El empobrecimiento de Catalunya después del intento de secesión

Siete meses después del referéndum ilegal que se celebró en Cataluña, los datos acumulados desde entonces son evidentes: el proceso independentista de la Generalitat impactó de manera negativa sobre la economía catalana. En algunos ámbitos, cierto es, menos de lo que algunos organismos, fundaciones económicas y el propio Gobierno advirtieron. Pero en otros, incluso después de la cierta normalización que se ha producido tras muchos meses de tensión e inestabilidad política, el lastre resulta incuestionable y lo seguirá siendo en los próximos meses.

El consumo privado y la demanda interna se desplomaron en los meses de octubre, noviembre y diciembre. Así lo refleja el Observatorio Regional que elabora BBVA Research, trabajo que recoge que «el aumento de la tensión política tuvo como efecto inmediato un estancamiento de la demanda interna catalana en el último trimestre de 2017, con un crecimiento nulo del consumo de los hogares, y una caída de la inversión en equipo, del consumo de los no residentes y de las importaciones de bienes». Esto supone que los ciudadanos catalanes, y en menor medida las empresas, reaccionaron a la inestabilidad igual que se reacciona a una crisis económica, limitando sus compras y ahorrando en previsión de lo que pueda ocurrir.Esta situación podría haber provocado una recesión o, al menos, un frenazo significativo de la economía catalana.

La previsión de crecimiento para Cataluña tanto en 2018 como 2019 está por debajo de la media española porque «sólo se ha recuperado parte de lo perdido» y «hacia delante, la incertidumbre sobre la política económica se mantiene elevada, a pesar de que se ha reducido», explica Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research. «Así, Cataluña presenta desventajas frente a otras comunidades autónomas que tienen presupuestos aprobados para este año y que en algunos casos apoyarán el crecimiento de la actividad», añade Cardoso.

En el sector turismo, durante la última semana del pasado mes de septiembre, las embajadas de países como Reino Unido, Alemania o Estados Unidos advirtieron a sus ciudadanos de que, si visitaban Cataluña, tuviesen en cuenta que se podían «producir manifestaciones con escaso o ningún aviso previo» y con riesgo de «tensión y enfrentamientos». Desde entonces, el número de turistas extranjeros que han visitado la comunidad autónoma ha caído con fuerza. Según los datos de movimientos turísticos en fronteras del instituto nacional de Estadística (INE), entre octubre de 2017 y febrero de 2018 , el número de visitantes extranjeros se ha reducido en más de 185.000 personas. El dato ya es grave por sí solo, ya que Cataluña es la primera potencia turística de España, pero es que además la caída se produce en un contexto de subida de turistas en todo el país. En términos nacionales, la cifra creció en más de 700.000 turistas, con fuertes repuntes de otras ciudades españolas Madrid o Valencia, rentabilizando así ambas la tensión en la región catalana.

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A nivel empresas, probablemente, el aspecto más visible del daño que el proceso independentista ha ocasionado a la economía catalana es la salida masiva de empresas del territorio catalán. La cifra exacta varía de manera sensible en función de la fuente a la que se acuda, pero el Colegio de Registradores de España, que ha seguido muy de cerca todo el proceso, ofrece el siguiente dato: en 2017 se fueron de Cataluña 2.536 empresas, que si se suman a las 1.350 que cambiaron su sede social durante el primer trimestre de este año, hace un total de 3.886 compañías. El dato, por lo tanto, se refiere a un periodo de tiempo superior a los siete meses que han transcurrido desde el 1-O, pero resulta indudable que al crisis política generada antes y después de ese fecha es la principal responsable de la fuga. Entre las empresas que salieron, además, están algunas que siempre han estado íntimamente ligadas a Cataluña y cuyo cambio de sede fue especialmente doloroso.

Finalmente, los primeros datos de paro en los meses inmediatamente posteriores parecían indicar que el órdago independentista sí estaba lastrando la creación de empleo en Cataluña. Sin embargo, al igual que en otros ámbitos esa primera impresión se confirmó, en el caso del desempleo ha ocurrido todo lo contrario. Sin ir más lejos, la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del año muestra que mientras en el conjunto de España el paro repuntó, Cataluña fue la comunidad autónoma en la que más se redujo el número de parados con 20.600 desempleados menos. Estos datos confirman las cifras de afiliación a la Seguridad Social, que también están mostrando un buen comportamiento en la región catalana, y que demuestran que el mercado laboral sí ha conseguido esquivar el impacto de la crisis política e institucional. Calificación.