Guerra partidista, una historia irrepetible

El distanciamiento entre el ex presidente Álvaro Uribe y el presidente Juan Manuel Santos generado todo tipo de hipótesis sobre el futuro político del país. Una es la tesis de que pueda retornar la violencia partidista. Expertos historiadores consideran que es una idea descabellada y producto de “calenturas mentales”.2011-09-18 ¿Podría Colombia vivir nuevamente una guerra partidista como la de los años 50 a causa del distanciamiento entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, como lo planteó recientemente el ex asesor presidencial Fabio Echeverri? La respuesta, para algunos estudiosos de la historia de Colombia, es no.

Todavía hay quienes recuerdan con bastante recelo aquellas épocas de finales de los años 40 e inicios de los 50 en la que los liberales y conservadores iniciaron una guerra a muerte por el poder. Asesinatos y agresiones en medio de un rígido sistema de partidos que solo permitía la participación de dos fuerzas políticas hacen parte de las imágenes que aún permanecen en la mente de los que hoy son abuelos o tíos de una historia que nadie quisiera repetir.

El Partido Liberal estaba por fuera del gobierno y el Partido Conservador era el dueño y señor de todos los espacios políticos, un poder adquirido que, en ese entonces, no estaba dispuesto a perder. Todo aquel que se declaraba liberal o portaba en su vestuario alguna prenda roja era objeto de persecuciones sin límite.

Una situación tan compleja y peligrosa que resulta “absurdo” pensar que en Colombia se vuelva a gestar un escenario similar a ese, aunque algunos hechos recientes parezcan tener alguna similitud en su intención como los de aquella época.

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En entrevista al diario El Espectador, Fabio Echeverri, quien fuera uno de los más allegados colaboradores de Uribe, dijo que no ve muy lejana la posibilidad de que el país regrese a esas épocas de violencia porque hay “fuerzas políticas y económicas incitando esta situación”.

“Los oportunistas son los que incitan, excitan y llaman a que haya peleas. Lo que más me preocupa es que la instigación puede tener efectos catastróficos, tal como sucedió a finales de los años 40 cuando casi desaparece Bogotá. Y en los 50, cuando terminaron de pelea tres grandes amigos: Gómez, López y Santos”, expresó Echeverri.

Similitud existe si hablamos de la enemistad de dos “amigos” –Santos-Uribe-, que gestaron ideológicamente un mismo partido al cual pertenecen aún; pero lejos de ser una situación medianamente parecida porque en Colombia existe hoy un fenómeno de multipartidismo que impide una guerra partidista, aunque la mayoría hagan parte de la Unidad Nacional.

Para el historiador y profesor de la Universidad Javeriana, Germán Mejía, hay varias razones por las cuales no es posible repetir esa parte de la historia: no existe una sociedad politizada alrededor de dos partidos; no hay una relación clase-partido como antes había; los partidos eran pluriclasistas y paregionales, hoy no; existe el multipartidismo y aunque el Partido Liberal y Conservador siguen siendo los tradicionales, hay otros partidos con fuerza lo cual no permite que haya esas hegemonías del pasado; porque las Fuerzas Militares no participarían en una confrontación política y porque económicamente la burguesía del país no cometería la locura, ni el sector financiero, industrial ni el comercial le caminarían a un enfrentamiento de estos.

“Santos y Uribe pueden tener las divisiones que quieran, como puede seguir sucediendo, pero que los dos tengan capacidad de arrastrar una guerra como la de los años 50 es absolutamente imposible”.

Mejía habla del panorama político actual y considera que si bien el ex presidente Uribe polarizó al país, Juan Manuel Santos le dio un giro al construir la Unidad Nacional, figura diferente dice, al recordado Frente Nacional porque no es una alianza que esté institucionalizada que controle tanto el Ejecutivo como el Legislativo.

“Ahora, yo creo que es producto más de calenturas mentales y desconocimiento, aunque no creo que Fabio Echeverri lo desconozca, pero no le veo sentido a su teoría”, afirma el historiador.

**Las consecuencias de un distanciamiento**

Si bien el panorama es distinto, lo cierto es que entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos hay una brecha cada vez mayor que ha puesto en aprietos a quienes fueron y siguen siendo sus seguidores. El Partido de la U, movimiento del cual son sus jefes naturales, se encuentra hoy atravesando una de sus mayores crisis: la deserción de sus militantes.

Los que se dicen Uribistas cien por ciento luchan hoy por mantener vigente un partido que parece haber tenido más un efecto mediático que sólido. Los que se dicen Santistas, pero que también pertenecen al mismo partido de la U, creen que llegó el momento de tomar distancia y apoyar la idea de gobierno de lograr una reunificación liberal, verdadero objetivo del Presidente.

Las ideas que se vendieron durante una campaña para obtener la presidencia, hoy son ideas contrarias, lejanas dentro de una misma fuerza política. Difícil de entender.

Cabe reconocer que si bien Uribe sigue siendo popular sobre todo en sectores medios ha perdido respaldo en la élite colombiana. Ahora ese respaldo pasó a ser propiedad de Santos.

“Creo que en la medida en que el Ejecutivo siga, en cierta manera afianzándose por las ideas que ha tomado y el liderazgo que tiene en materia legislativa, no habrá posibilidad de regresar a la violencia de los 50”.

No creo que la polarización venga de Santos. Considero que Uribe sigue polarizando y lo peor de esto es que hay un grupo de personas alrededor que están pescando aguas revueltas y que tratan de manipular las cosas.

El espejo político de hoy deja ver tres escenarios que también alejan la probabilidad de una guerra partidista: Santos se convirtió en el Presidente que agrupó a los de centro izquierda y centro derecha. Uribe va directo a convertirse en la oposición, y el Polo se mantendrá en su extrema izquierda.

“Uribe tiene todo el derecho a hacer oposición como lo puede hacer otra derecha o la izquierda, pero eso no quiere decir que el país tenga que ir al ritmo de lo que Uribe piensa porque no se está dando y no se va a dar”, dice Mejía.

Pero para Germán Mejía, tal vez la mayor distancia que hay entre la violencia partidista de ayer y el panorama político de hoy es que Santos, al frente del poder, ha logrado un espacio político para gobernar sin sacrificar las instituciones.

“La credibilidad en un gobierno de manos abiertas, conciliador y amigo de todos, no permitirá un espacio diferente al de la unidad. Hoy somos diferentes, Colombia es otra. Los tiempos de atrás se quedaron en la historia”.