El futuro del crecimiento: Mirada desde una esquina América Latina

Esta es una reflexión sobre el futuro del crecimiento mundial, los valores económicos y el rol de los medios de comunicación, a propósito del Forum Mundial de la Deutsche Welle, que se llevará a cabo la próxima semana en BONN, Alemania.

Nunca dejarán de ser suficientes, porque son insuficientes, las reflexiones, estudios, investigaciones, evidencias, apuestas políticas, movilización ciudadana, voces de organizaciones independientes y de organismos internacionales, sobre el tipo de crecimiento que en el mundo gobierna los valores económicos, la cultura y los medios, y que un día no lejano harán de este mundo un lugar imposible para la vida, la convivencia, el bienestar y los valores fundamentales, porque la sociedad global persiste en hacer del crecimiento del PIB, a través del consumismo desbordado, su símbolo de “libertad, democracia y bienestar”.

 

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Han transcurrido cuarenta años y algo más desde el famoso informe de los “Límites del crecimiento” del Club de Roma, y en términos reales, a pesar de la magnitud de la información recabada, y de ingentes esfuerzos por formar conciencia en la necesidad de proteger el medio ambiente, las batallas iniciales se han perdido.


La naturaleza se muere pero aun resiste

 

Si fuera por los resultados que arrojan los estudios, el mundo ya habría sufrido un deterioro tan evidente que la humanidad como un todo estaría reunida para cambiar el orden de las cosas que condujeron a la debacle. Habría brotes revolucionarios por todo el globo. Políticos, tecnócratas, empresarios, expertos, organismos de distinto tipo, universidades y medios, estarían contra la pared, y la sociedad pidiendo justicia por no haber hecho lo que debían haber hecho cuando aún había tiempo. Pero también los textos de las teorías del crecimiento harían parte de las hogueras para calentar las heladas noches o para cocinar algo que comer.

 

El cambio global por la via del calentamiento ya llegó. Lo estamos viviendo. En un país como Colombia ya no se sabe cuándo empieza el verano y cuando el invierno. Los inviernos en el mundo son más severos y las sequías en África eternas. El polo norte se descongela mientras el polo sur se enfría más. 

 

Las pesquisas más serias dicen que lo que se está haciendo en materia de regulación y de optimización tecnológica, solo sirve para desacelerar la tasa de residuos tóxicos que van a la atmosfera a calentar el medio ambiente, pero no a reducir el calentamiento global y las causas que lo generan. Entonces, la humanidad se encamina a perder la batalla final, porque cree que ha ganado las batallas previas contra los “pesimistas y exagerados”, porque todavía no se ha visto una gran catástrofe natural como el descongelamiento acelerado del polo norte que acabaría con pequeñas, medianas y grandes ciudades ubicadas en las orillas de los dos grandes océanos.

 

Ese tipo de imágenes apocalípticas que predecían hasta hace poco los “pesimistas y exagerados”, no van a ocurrir, porque el calentamiento es evidente pero es gradual, porque debajo de los enormes glaciares no hay un fuego que los esté derritiendo. Lentamente se descongela el polo norte, entonces no hay y de pronto no habrá ciudades desparecidas por olas de decenas de metros de altura, y unos océanos cuyo nivel de agua habrá subido unos cuantos metros y entrado a las plataformas continentales decenas de kilómetros.   

 

Los nevados y otras fuentes de agua dulce, que se están agotando,  aun producen el agua requerida, y entonces la sociedad aun no toma conciencia de la catástrofe que este lento deterioro esconde. Sin embargo, en Colombia el 50% de los nevados que había hace 50 años ya no existen.

 

La naturaleza se muere poco a poco, pero, como organismo vivo, se adapta a vivir en difíciles condiciones hasta el día que en que ya no aguante más y colapse.

 

Los abanderados del desarrollo sostenible, los verdes, los del decrecimiento o los del crecimiento cero, han sido “derrotados” por  los “optimistas y tecnófobos” defensores del crecimiento a ultranza, y por los miles de millones de habitantes sumergidos en el credo del consumismo, animados por la propaganda a través de los medios. Al final, todos los discursos son funcionales con el crecimiento y el consumismo que dispara los indicadores de la economía. Unos más moderados otros más arrogantes, pero todos apuestan por el crecimiento del PIB. El ciudadano es un simple PIB per cápita.

