Indignados bajo la ruana de Bolívar

El cacerolazo nacional, promovido en las redes sociales por el Partido del Tomate, Manos Limpias y Los Emputados, fue un éxito. En varias ciudades del país, miles de ciudadanos expresaron su inconformidad con el actual Gobierno, los abusos de la fuerza pública y respaldaron a los campesinos que hoy completan el noveno día en paro.

La cita era en Medellín, en el Parque de los Deseos; en Cali, en el Parque de las Banderas; en Tunja, en la Plaza de Bolívar; en Barranquilla, en la Plaza de la Paz; en Manizales; en Neiva en el Parque Santander; en Pereira, en el Parque Bolívar; en Cúcuta en el Parque Santander; en Bucaramanga, a la entrada de la UIS; en Villavicencio, Parque Libertadores y en la Plaza de Bolívar en Bogotá.

 

Anuncios

Desde el Parque Nacional en la capital, salió un grupo de más de 300 personas vestidas en su mayoría con ruana y armados con cacerola y molinillo, que a medida que avanzaban,  iban convocando a más personas gritando vivas a la resistencia campesina.

 

Al llegar a la Plaza de Bolívar, ya eran miles los indignados que, luego de tumbar las vallas de protección del edificio del Congreso, protestaban debido a las  decisiones del Gobierno de importar por medio de TLC, productos que según la protesta nacional, pueden cultivarse  y transportarse en Colombia a través de un mercado agrícola incluyente que supliría la demanda interna del país.

 

 

El lema de los manifestantes se enfocó en apoyar al campesinado colombiano con ollas y utensilios de cocina, queriendo expresar que todo el mundo come del mismo plato la comida que el campesino produce.

 

César Valenzuela, asistente a la movilización, dijo que “al campesino lo hemos olvidado y nosotros como ciudadanos fuimos los  culpables por nunca haberle dado  las gracias. Ahora que el plato de comida  será más escaso y costoso, ahí si hacemos cantaleta”.

 

Los ánimos de las miles de personas, que llegaron pacíficamente al lugar, se calentaron luego de que  una tanqueta del Escuadrón Móvil Antidisturbios entrara por la carrera octava y se parqueara enfrente del Palacio de Liévano, sede de la Alcaldía Mayor de Bogotá. Con fuertes gritos y algunos roces con los miembros de la Policía, la gente hizo que retrocediera el automotor: “asesinos”, se oía al unísono.

 

 

Y es que ese era uno de los motivos que también convocaba a la multitud. Recientemente se dieron a conocer videos en los que la fuerza pública se sobreexede en sus funciones y abusa de la fuerza, agrediendo a habitantes de las zonas rurales y a campesinos que protestan en sus pueblos: “venimos a denunciar los atropellos que ha habido a nivel nacional. Aquí no se olvida la muerte de  Juan Carlos Acosta a manos de la fuerza pública en Tunja y no permitimos que el presidente Santos diga que este disque paro no existe.  No hay que olvidar que la última vez que Boyacá se levantó se libertó a este país”, afirmó Iván Barón, miembro del grupo manifestante el Grito del Pueblo.

 

Al final, la estatua de Simón Bolívar tenía sombrero y ruana, sinónimo también del respaldo que se le está dando al campesinado desde las grandes ciudades. La fuerza pública no tuvo que intervenir, y artistas urbanos, como malabaristas y músicos, terminaron haciendo de la noche de la cacerola, el principio de “la primavera Colombiana”, como calificaron varios de los líderes a la multitudinaria manifestación.