágico de ese episodio que marcó el inicio de una nueva escalada de violencia y el rechazo hacia las Farc de gran parte de la población de Apartadó. La razón para cometer la masacre, según cuentan algunos de los habitantes actuales de La Chinita, fue darle una lección a los disidentes del EPL a quienes las Farc consideraban como unos “cobardes”, además, se trataba de enviar un mensaje a los Comandos Populares.

 

Por esta acción gran parte de la población no vio con tan malos ojos que estos comandos se convirtieran en el sustrato para que las Autodefensas Unidas de Colombia entraran a operar en la región. El Bloque Bananero y el Élmer Cárdenas fueron dos de los protagonistas de esa nueva guerra que empezó a desolar los campos del Urabá-Darién.

 

Después de la masacre de La Chinita, el desplazamiento fue la nota predominante hasta que la desmovilización de los paramilitares llevó algo de tranquilidad a la zona y muchos regresaron para unirse  los que ya estaban y constituir La Chinita en un barrio dentro del Barrio Obrero, que tiene 5 sectores.

 

La realidad de hoy es la de una barrio de escasos recursos y abandonado. Los servicios públicos son escasos, el alcantarillado es algo que se ha venido prometiendo desde la administración municipal pero que no se ha concretado.

 

Entrar hoy a La Chinita es dar un vistazo a uno de los sitios en los que la guerra colombiana marcó un hito pero que no ha visto cambiar su realidad para garantizar que esos hechos no se repitan. Es tan poco el cambio que después de que el paramilitarismo utilizara a varios de los cuadros y dirigentes de los Comandos Populares para asentarse y controlar el Barrio Obrero, el día de hoy muchos de los desmovilizados de las AUC, miembros de esos Comandos e, incluso, desmovilizados de las Farc se encargan del microtráfico y del control territorial al interior de este barrio.

 

Como lo asegura Alberto*, un viejo residente de La Chinita que trabajó en la industria del banano por más de 20 años y que hoy maneja taxi, “la labor de los paramilitares al interior del Barrio Obrero sirvió mucho para limpiar la zona. Sin embargo, hoy en día esos mismos dirigentes ven con buenos ojos que los jóvenes se drogue, y algunos venden la misma droga”. Es tanta la presencia de estos grupos, que algunos asocian con Bacrim, en el Barrio Obrero que son las primera instancia de control, siendo los que median en disputas intrafamiliares y los que castigan el robo a pequeña escala antes de que actúen las autoridades.

 

Por el momento ese control territorial y la presencia de esas estructuras armadas al interior de los barrios es un secreto a voces, su accionar no ha desbordado el control zonal de la ciudad, Sin embargo, existen comentarios en el sentido de que esas estructuras están directamente relacionadas con grandes redes de narcotráfico que hayan en el Golfo de Urabá una de las mejores vías de salida de droga hacia Centroamérica.

 

Por el momento, a pesar de que han pasado dos décadas, la realidad de La Chinita es casi la misma de comienzos de los 90; habrán cambiado las siglas y las motivaciones de los actores pero la violencia y el abandono son los mismos.

 

*Nombre cambiado por motivos de seguridad.