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El nuevo pulso de Uribe

El nuevo pulso electoral en Colombia empieza a mostrar las que serían las posibles alianzas a futuro entre varias colectividades políticas que han sido cercanas o diametralmente opuestas en el pasado. En medio de estos nuevos movimientos hay una figura que no pierde vigencia como uno de los beneficiados de esas posibles nuevas alianzas: Álvaro Uribe Vélez. 

Faltando poco más de un mes para las elecciones legislativas del próximo 9 de marzo, las posibles alianzas futuras para la contienda presidencial empiezan a mostrar un panorama más claro que el que había hace un par de semanas.

 

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Cuando la convención del Centro Democrático eligió a Óscar Iván Zuluaga, el pasado mes de octubre,  como su candidato a la presidencia, ganando la posición sobre Francisco Santos y Carlos Holmes Trujillo, se dio el pistoletazo de salida para la carrera presidencial del que parecía el más opcionado a disputarle el Solio de Bolívar a Juan Manuel Santos.

 

En primer lugar, el bloque unánime que es la Unidad Nacional, que comprende a los partidos Liberal, De la U y Cambio Radical, se configuró como el enemigo a vencer desde que el Presidente-Candidato Juan Manuel Santos anunciara su deseo de aspirar a la reelección. En segundo lugar, el uribismo y su candidato se asumieron en el país como la otra opción verdaderamente fuerte en las presidenciales del próximo 25 de mayo. En tercer lugar, el Polo Democrático, el Partido Verde, la UP y el movimiento Progresista quedaron como opciones reales pero que dependen de alianzas estratégicas para llegar a disputar la presidencia en una segunda vuelta.

 

Sin embargo, tres meses después las cosas cambiaron radicalmente. La candidatura de Óscar Iván Zuluaga no termina de despegar como lo muestra la encuesta de Cifras y Conceptos de última semana de enero en la que el candidato del uribismo es tercero en intención de voto con 8 puntos, detrás del precandidato Enrique Peñalosa que tiene 9. Además, el Partido Verde, la UP y los Progresistas se unieron en la llamada Alianza Verde que aún espera la decisión de si escogen candidato por consulta interna o decisión de las directivas de la colectividad. Entre los aspirantes se encuentran Jhon Sudarsky, Camilo Romero y el mismo Peñalosa. El resultado del sondeo mencionado ha hecho que el nombre de Peñalosa empiece a perfilarse dentro y fuera de la Alianza como la opción más realista para lograr disputar una posición fuerte de cara a las presidenciales que vienen.

 

Por su parte el Partido Conservador realizó su convención nacional partidista el pasado 26 de enero y mostró la profunda división que se vive a su interior debido a la controversia generada por dos sectores que tienen miradas distintas sobre lo que deben hacer los “godos” para mayo. Un sector quería que el partido adhiriera a la Unidad Nacional y proclamara a Santos como su candidato. Por su parte el otro grupo, que terminó teniendo la razón en la convención, exigía candidato propio. La elegida por la convención conservadora fue Martha Lucía Ramírez, exministra de defensa del primer gobierno de Uribe. Un anuncio que no sorprendió a muchos, sobre todo después de saberse que el pasado 20 de enero se dio una reunión entre los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, quienes dejaron al lado sus profundas diferencias para llegar a un acuerdo tendiente a enfrentar el poder del Santismo.

 

La Sombra de Uribe


Así las cosas, podría decirse que cada uno de los sectores políticos está listo para enfrentarse al gran poder electoral de la Unidad Nacional y su presidente-candidato. Sin embargo, la realidad es otra. Desde que para las elecciones presidenciales de 2010 y las de la Alcaldía de Bogotá del pasado 2012, Enrique Peñalosa se acercara, desde el Partido Verde y la Ola Verde, a Uribe en algo que no dejó satisfecho a nadie al interior de su colectividad, este ha ido perdiendo favoritismo y credibilidad como lo expresó la candidata al Senado por la Alianza Verde, Claudia López.

 

Para terminar de preocupar a los sectores que aún confían en Peñalosa y en que él no hará alianzas con Uribe y su Centro Democrático, el precandidato de la Alianza anunció en una emisora radial que no descarta aliarse, si se dan las condiciones, con el uribismo. La controversia está servida dentro de una alianza que aún debe luchar por decidir cuáles son los puntos en común de un proyecto político y social que involucra a los más variados sectores.

 

El Partido Conservador con la decisión de tener un candidato propio se arriesgó a profundizar la división interna en aras de tener una aspiración real y fuerte que mostrara independencia. La realidad es que Martha Lucía Ramírez, exministra del gobierno Uribe y una de las más férreas defensoras de la Seguridad Democrática no es quien genere la mayor tranquilidad para quienes quieren un candidato netamente del partido azul. Esa sensación se vio reforzada por una serie de trinos que publicó el expvicepresidente Francisco Santos en los que alaba y ensalza la aspiración presidencial de Ramírez, calificándola como “Candidata mujer. Afín a las ideas uribistas. Firme en sus convicciones.”

 

Mejor panorama no podría tener Álvaro Uribe para su futuro político inmediato y el de su colectividad. A pesar de que enero ha sido un mes en el que ha sido abucheado en la plaza pública y de que Óscar Iván Zuluaga se desinfla como aspiración presidencial de peso, aún le quedan dos ases bajo la manga. Peñalosa con su segundo lugar en intención de voto le dan tranquilidad al expresidente toda vez que de mantenerse el favoritismo de Peñalosa y de materializarse una alianza el gran ganador sería Uribe. Una victoria que dejaría tras de sí, al menos, un partido dividido, aquel que se alíe al Centro Democrático.

 

Por otro lado, la cercanía de Martha Lucia Ramírez al proyecto político uribista, casi anuncia una alianza entre ambos sectores políticos, con lo que el exmandatario tendría tres posibilidades de hacer que su proyecto político se dispute la presidencia con el actual mandatario el próximo 25 de mayo. Un horizonte político que muestra que el poder político y la influencia uribista en las entrañas de los partidos colombianos aún son algo palpable y constituyen un riesgo real para las aspiraciones reeleccionistas del Presidente Juan Manuel Santos.