El legado de Santos se ve amenazado bajo la sombra del uribismo

Por Jaime Palacios para ElEconomistaAmerica.com

Colombia está llamada a las urnas el próximo 27 de mayo para decidir quién será el sucesor de Juan Manuel Santos. El actual presidente, con un índice de aprobación de apenas el 14%, deja un legado marcado por el histórico acuerdo de paz con las FARC pero débil en materia económica y social.

Las elecciones legislativas del pasado 11 de marzo dejaron a al senador conservador Iván Duque y al izquierdista Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá, como los principales candidatos a ganar la carrera presidencial. Junto a los dos grandes favoritos, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras y el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo también están en las quinielas. Las últimas encuestas, publicadas por Guarumo y el Centro Nacional de Consultoria dejaron a Duque como el candidato más votado, aunque no lograría ganar en la primera vuelta. Mientras tanto, Petro resiste en segunda posición y Fajardo va perdiendo apoyos de manera progresiva.

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Ivan Duque, claro favorito

Las últimas encuestas han señalado a Duque como el gran favorito para ser el próximo inquilino de la Casa de Nariño. El candidato de Centro Democrático (CD), la formación respaldada por el expresidente Uribe, roza ya el 40% en intención de voto. Para Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano, Duque “ha encontrado la fórmula ganadora con el apoyo de Uribe” y tras los buenos resultados obtenidos en las legislativas de marzo, “ha dado un paso importante” hacia la victoria.

Duque ha protagonizado un espectacular ascenso en las consultas y ha pasado de ser tercero en la carrera presidencial a adelantar a Fajardo y Petro. Su partido se ha convertido en un imán de votantes especialemente entre la derecha, atraídos por un discurso eminentemente antisantista. “Ser el principal opositor a Santos le puede beneficiar”, afirma Malamud, que ve la baja popularidad del actual presidente como una de las principales armas de Duque de cara a la campaña.

El candidato del Centro Democrático es el que más confianza ofrece en los mercados, con un discurso favorable para la inversión extranjera y privada y duro contra la violencia. Duque ascendió a la primera fila de la escena política de la mano de Uribe en 2014, cuando el expresidente le incluyó en la lista del CD para el Senado. De ideología conservadora, durante sus cuatro años como senador se le ha visto defender el aumento de la licencia de maternidad y las bajadas de impuestos.

Es, además, una de las principales voces críticas con el acuerdo de paz de La Habana, firmado entre el Gobierno de Santos y la ex guerrilla de las FARC. No está a favor de romper el pacto, pero sí modificaría partes del mismo, obligando, por ejemplo, a que los guerrilleros responsables de crímenes de lesa humanidad sean metidos en la carcel.

En su contra juegan las críticas que le acusan de ser una mera marioneta de Uribe. El expresidente acompaña a Duque en cada mitin y vigila las pautas de la campaña electoral. El candidato, sabedor de que la sombra de Uribe puede perjudicarle en la campaña ha intentado tomar distancias con el exmandatario. “Duque ha intentado mostrar su independencia de Uribe durante la campaña”, afirma Malamud, y se ha esforzado por mostrar un perfil “más moderado” que el del expresidente. Pese al empeño de Duque, esta dependencia de Uribe es usada como arma arrojadiza por Petro, su principal rival electoral.

Petro, ¿única alternativa?

Gustavo Petro parece el único que puede hacer sombra a Duque. El izquierdista ha defendido parte del legado de Santos, pero tiene la ventaja de que no está relacionado con el impopular presidente. Petro aboga por aumentar la inversión pública, preparar el país para combatir el cambio climático y se ha comprometido a respetar íntegro el acuerdo de paz alcanzado con las FARC.

Su posición en la carrera presidencial, no obstante, ha empeorado en el último mes. De encabezar las encuestas ha pasado a ser segundo a más de diez puntos de Duque. “El gran problema de Petro es que el rechazo que genera es superior a las simpatías que despierta”, alerta Malamud, lo que podría lastrarle en una eventual segunda vuelta.

Una economía estancada

La economía Colombiana ha perdido brillo en los últimos años. Según Angela Bouzanis, economista de Focus Economics, los candidatos deberían dar prioridad a diseñar una agenda fiscal “que vuelva a hacer al país competitivo”. El estancamiento de los salarios y del crecimiento “ha acabado empañando las dos legislaturas de Santos”, lo que ha convertido a Colombia en un país “poco atractivo para la inversión extranjera”.

El nuevo presidente deberá, además, decidir si sigue adelante con el frágil acuerdo de paz alcanzado con las FARC. Numerosos puntos del pacto todavía deben pasar la aprobación del Congreso, lo que podría complicarse debido a la ausencia de una mayoría clara en el hemiciclo. Las diferentes posturas de los candidatos hacen que el futuro del mayor legado del presidente Santos sea incierto y poco optimista y siembran aún más dudas sobre la estabilidad política del país.