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El reto de rehumanizar el camino deshumanizante de la violencia

Las maneras de relacionarse, sus formas para establecer diálogos sostenidos y los componentes que implican transformaciones y no resoluciones para la construcción de paz, hacen parte de los elementos clave para llevar a la práctica la esencia de los acuerdos.

En vísperas de la firma del Acuerdo negociado en La Habana, el próximo lunes en Cartagena, y a nueve días de su posible refrendación en el plebiscito, el sociólogo John Paul Lederach, experto reconocido por sus aportes desde la academia a la mediación y construcción de paz en diversas partes del mundo, presidió un taller en la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), sobre cómo deben ser manejadaos dichos elementos para que lo acordado pueda traducirse en el mundo real.

 

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Laderach, profesor de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EE. UU.), plantea que tal ejecución implica reconocer que la construcción de paz es un asunto sistémico, por lo que resulta necesario visualizar distintas cosas que ocurren al tiempo y están conectadas, de manera que las decisiones se deben pensar e implementar no de forma independiente, sino articulada.

 

Hasta ahora ha prevalecido en el país resoluciones en las que las cosas no cambian. La resolución, critica el profesor estadounidense, se centra en configurar un contenido puntual ante un problema inmediato y, por ello, cortoplacista.

 

Transformar permite incluir la capacidad de resolución a algo puntual, además, tiene una perspectiva más amplia, toda vez que contempla el largo plazo. Se mira el contexto relacional en el tiempo y a la vez son evaluados los patrones más profundos que se quieren cambiar.

 

Mirar el contexto implica, agrega el experto, buscar la manera de articular el pasado, el presente y el futuro, de allí que los procesos de memoria histórica y las comisiones de verdad resulten determinantes.

 

Se trata, además, conocer cosas concretas del pasado. No solo dónde están los restos, cuántas son las fosas y quiénes desaparecieron.

 

Según Lederach, una parte es conocer que apenas suministra datos y otra es reconocer, que implica decir de forma explícita lo realizado y retratar esa inhumanidad de la que el conflicto de años se debe alejar. “La memoria histórica no se puede quedar en la cifra. Debe recabar en cómo fueron los últimos momentos”, subraya.

 

Además, el modelo, que puso a un grupo de personas en una mesa fuera del país, pero en teoría son una representación de más de 47 millones ancladas en Colombia, tiene como desafío establecer ese puente para reconstruir las relaciones y restablecer la confianza que se requiere con el fin de alcanzar los cambios previstos.

 

El punto de partida son las capacidades relacionales que se deben exhibir en dos dimensiones, entre ellas, una horizontal y otra vertical.

 

La primera, desde su punto de vista, implica que se sale del lugar de comodidad, donde no hay cuestionamientos, para buscar diálogos con personas y territorios diferentes, inclusive con personas consideradas contradictoras y mantener la relación en el sitio de origen con los que desde allá insisten en ver a ese otro como enemigo. Se trata de evaluar si pueden hallar personas que logren abrir espacios de relación que van más allá de su grupo de identidad o preferido.

 

La verticalidad consiste en cómo son articuladas las territorialidades, la local o regional, con la esfera nacional. “El proceso de cambio requiere una interdependencia de acciones e interconexiones, y de quién y en cuáles espacios puede hacerlo, pero no solo de arriba abajo, sino un espacio de política pública que esté al alcance de quienes están en la base de la pirámide”, explica el profesor Lederach.

 

Por último, el experto hace referencia a unos patrones de comunicaciones. “La gente mira primero quién es el que habla, pero no lo que dice. Luego expresa, yo sé lo que ese o esa va a decir”.

 

En medio de la diversidad profunda, de esas narrativas divergentes de años de conflicto, hay que profundizar en la “calidad de la presencia de quien es cada uno frente al otro”. Verlo como persona antes que como víctima o como opresor, y no en lo que dice, como primer eslabón para generar confianza”.

 

El profesor Lederach concluye que lo que definirá la transformación “es la manera en que rehumanizamos por el camino deshumanizante que ha dejado la violencia”.

 

El taller fue desarrollado dentro de los eventos conmemorativos de los 30 años del Instituto de Estudios Políticos y de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional (Iepri).