 

Entonces, dónde se debe situar adicionalmente el debate: en la cultura del crecimiento del consumismo desaforado que se ha consolidado en las últimas tres décadas, puesto que la amenaza ambiental no es escuchada porque la naturaleza aun aguanta al menos para las generaciones que todavía deciden en este mundo.


De la sociedad de bienes materiales a la sociedad de los bienes inmateriales

 

Es increíble que las nuevas grandes catedrales de la sociedad actual sean los centros comerciales. En tono a ellos gira la vida de las ciudades. Ir a ellos es el programa preferido de familias, parejas, personas solas, de jóvenes, mayores y viejos.

 

A nivel tan bajo de una sociedad sin ideas nos ha conducido los valores del consumismo como un fin de la sociedad, que es una degradación del ser humano y de su condición de ser racional. Detrás de esta subvaloración de las condición humana, los medios y las empresas de publicidad, los diseñadores e innovadores que mejoran la forma de los productos y sus empaques, los ingenieros y diseñadores que crean productos desechables, los CEO que crean nuevas estrategias para atraer masas de consumidores, economistas que modelan el crecimiento, y tecnócratas fungiendo como reguladores del mercado de consumo, son los “genios” de la sociedad del crecimiento. Y por supuesto, las universidades “formando deformados funcionales” a la fe del consumismo y al credo del crecimiento per se.

 

Hasta hace 30 años el mundo no era así. Y en las próximas décadas tampoco tiene porque ser así. 


Desafortunadamente, no son los grandes centros de las artes, de la cultura, de la ciencia, de la educación, del esparcimiento, del emprendimiento, de las nuevas industrias, es decir, de la producción de los bienes intangibles, las nuevas catedrales del siglo XXI.   

 

Es por ahí por donde se debe profundizar la discusión. Entre una economía por un consumo racional y frugal donde un nuevo tipo de bienes sea el centro del interés de la ciudadanía y la consiguiente construcción de nuevos valores económicos, pero también sociales, culturales y políticos.    

 

Hace pocos días, en Bogotá, acompañé a una amiga a un almacén de objetos decorativos, juguetería, lencería y otros objetos. La mayoría, made in China, la mayoría inútiles, feos y desechables, pero es lo que el mundo le pide a los chinos que produzca para que sostenga el crecimiento para “salvar” el comercio y la economía mundial. Incluso, se ha escuchado de uno y otro lado de la esfera, a políticos, organismos internacionales, y economistas, regañar a China por no adoptar  X o Y medida para sostener un crecimiento anual del 9 o del 10%, porque la economía necesita que los chinos compren y produzcan para salvar el “mundo feliz” del crecimiento basado en el hiperconsumo de objetos innecesarios.

 

Un nuevo tipo de sociedad se debe pensar para que sea posible crear nueva economía, pero no como una ciencia independiente sino como parte de un esfuerzo de pensamiento interdisciplinario y multidimensional. John Stuart Mill, hace más de dos siglos, hablaba de los riesgos de una economía sostenida en el crecimiento a todo precio. 

 

El capitalismo y el socialismo tal como hasta ahora han sido aplicados, no sirven para frenar el sostenido y acelerado deterioro ambiental y la idea del crecimiento infinito e indefinido de la sociedad de consumo.

 

Es hora de pensar en las generaciones del futuro, en dejar una idea de sociedad distinta a la de hoy y a las del pasado, una sociedad más inteligente, más fundamental, más creativa, espiritualmente más profunda (no más religiosa), que le dé un mejor uso a la ciencia y a la tecnología y una nueva orientación a la educación y al emprendimiento.

 

Una sociedad con menos propaganda, sin especuladores y sin corrupción, con menos objetos inútiles que le quitan segundo a segundo un vaso de agua a la tierra y a la vida, porque no puede ser el sentido principal de la existencia ponerse al frente de alguien y mirar qué marca de zapatos, de reloj, de jeans, de corbata o de cartera lleva puesto, ni qué modelo de carro, de cámara fotográfica y que juegue plano tiene.  El sentido de la equidad, del bienestar y de la felicidad, es decir de los valores económicos, sociales y culturales,  no se puede medir por el acceso a bienes de consumo en gran medida nada fundamentales.

