"Hasta que el amor les dure"

César Sánchez es otro de los jóvenes que sorprende en la versión número 28 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá FILBo con una publicación que refleja la realidad de las parejas del mismo sexo, vista desde la mirada de algunos medios de comunicación en Colombia. Entrevista con el autor de «Hasta que el amor les dure: Debates en torno a las parejas del mismo sexo en el contexto colombiano»

Confidencial Colombia: ¿De qué manera influyen los medios de comunicación en la percepción que se tiene de las personas con orientaciones sexuales no normativas?

César Sánchez: Determinar con precisión el impacto que tienen los medios de comunicación en la percepción social sobre un grupo minorizado tan específico como las parejas del mismo sexo no es una tarea fácil. Diría incluso que es prácticamente imposible. Sin embargo, los medios tienen un rol importante en la construcción de representaciones e imaginarios sociales de sujetos que, hasta hace muy poco, habían tenido que permanecer en la clandestinidad para proteger su integridad, e incluso sus vidas.

El hecho de que muchas personas se aproximen a una realidad social, como las relaciones entre personas del mismo sexo, principalmente a través de los medios de comunicación hace que la responsabilidad de estos sea enorme, y que pueda o bien contribuir a la lucha contra la discriminación o convertirse en parte del problema.

C.C: ¿Se puede decir que esta percepción es negativa, y que muestran a las otras formas de afecto, es decir las no heteronormativas, como un sino trágico de la existencia?

C.S: No podemos decir que la percepción es absolutamente negativa o positiva. Existen diversas opiniones en la esfera pública sobre las relaciones afectivas no heterosexuales. En los últimos años se han aplicado numerosas encuestas sobre el tema, las cuales muestran que, poco a poco, son cada vez más las personas que consideran justo que a las parejas del mismo sexo les sean reconocidos derechos como a cualquier otra unión tradicional.

Sin embargo, existen temas que aún son polémicos como la equiparación del matrimonio civil para parejas del mismo sexo –que actualmente es exclusivo de las uniones heterosexuales según la ley- y la legalización de la adopción homoparental –cuyo debate jurídico sigue abierto-. Existen muchas personas que se oponen, esgrimiendo argumentos que parten de sus creencias religiosas, de sus convicciones personales, pero principalmente de prejuicios, desinformación e ignorancia en temas de sexualidad humana.

Aún en la actualidad muchas personas homosexuales perciben su orientación sexual como algo profundamente negativo, indeseable, e incluso como un sino trágico. Y esto ocurre porque a nivel social muchas personas siguen viendo la homosexualidad como una desviación, una patología, o un estilo de vida decadente e indeseable. Muy pocos padres reconocen con serenidad o con orgullo que alguno de sus hijos es homosexual, o que tiene una pareja del mismo sexo. Y es una percepción que se origina en la homofobia que permea profundamente nuestra cultura, y que ha sido reforzada y perpetuada por la religión, e incluso por la educación que se da en el hogar y en la escuela.

C.C: ¿Son las representaciones de los medios de comunicación producto de los estereotipos dominantes en torno a las subjetividades gay y lésbicas?

C.S: Considero que sí. Aunque algunos medios de comunicación han hecho el esfuerzo consciente por depurar sus procesos de producción informativa, y representar de forma mucho más compleja a las personas gay y lesbianas, aún en la mayoría de ellos persisten las notas plagadas de estereotipos. Superar estas formas reduccionistas de representación en temas de sexualidad es una tarea que implica un mayor tiempo y cuidado en la preparación de las notas de prensa y de educación de las personas que comunican.

C.C: ¿Estas representaciones e imaginarios tienen efectos en la vida material de los sujetos?

C.S: Así es. Tales representaciones pueden contribuir a la consolidación de prejuicios que, a la larga, pueden llevar a actos de discriminación y violencia en contra de personas que hacen parte de sectores minorizados en la sociedad, como es el caso de las personas con orientaciones sexuales e identidades de género no normativas.

C.C: ¿Existen diferencias en la representación de las subjetividades gays y lesbianas? O por el contrario ¿todas las personas con orientaciones sexuales no normativas son visibilizadas o invisibilizadas por los medios de comunicación de la misma manera?

C.S: Definitivamente existen diferencias. Las personas gay han sido históricamente mucho más visibles en la esfera pública que las lesbianas, y es por ello que algunas teóricas feministas hablan de un fenómeno conocido como la ‘invisibilidad lésbica’. Esto se puede apreciar en el mismo hecho de que la censura hacia los actos sexuales entre personas del mismo sexo, que tiene origen en la tradición judeo-cristiana, se haya enfocado de forma casi exclusiva en los hombres, y haya dejado de lado la sexualidad entre mujeres.

La criminalización misma de la homosexualidad, que en el caso de Colombia surgió legalmente con el Código Penal de 1936 y cesó con el Código Penal de 1980, penalizaba el llamado “acceso carnal homosexual”, que solo era posible entre hombres. Por tanto, la sexualidad entre mujeres no era un objeto de debate público como sí lo eran los actos sexuales entre hombres, probablemente por herir estos últimos el llamado “honor de la masculinidad”. Por ello, los medios de comunicación solamente reproducen estas dinámicas de visibilidad/invisibilidad de estos sujetos y sus relaciones.

Sin embargo, pese a que las lesbianas han sido históricamente invisibilizadas en múltiples ámbitos, especialmente por el hecho de ser mujeres, la violencia y discriminación en su contra han sido una realidad, por ser considerada una orientación sexual inmoral, y por desviarse del rol “natural” de las mujeres, que debe consistir en formar un hogar con un hombre y procrear a partir de una relación heterosexual.

