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La chica rebelde cumple 40 años

La modelo londinense Kate Moss, quien encarna a la perfección el ideal rebelde de los años noventa, cumple 40 años en medio de uno de los mejores momentos de su vida: estabilidad en su matrimonio con el guitarrista Jamie Hince y protagonista de la portada de Playboy en el cumpleaños 60 de la revista.

Los coqueteos con las drogas de Kate Moss no sólo no acabaron con sus años de pasarela, sino que la encumbraron como todo un icono de rebeldía y desinhibición en el mundo de la moda.

 

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Las firmas se la rifaban y eran decenas las revistas que querían contar con su imagen en sus portadas, a la vez que era musa de numerosos artistas que se inspiraban en ella a la hora de dar vida a sus creaciones.

 

Su vida siempre ha venido seguida de polémica, ya sea por cuestiones sentimentales, profesionales o simplemente por no entrar en los cánones de belleza establecidos en la década de los 90, donde ella brilló como si no existiese otra sobre la pasarela.

 

La lista de cosas que ella sola ha puesto de moda es interminable. Basta que se cuelgue del brazo un bolso, se plante unas botas de agua, se corte unos vaqueros hasta las ingles o se ponga un chaleco para que medio mundo la imite con tanta insistencia que algunas marcas han visto nacer su imperio de una foto robada a Kate Moss en una calle de Londres o en un festival de verano.

 

Repasamos las cinco piezas fashion que Moss ha sabido convertir en auténticos objetos de deseo:

 

LAS BOTAS KATIUSKAS. Hasta entonces limitadas a la campiña británica y a los pescadores, la top británica las convirtió en objeto de deseo una lluviosa tarde de verano de 2005 en el festival de Glastonbury. Nacía todo un icono fashion: las botas Hunter calzadas por Kate. Pocos días después, colgaron el cartel de agotadas en todas las tiendas del Reino Unido. Después de aquello la firma británica le estará eternamente agradecida a la top. Se convirtieron en uniforme internacional contra la lluvia en cualquier ciudad del mundo, y ya se fabrican en todos los colores y formas posibles… Las reglas de Kate: se llevan con pitillo y chupa militar y en verano (británico, claro) con microshort.

 

 

EL ABRIGO DE PELO. Gracias a ella, los abrigos de pelo dejaron de ser una prenda de abuela. Ella los recuperó y los convirtió en prenda it, también entre las más jóvenes. De hecho, algunos de sus abrigos más queridos solían acompañarla en sus juergas nocturnas.  Y suyo es el mérito de que los consideremos una prenda fashion, tanto si son auténticos como de piel artificial. ¿Cómo los lleva?  Rebajándoles el tono al combinarlos con pitllos y tacones de vértigo o pantalones de cuero y botines con taconazo.

 

 

EL PITILLO GRIS. Ella y Nicolas Ghesquière para Balenciaga encumbraron el pitillo para siempre en el Olimpo fashion. Lo convirtieron en imprescindible, en uno de esos básicos casi eternos que parece que ya nunca nos abandonará. Pero ella, y sólo ella, es responsable de recuperar ese tono gris lavado, casi blanco, en unos jeans ajustados y convertirlos ya en clásicos. Se llevan con botas altas o en su defecto con bailarinas y, que mejor, combinados con accesorios camel.

 

 

EL FLEQUILLO. ¿Por qué desde mediados de la primera década del siglo XXI el flequillo setentero se convirtió en tendencia? De esto, también puedes echarle  la culpa a Kate, la primera celebrity que lo convirtió en su seña de identidad más personal allá por 2005. ¿Cómo lo llevaba? Siempre largo y desfilado, y combinado con una melena también larga, ligeramente despeinada.

 

 

EL ESTAMPADO DE LEOPARDO. Hasta que llegó Kate y lo convirtió en bestseller en su primera colección para Topshop allá por 2007. Para ello se inspiró en un abrigo de segunda mano, de esos que ahora se llaman vintage, comprado por la modelo en un mercadillo londinense. Hasta entonces, había vivido prácticamente relegado al fondo del armario de nuestras abuelas, y eso, si eran atrevidas. Ella lo convirtió en el print de moda. Comenzó con el abrigo y siguió con el pañuelo, las bailarinas, el bolso… y el vestido. Y en esas seguimos.