El sucesor que no fue

Han pasado 366 días desde que Juan Manuel Santos llegó a la Casa de Nariño. Se cumplía así un destino anhelado desde el inicio de su vida pública y lo conseguía de la mano del más popular de los mandatarios que habría tenido el país. Hoy la ruptura política entre los dos líderes es una realidad.2011-08-08 Álvaro Uribe Vélez el aguerrido presidente que cambió el estilo de ejercer el poder que se reeligió convirtiendo su periodo en un hecho histórico, le entregó hace un año el mando a quién se erigía como líder nacional de ese capital político demostrado con nueve millones de votos.

Santos con una hoja de vida de estadista impecable, bogotano hasta el tuétano, miembro de una de las familias de la más arraigada tradición liberal y había entrado al círculo uribista personificando una excepción en un grupo de funcionarios casi desconocidos para la élite nacional a la que pertenece.

La experiencia acumulada por Santos en mover cuidadosamente las cartas en las coyunturas políticas le había servido para acercarse a Uribe como gran elector y paso a paso consolidarse como la figura para sucederlo. Y prometer así, ser el continuador de un legado político construido por Uribe, ladrillo a ladrillo, sobre una base doctrinal en la que este cree con fé casi religiosa.

El “doctor Santos” como se refería a él el ex presidente Uribe comenzó su proceso al aceptar ser el fundador de un partido político que le diera sustento al movimiento ciudadano que había llevado a Uribe al primer gobierno en 2002.

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La exigencias de una reforma política, obligó a Uribe a organizar un partido que cobijara, sobre todo, la elección de sus congresistas. E el 2006 nació entonces el Partido de la U. Un Partido que nacía y se bautizaba en nombre del líder prometía ser el altar de devoción y de expansión de esa doctrina y de este poder. Y efectivamente lo fue.

Una vez el cumplido ese cometido, en el 2006 la reelección de Uribe fue un hecho y con la U Santos eligió un numero mayoritario de congresistas, relegó a un rincón a los partidos tradicionales dejando al Conservador bajo su mando y al Liberal en el ostracismo de la oposición.

La nueva realidad política ubicó a Santos en el primer lugar de generosidad frente al presidente lo que marcó su destino para llevar uno de los más preciados estandartes de Uribe, la Seguridad. En él Santos asumía un compromiso de lealtad y de total confianza de su presidente.

Como ministro de defensa Juan Manuel Santos tuvo logros trascendentales para la Seguridad Democratica, lema central de la doctrina Uribista. Dio de baja a Raul Reyes, se cobró la primicia de la información que daba cuenta de la muerte del viejo líder guerrillero Manuel Marulanda y como remate rescató en una operación militar a los 14 secuestrados de mayor precio político para las Farc, en la ya célebre operación jaque, de la que luego escribió un libro.

Para ese entonces, ya Uribe sabia que el recorrido de Santos estaba marcado. Seria candidato a la presidencia.

Aun así siempre fue claro que el “doctor Santos” no representaba una continuidad asegurada para Uribe, por lo que no solo se cruzó la idea de una segunda reelección que dejaba a Santos en “stand by”, sino que le permitiría a Uribe preparar una opción B que le diera más seguridad para no perder el rumbo, en el caso de que la reelección se frustrara como efectivamente sucedió.

Apareció entonces Andres Felipe Arias, el ministro emulo de Uribe que emprendió su candidatura por el Partido Conservador y se volvió una alternativa de la que Uribe no ocultó su preferencia por encima del entonces ministro Santos. La consulta interna conservadora dejó a Arias por fuera de la carrera presidencial y fue entonces como Santos se convirtió en la única opción del uribismo para permanecer en el poder.

Santos inició una campaña fulminante capoteando las críticas y los escándalos de su propia gestión y de la del gobierno en temas no menores como la cuestionada votación por la reelección del 2006, las chuzadas del DAS y los falsos positivos. El 30 de Mayo del 2010, el candidato de la U arrastró al mayor número de votantes con los que haya sido elegido un presidente y se hizo al solio de bolívar. Desde ese momento comenzó el tormentoso día a día para el ex presidente que hasta hoy, un año después no culmina.

La primera muestra del deslinde de Santos con su mentor fue su discurso el mismo 7 de agosto cuando tomó posesión y anunció que reinventaría las relaciones con el presidente venezolano Hugo Chávez, habló del tema de la paz y anunció la intensión de sellar una coalición de gobierno con todos los partidos políticos para conformar una mesa de unidad nacional y de recomponer las relaciones con las Cortes, asunto primordial de una de las luchas más recias del ex presidente.

Esa agenda pronunciada por santos que incluía temas de corte liberal y de tono conciliador y fue el campanazo para que el ex presidente quedara notificado, que Santos no heredaba sus viejas rencillas y que imponía una independencia en el ejercicio del poder.

Una sirena de alarma al circulo uribista también fueron los nombramientos en su gabinete en el que aparecieron políticos como German Vargas Lleras en quien Uribe ha depositado los esfuerzos más férreos de sus ataques y la canciller Maria Angela Holguin, quien se apartó de la embajada ante la ONU en el gobierno de Uribe que desde entonces quedó en la lista de los ingratos.

En la primera semana del gobierno, Santos continuó su ruta hacia la distancia concretando los anuncios de su discurso. Convocó a las Cortes a una cumbre para recomponer la relación, planteó una reunión con Chávez, trajo al Partido Liberal y a Cambio Radical a la coalición de gobierno, manifestó total apoyo a las investigaciones de la justicia y asumió un mensaje de respeto a la oposición política.

Luego vino el forcejeo por la Ley de Víctimas. Una Ley que nació en el Partido Liberal uno de los más firmes opositores de Uribe y que Santos retomó como una de sus principales banderas. Uribe intentó boicotear su aprobación y en una puja interna dentro del partido de la U, fue derrotado por una mayoría que acompañó a Santos quien intentó que los temas de preocupación del ex presidente quedaran cubiertos. Pero la herida quedó abierta.

En una reunión con sus escuderos en la que explico ampliamente su postura contra la aceptación del “conflcito” les pirdió que se dejaran constancia de sus criterios. Uribe sentenció según varios de los presentes, que no quedaba otro camino que “apelar al pueblo uribista” y “retomar el poder en el 2014.”

Se podrían enumerar uno a uno los hechos que han mostrado que poco a poco Santos le ha ido hablando sin hablarles a quienes pensaron que él sería una copia idéntica a Uribe.

Y le ha enviado al ex presidente reiterados mensajes de admiración y agradecimiento con los que queda bien ante la tribuna, pero que deben reversar el ánimo del ex presidente que sabe bien que detrás de esas banderas blancas lo que realmente existe es la notificación de que no hay interés en ceder ante sus criticas para complacer sus requerimientos.

Han pasado 365 días en los que Uribe desde su activa beligerancia ha utilizado la red social twitter parar expresar su descontento con muchas de las políticas emprendidas por su “sucesor” y poco a poco fue adquiriendo el papel de jefe de la oposición al gobierno de Juan Manuel Santos.

Hoy se cree que Uribe piensa emprender su propia campaña en el 2014 para tener un candidato propio que no lo deje abandonado en sus posturas, como siente que lo ha hecho el Presidente Santos. Y acompañado de las cifras de las encuestas que le dan aun un muy memorable nivel de popularidad, retomar las riendas de una plataforma ideológica que según su convicción es la que necesita el país y asegurar así que exista un gobierno que elegido en su nombre, sea para él un verdadero “sucesor”.