El hogar, un trabajo poco valorado

El trabajo de criar a los hijos, atender al esposo y realizar los oficios de la casa por mucho tiempo fue subestimado. Jamás tuvo la importancia que hoy en día se le da teniendo en cuenta que esa labor es la base de la sociedad colombiana. 

Beatriz Calderón de Piraquive fue testigo de la desigualdad de género en los años 50 frente al trabajo. A sus 83 años recuerda como la mujer, luego de que se casaba, su labor se limitaba al cuidado de sus hijos, el esposo y los quehaceres del hogar. Aunque para esos años la mujer tenía ciertas libertadas otorgadas por la ley, el machismo predominaba.

 

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Antes de casarse trabajó como secretaria y en servicio al cliente en varias compañías como Esso, Panauto, Real Tax “esos años fueron inolvidables”, no solo porque fueron los años en donde trabajó como soltera e independiente sin estar sujeta a alguien, sino porque allí conoció a su esposo con el que duró 52 años hasta su muerte. Además conoció a sus amigos que hoy en día perduran.

 

“Si no fuera por mis amigos, mi vida sería muy aburrida”, y no era para menos, a sus 25 años se casó; Arístides Piraquive, su esposo, le prohibió trabajar con lo cual se enfrentaba a estar en la casa “para mí fue mortal no trabajar y estar encerrada. Me desesperé y empecé hacer cursos de culinaria, floristería y di clases de baile porque era muy buena bailarina. Me dediqué a preparar agasajos en bautismos, cumpleaños y matrimonios. Todo esto lo hacía para distraerme, también, para ganar algo porque el marido no me daba y cuando lo hacía solo era para el pasaje cuando iba a salir con mis amigas a tomar onces. En esa época no tenía derecho comerme una empanada, una gaseosa porque la plata no alcanzaba”.

 

Al pasar los años, Beatriz Calderón, a través de su experiencia se dio cuenta que no solo sus hijos crecieron, su rostro reflejaba el paso los años, sino que las mujeres se fueron dando su lugar en la sociedad. Hoy en día son más que amas de casa dedicadas a su hijos y esposos, son ejecutivas, presidentas, policías, entre otras profesiones. “Cuando llegaba tarde de tomar onces con mis amigas, el señor (su esposo) me dejaba de hablar tres días; le dejaba la comida lista para que solo la calentara, pero llegaba y la encontraba ahí y él me decía que no tenía por qué calentarla, porque él tenía mujer. Menos mal y afortunadamente, hoy en día ha cambiado mucho, hay más libertades porque las señoras  pueden salir con las amigas y el marido no pone problema porque ambos trabajan”.

 

A pesar que Calderón ha visto un cambio en el trato de la mujer, ella no se arrepiente de haberse casado con Arístides, pues si bien es cierto que antes no habían libertades como ahora, el cariño hacia su esposo siempre estuvo y de esta relación tuvo tres hijos a los que adora y, además, gracias al trabajo de él en los puertos de Colombia y ella en el hogar, en sus últimos años tuvieron comodidades como una apartamento en el barrio de la Soledad y una pensión que no hubiera sido posible obtener sin el trabajo de los dos.