C.C: ¿Se puede afirmar que en Colombia se ha transitado desde la criminalización de las personas homosexuales hasta el reconocimiento de sus uniones?

C.S: Indudablemente. Al menos en el plano formal el sujeto homosexual ha pasado de ser un criminal –como lo consideraba el Código Penal de 1936- a ser un sujeto de derechos –como lo empieza a reconocer la Corte Constitucional-. No obstante, pese al reconocimiento de derechos a las parejas del mismo sexo, y a la prohibición constitucional de discriminación basada en la orientación sexual, la realidad puede ser muy distinta.

C.C: De alguna manera ¿se criminaliza y se humilla aún la homosexualidad?

C.S: Quizás la homosexualidad no sea criminalizada en el sentido estricto de la palabra, pero las personas homosexuales aún tienen un largo camino por recorrer para ser respetadas plenamente en su vida individual y en relación. No solo existe aún un déficit de protección jurídica que afecta a muchas personas que hacen parte del sector poblacional LGBTI, tanto en su vida individual como en relación, sino que en la cotidianidad las personas homosexuales aún siguen siendo objeto de discriminación y acoso, tanto por parte de particulares como de funcionarios públicos y privados.

C.C: En este sentido ¿cuáles considera usted que son los cambios más importantes a nivel oficial para las personas homosexuales?

C.S: Creo que lo más importante es que ya existe un respaldo jurídico para las personas homosexuales, al menos en el plano jurisprudencial, por cuenta de las decisiones de la Corte Constitucional. Ya no solo se reconoce que la homosexualidad es una opción legítima de vida, que debe ser protegida por el Estado de cualquier forma de discriminación y violencia, sino que se reconoce que su vida en relación también merece una tutela jurídica –patrimonial y extrapatrimonial-, y que las parejas del mismo sexo conforman familias que también deben ser tenidas en cuenta como cualquier otro núcleo familiar.

C.C: ¿Cuál ha sido la importancia en estos procesos del activismo legal y político?

C.S: El activismo jurídico ha sido vital en estos avances. Organizaciones como Colombia Diversa y DeJusticia, así como abogados y académicos comprometidos con la justicia social han sido actores y aliados clave para el logro de tales reconocimientos. El activismo político ha sido también importante, entre tanto ha visibilizado esta causa ante la opinión pública, y ha movilizado a muchas personas en contra de la discriminación. Sin embargo, formas alternativas de activismo, desde las artes, la educación y el trabajo comunitario deben proseguir y empoderarse para que estos logros jurídicos no queden en el aire, y logren un impacto mucho más profundo en la sociedad, transformen imaginarios, promuevan el respeto y la solidaridad, y en general logren erradicar la homofobia, entendida como un fenómeno social y cultural que persiste y afecta la vida de las personas homosexuales.

C.C: Legalmente ¿cuál sería el status quo ideal?

C.S: Lo ideal sería que los derechos y garantías actuales y futuras reconocidas a las personas homosexuales por la jurisprudencia nacional e internacional fueran consignadas explícitamente por la legislación nacional. Hasta la fecha, no existen instrumentos normativos que protejan los derechos de esta población, y al encontrarnos en un sistema jurídico en el cual sigue prelando la legislación escrita sobre el precedente jurisprudencial como fuente de derecho.

Esto implica que el Congreso de la República tiene aún una deuda histórica con las personas homosexuales, y con la población LGBTI en general. La prevalencia de un sector político conservador y, algunas veces confesional, ha hecho imposible hasta ahora que prospere cualquiera de las múltiples iniciativas legislativas que buscan proteger derechos para esta población. Tal vez falten aún algunos años, o quizás décadas, para que el legislativo asuma su responsabilidad frente a este sector social significativo.

C.C: En ese momento, y una vez insertado en la lógica regulatoria del Estado ¿serían necesarias las resistencias a este proceso normalizador?

C.S: Habría que hacer varias precisiones. Personalmente respaldo los procesos jurídicos que han logrado el reconocimiento de las personas homosexuales como sujetos de derechos, que deben ostentar protección tanto en su vida individual como en relación. Sin embargo, la crítica queer, que surge desde el activismo alternativo en géneros y sexualidades y múltiples perspectivas académicas disidentes del actual activismo jurídico predominante, que tiene lugar en muchos otros países occidentales, ha cuestionado el verdadero valor de estos reconocimientos jurídicos.

Autoras y autores como Gayle Rubin, Judith Butler y Michael Warner han alertado sobre los efectos que pueden llegar a tener tales reconocimientos, que en principio buscan luchar contra la discriminación y violencia que ha afectado a las personas homosexuales, pero que termina por ‘normalizar’ sus relaciones, para hacerlas socialmente asimilables. El peligro que existe, según estos teóricos queer, es que muchos otros sujetos que no se acojan a las expectativas de la nueva legislación, y cuyas relaciones no logren ser asimiladas socialmente, por no obedecer a una estructura heteronormativa (monogámica y productiva), sigan siendo objeto de discriminación. Especialmente porque estas transformaciones jurídicas dejan intactas ciertas estructuras opresoras, que seguirán discriminando a las personas tanto por su orientación sexual como por su identidad de género, su sexo, su raza, su clase social, su capacidad física, entre otros factores.

¿Hace falta ejercer resistencia frente a estos procesos de normalización? Yo considero que sí, pero jugando estratégicamente con los logros obtenidos, y profundizando en las luchas desde otros frentes, como la educación, las artes y el trabajo comunitario. Es necesario reconocer que la violencia y discriminación persistirá pese a los avances jurídicos, y que la lucha por un mundo mejor para las personas, sin importar su orientación sexual o identidad de género apenas comienza.