 

Si el mundo asume la crisis, la transición y la incertidumbre actual bajo nuevas categorías, aun será posible salvar la tierra y a las generaciones que la habitarán. Alemania es tal vez la potencia con más conciencia del problema ambiental que vivimos y de los riesgos de seguir por dónde vamos.  Su sistema de producción no es igual al modelo de producción de objetos inútiles y ya desechables antes de comprarlos. Los modelos de crecimiento de Estados Unidos, el cual ha seguido el mundo, y el nuevo de China, que es una variación del modelo gringo, no son los modelos para un planeta y una sociedad en riesgo general.

 

La sociedad mundial debe moverse para que el conocimiento, la investigación y las potencialidades de los maravillosos avances de la ciencia y de la tecnología, sirvan para mucho más que la sociedad de consumo que ahora tenemos. La inteligencia y la imaginación nunca han tenido tantas oportunidades como ahora para pensar, crear y vivir en una sociedad diferente.  El problema está en la economía, en las demás ciencias sociales y en la política, que no saben qué hacer con la educación, con la ciencia, la tecnología y la innovación, pero también con la libertad, la democracia y la ideología.

 

Esta nota, escrita desde Colombia, una esquina de las Américas, es el típico modelo de crecimiento que no debe ser. Cinco de las cuatro locomotoras del actual plan de desarrollo, corresponden a sectores de la sociedad industrial y una de ellas es enemiga absoluta de una sociedad sostenible: la minería de enclave. Y la que resta, la locomotora de innovación, la del futuro, aun no prende motores, porque aún no se sabe cómo debería ser. Mientras tanto, las artes, la cultura, la educación, la salud, las ciudades del futuro, la política industrial para una sociedad ambientalmente sostenible, la autonomía regional, no están en el frente de la agenda.  Además, la larga guerra que aún vive, es por el mal e indebido uso de los recursos naturales y su mala distribución.


Los medios: de un compromiso con el consumismo a un compromiso con la sociedad    

 

Los medios no son neutrales al debate. Todo lo contrario, son corresponsables de la inercia que distraen pensar los cambios. En Colombia, el largo conflicto, la corrupción, la delincuencia común, domina las noticias, y relega u omite otros hechos más amables y esperanzadores. Una anécdota. Hace dos o tres meses, en una misma semana, tres connotados científicos colombianos recibieron importantes reconocimientos internacionales. Pues bien, ninguno de los noticieros de televisión más importantes registraron la noticia. Ni los programas de debate, tampoco los abordaron. Así ocurre con muchos más casos de hechos más amables que la violencia cotidiana de todo tipo.

 

Cuando sobrevienen escándalos en torno a licencias o problemas ambientales, al final la mayoría de medios terminan haciendo eco a los intereses económicos en detrimento de las comunidades y del medio ambiente, porque el “crecimiento no se puede frenar”.

 

Pero lo grave es que esos noticieros y esos programas de opinión, y esos medios, no tienen espacios deliberados y permanentes para los desarrollos de la inteligencia y de la imaginación, que permitan pensar un mundo futuro diferente al mundo presente. La razón, el estado y los medios obedecen al poder de la sociedad de consumo: las empresas.


Cuatro preguntas

 

¿Cómo la política debe recobrar el poder para gobernar para la gente y para la naturaleza y no para el interés de unos pocos poderosos?

 

¿Las grandes corporaciones nacionales y transnacionales son las que deben continuar ostentando y decidiendo el futuro del mundo?

 

¿Qué nuevos espacios de estudio y de investigación se deben crear para pensar y crear un nuevo conocimiento para una nueva sociedad y un crecimiento con otras categorías?

 

¿Qué tipo de sociedad debe ser América Latina? Una más del crecimiento conocido? O ¿la primera sociedad de un nuevo mundo?

 

Y los medios qué?

 

Ubicados en junio de 2013, en Bonn, en el evento de la Duetsche Well,  y en medio de inundaciones que cubren vastos territorios de Alemania y de tres países vecinos, conciencias responsables debaten sobre cuál es el tipo de crecimiento(s) que debe(n) regir la sociedad mundial en los siguientes largos años.

 

Maravillosa oportunidad para abatir ideas que no son funcionales con una nueva sociedad, cuyo crecimiento no debe sustentarse en las idea del crecimiento prevaleciente. Es hora de invertir en pensar los fundamentos y sobre todo en cómo debe ser el crecimiento futuro, los valores y los medios. Para acompañar la reflexión sirve la Novena sinfonía de Antonín Dvorak: “From the New World”.