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El graffiti como acto vandálico

El graffiti no es un fenómeno nuevo, ni único de Bogotá. Varias ciudades del mundo como Berlín, Londres, Nueva York, Los Ángeles, Sao Paulo, Santiago de Chile y Buenos Aires, son reconocidas por ser lugares donde el graffiti se ha ganado su espacio.

No obstante, la capital colombiana, cuenta con la existencia del Acuerdo 482 de 2011 y el Decreto 075 de 2013. Ambos establecen parámetros para el desarrollo de la práctica del graffiti, así como los lugares permitidos y no autorizados, el fomento a la práctica de manera responsable, las acciones pedagógicas y las sanciones para los artistas urbanos que intervengan lugares no permitidos. De esta manera, la capital se convierte en pionera en la regulación de esta práctica artística.

 

“Desde la Secretaría de Cultura y el IDARTES entendemos que tiene que haber unos acuerdos de convivencia entre los ciudadanos que ven sus casas o negocios rayados y los grafiteros que pueden aportarle a la revitalización de la ciudad desde su práctica. Estamos hablando de un tema de corresponsabilidad. Por eso se vienen desarrollando estrategias como la conformación de la Mesa Distrital de Graffiti que desde el primer semestre de 2012 convocó a este sector para establecer un espacio de diálogo y trabajo conjunto” señala al respecto la gerente de Artes Plásticas del IDARTES. 

 

Asimismo, y gracias a la concesión de becas de intervención urbana, desde el pasado 22 de julio y hasta el próximo 6 de agosto, los colectivos artísticos Bogotá Street Art,  M30, 20.26 DC, Vértigo Graffiti y Bicromo, son los encargados de intervenir gráficamente, por medio de la realización de graffitis de gran formato, la calle 26, entre las carreras Caracas y NQS, con el fin de revitalizar este emblemático corredor vial.

 

De estas intervenciones hacen parte grafiteros internacionales, como la ecuatoriana Belén Jaramillo (BLN Bike) y el peruano Elliot Tupac, quienes también le apuestan a la promoción del trabajo colaborativo entre expertos de las distintas actividades relacionadas con la elaboración de este tipo de expresiones artísticas.

 

 

No obstante, Dj Lu, reconocido artista urbano capitalino, afirma que si bien es “Es bueno que el estado se involucre” esta “también puede ser un arma de doble filo, pues el graffiti ha nacido de la ilegalidad. El hecho que a veces traten de imponer ciertos parámetros o de domesticar algo que es salvaje, y que nace en ese parámetro exterior indomable, me parece que puede generar problemas”.

 

 

 Del mismo modo, hace hincapié en el carácter excluyente de las convocatorias y concursos, ya que “no todo el mundo puede participar y eso es cansón, porque finalmente en el arte urbano y en el graffiti todos participan […] es complicado porque la exclusión genera una cosa a la gente que trabaja en la calle no está acostumbrada, pues esto es ‘hágalo usted mismo’… pero de todas maneras es bueno que se involucren que vean que la practica existe”.

 

Igualmente, Toxicomano Callejero, artista del colectivo Bogotá Street art, enfatiza en el aspecto político y “vandálico” del graffiti, por ello se atreve a aseverar que las intervenciones de la calle 26 no son graffitis, “esto no es un graffiti, este es un permiso, una gente no está dando una plata… un graffiti es si yo voy y lo hago donde no se puede, esto es un mural de arte callejero”, explica.

 

 

 

“Me gusta que el graffiti conserve ese aspecto vandálico para que de alguna manera quede alejado, no domesticado. El vandalismo, también me gusta, pienso que es un inicio para algo y si después sigues con inquietudes querrás hacer algo más grande o más elaborado”, incluso, agrega que cuando comenzó con esta práctica urbana, lo hizo de la mano del vandalismo, “generalmente todo el mundo empieza en el graffiti con el vandalismo […] siempre habíamos pensado en aprovechar la calle para otras cosas, tal vez en ese tiempo, las cosas no quedaban muy elaboradas y quizá no eran muy inteligentes, pero fue el inicio”.

 

 

Un inicio que comparte con DJ Lu, quien también, mientras estudiaba artes plásticas en la Universidad Nacional de Colombia, se dio cuenta del “poder comunicador que tenía la calle”.

 

 

“El espacio público era un espacio de libertad. Me interesó poner mi arte urbano en la calle y no en el ámbito cerrado de la galería, entendía que allí, tenía mucha más visibilidad, mucho más poder. En ultimas lo que yo quería era comunicar y comunicar en torno a situaciones y si estaba de suerte cambiar algún tipo de pensamiento”, confiesa.  

 

 

Tal vez por ello, la intervención que está realizando junto al colectivo Bogotá Street Art, tiene que ver con el uso del territorio. “planteamos en primera estancia la apropiación del muro, del espacio que está en desuso […] darle la vuelta al uso de estos espacios que son residuales, hacer un aporte, en esa medida, desde nuestro punto, aportamos al territorio.  Básicamente lo que proponemos es un muro que se desarrolle de forma simétrica y de manera narrativa, empezando a la izquierda con la propuesta de Toxicómano que habla sobre la minería, después viene la de Dj Lou que habla del combustible fósil. Esos dos escenarios son un poco el caso en el que estamos, la dependencia al combustible fósil, la minería en Colombia, el uso del subsuelo, es poner en evidencia lo que está sucediendo actualmente con una mirada pesimista”.

 

 

“Luego viene la frase de Eliot, (nuestro artista peruano invitado), Tejiendo Esperanza, que rompe esta idea de dependencia a los combustibles y a los recursos no renovables, y termina con la intervención de Guache y Lesivo hablando del agua, del uso adecuado de la tierra y la responsabilidad alimentaria”, explica Dj Lu.  

 

 

No obstante, este colectivo no es el único encargado de intervenir gráficamente la Avenida El Dorado. M30, 20.26 DC, Vértigo Graffiti y Bicromo también realizan intervenciones en esta importante vía capitalina. Dichas propuestas artísticas van desde las exploraciones geométricas y de la línea, hasta los homenajes a personajes como Jaime Garzón.

 

 

De esta manera El graffiti ha vuelto a ser parte de la identidad de Bogotá como en la década de 1970. El espacio público en la ciudad está vivo y mucha de esa vitalidad en su paisaje urbano es dada por el graffiti. Hoy Bogotá es reconocida mundialmente como un centro importante para la creación de graffiti e intervenciones en el espacio público.

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Comunicador Social - Periodista del Politécnico Grancolombiano. Twitter: @esnegrete