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Juguemos en el bosque

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Aprender es desarrollar la información genética a través de su proyección y transformación en el reconocimiento y composición de los objetos. Las frustraciones de intentarlo muchas veces son necesarias aunque agoten la paciencia del formador.

A casi dos siglos del Modelo disciplinario prusiano, pasando por Piaget y sus planteamientos sensoriales y motrices para el estímulo de la inteligencia infantil hasta el novedoso Reggio Emilia, que convierte el aula en un laboratorio interactivo creado por los mismos niños a partir de lo que sienten y requieren, se construye parte del aparato educativo establecido en los centros de formación de nuestro país.

 

Sus argumentos han inspirado “los mandamientos” que cada plantel adapta a su reglamento interno al momento de educar nuestros infantes. Cada día a más temprana edad, los chiquillos son conducidos en los lineamientos instaurados para empezar a marcar tarjeta e iniciar lo que será su disciplina laboral, la cual le facilitará convertirse en un ser humano prestante para su familia y la sociedad de acuerdo con los cánones establecidos.

 

El rollo empieza cuando 5 o 6 infantes de las 2 0 3 decenas que conforman el salón de clases muestra un comportamiento atípico que abandona los estatutos que impone el reglamento con pretenciosa justificación pensada en el control principalmente. Inmediatamente los docentes especializados analizan, clasifican y etiquetan cual hierro ardiente, la inquieta personalidad del pequeño.

 

Acto seguido se inicia un seguimiento aparatoso, dependiendo de los costes del colegio, el cual va acompañado de una trabajadora social o terapista (Públicos), una Psicóloga (Privados Calendario A), a la cual se adhiere (Privados Calendario B) una Pedagoga con Doctorado en Cognición de Stanford University, cientos de cursos, talleres y diplomados y una estancia experimental en la Pequeña Villa Italiana que preside esta reflexión. A semejante iluminada la acompaña una fonoaudióloga y una profesional de cualquier área.

 

Esta última, es una niña bien que se graduó de la universidad para quemar tiempo mientras le llega el partido que le asegura el cambio de nombre en el estado civil y las condiciones socio económicas de una vida digna y meritoria como Dios manda.

 

El pequeño es sometido a toda suerte de análisis, test de personalidad y capacidad cerebral, disposición para una segunda lengua y el resto de exámenes médicos (más numerosos que los de un jubilado ocioso que no tiene más remedio que el chisme y la enfermedad)  y antecedentes genéticos que descarten discapacidad mental y física. Finalmente se concluye en que el niño padece trastorno cognitivo, que no es una enfermedad y que se puede tratar con infinitas terapias.

 

Se realiza una junta invitando a los Padres para sustentar la tesis de 480 páginas, que palabras más, palabras menos reza un veredicto que se convertirá en la cruz a cuestas del inquieto paciente que desborda vitalidad y el dolor de cabeza de los crédulos dolientes.

 

Señores Padres de Familia, su niño padece déficit de atención, hiperactividad, dificultad para una segunda lengua, apatía al momento de socializar,  es renuente a recibir instrucciones, realizar actividades y culminar tareas… me tomaría más de 10 páginas describiendo el diagnostico. Ese día la madre no puede reunirse con las amigas a tomar capuchino, ni tampoco ir donde la esteticista.

 

El Padre se va preocupado a la empresa, inquietud que termina cuando recibe una notificación del banco para que cubra el sobregiro o lo llaman a “pullengue” porque va caído con la meta del mes… (Federico I sigue reinando).

 

En el mejor de los casos, se le recomienda: refuerzo escolar, cuyos costos son independientes de la mensualidad y la asistencia a un centro de estimulación con acompañamiento neuropsicológico (fuera del plantel)… En el peor de los casos para el infante, el Terapeuta receta Metilfenidato o Ritalina (Tranquilizante psiquiátrico), más los refuerzos descritos al inicio.

 

El Resultado: Padres y Docentes tranquilos, Niño dopado, estigmatizado, señalado, acusado, excluido por el absurdo sistema que pretende estandarizar individuos, castrando emociones y creatividad.

 

Marianita, intoxicada de peros y condenada a la discapacidad cognitiva, por cosas de la vida se mudó a otro país que invierte en

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educación y la entiende como fundamento estructural de su política pública. No solo aprendió la segunda lengua, declarada impedida por la terapista, sino la tercera y la cuarta. Se graduó con honores y fue becada para estudiar leyes.

 

Aprender es desarrollar la información genética a través de su proyección y transformación en el reconocimiento y composición de los objetos. Las frustraciones de intentarlo muchas veces son necesarias aunque agoten la paciencia del formador.

 

Los libros o códigos que rigen e inspiran a los centros educativos no son el dogma sino el camino. La escuela debería ser la prolongación del espacio de interacción de la casa o el barrio. Las notas destacadas, los primeros o últimos lugares no definen el desempeño en la vida adulta. El colegio es un referente de cultura general compilada por las áreas o asignaturas definidas por el resorte educativo de cada país.

 

No sabría decir cuál es el modelo educativo indicado o más eficiente, sin embargo podríamos pensar que educar es enaltecer la cualidad individual, exaltar sus valores y desarrollar talentos a través de la investigación, no de la memoria. Podemos inspirarnos en métodos exitosos, siempre y cuando su instauración sea consecuente con nuestros valores socios culturales e idiosincrasia. Más verde, tierra, barro, piedras, animales y arena. Asignaturas abiertas más allá del grado, en donde los aprendices puedan estar e interactuar de acuerdo con sus destrezas y afinidades. Deporte y talleres permanentes de música, lectura, arte y cocina.

 

Acercamiento al campo como el “aula magna” en donde se pueda sembrar, criar, edificar y hacer trueques en una dinámica de socialización comunitaria.

 

Quitémonos el disfraz de lobo para que los niños jueguen en el bosque. Nuestro mayor deber es fomentar una infancia feliz y fortalecida.  Padres, Familiares, Amigos, Pedagogos, Formadores, Profesores, Educadores. Sentémonos durante media hora en la silla de pensar, estoy seguro que saldremos espantados y no querremos regresar jamás.  Cada vez que decidan enviar a la niña o al  niño al rincón de la reflexión hagan un truque de espacio. Discernir no necesita un lugar determinado. Su presencia es producto de la conciencia del acto concertado. La vida no trae manual, se aprende en el ejercicio de su ejecución.

 

El mayor problema que tiene un niño es la miseria de los adultos representada en la ausencia de una vida digna.Se hace necesaria la articulación Familia-Maestros, en donde cada parte asuma la responsabilidad compartida, los primeros estimulando el deseo de aprender, los segundos educando en ética y valores. Que los citatorios del colegio no sean un pliego de quejas, ni el recordatorio para la cancelación de la mensualidad, sino un vínculo que acerque a la familia con la institución desde la cotidianidad. Que podamos ver en nuestros críos los más cercanos maestros empoderados gozosamente en el saber-ser.

 

 

*La anterior reflexión está basada en diálogos con educadores vocacionales, transgresores del sistema, activos socialmente con centros de aprendizaje sustentados en el ser del pequeño y no  en el querer del adulto.

 

*Isha Ramirez, Chukuwata, Centro educativo para la infancia y la comunidad que promueve la creatividad y trasformación social a través del alimento.La infancia y adolescencia son un bello suspiro que al abrir los ojos se topan con la adultez encarcelada en cifras, vehículos, concreto, vidrio y sentido común.

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