El día en que murió Molina

Después de siete meses del asesinato de Óscar Javier Molina, funcionario de la Secretaría de Integración Social, su esposa, habló con Confidencial Colombia y reveló detalles inéditos sobre la muerte de Molina. Viviana Vaca denunció la indiferencia que han tenido la Fiscalía y los medios de comunicación con el caso.

Viviana estaba detrás de la vitrina del bar y su esposo a su espalda. Algunos amigos estaban sentados en las mesas. Eran más de la nueve de la noche cuando entró un tipo alto con corte militar, que llevaba puesto un casco blanco, se lo levantó porque al parecer estaba buscando a alguien. Gloria, una amiga de Viviana, le dijo —buenas noches ¿se le perdió algo? — el tipo sin nada que decir salió inmediatamente. A la media hora entró otro hombre de baja estatura, de piel morena, de rasgos indígenas y peinado por la mitad  al igual que el otro su mirada buscaba a alguien y la fijó en el esposo de Viviana: se rió y se fue.

 

Eran las 11: 30 de la noche en el barrio la Aurora al sur de Bogotá cuando Viviana escuchó —pum, pum— ¡Uy, se cayó algo!, dijo. Miró al tipo, al primero, el que llevaba el casco blanco, ella junto a  Bladimir, su amigo, salió detrás de él para cogerlo, pero el hombre  les mostró un arma para intimidarlos, ante esto, se devolvieron y el hombre del casco blanco emprendió su huida; cuando Viviana entró de nuevo a la casa donde funcionaba el bar vio a su esposo tirado en el piso. Le dijo varias veces que se levantara, pero no lo hizo, lo cogió por debajo del cuello y sintió la sangre. Al momento llegó una patrulla de la policía porque la ambulancia que pidieron al 123 nunca apareció. Cuando llegaron al Hospital de Meissen  lo entraron a urgencias. No pasó mucho tiempo cuando uno de los policías que había entrado junto a él, preguntó: — ¿cómo se llamaba? — el papá de Viviana que también se encontraba en el lugar, contra preguntó, — ¿cómo así que cómo se llamaba? El policía no respondió, pero era evidente que su silencio solo significaba una cosa, que Óscar Javier Molina Trujillo, el esposo de Viviana y el funcionario de la Secretaria de Integración Social de Bogotá había muerto.

 

Molina desde hacía 15 años trabajaba con la secretaria de Integración Social, promoviendo diferentes programa que ofrecía la Alcaldía, uno de ellos se llama “búsqueda activa”, que consistía en ir en busca de indigentes que se encontraran debajo de los puentes, en los parches o cambuches para que hicieran parte de los beneficios de sitios como los hogares de paso. Además, a través de su experiencia como exconsumidor de bazuco  y antiguo habitante de  la calle intentaba que las personas que estaban inmersos en ese mundo salieran y forjaran una vida diferente. También contestaba derechos de petición y, por mucho tiempo, fue  facilitador  en los hogares de paso.

 

Tres semanas antes de su asesinato le encomendaron otra actividad que no era diferente a lo que él había hecho por 15 años, pero que sin saberlo hasta ese día, sí era la más peligrosa; trabajar en el Bronx. Un sitio donde no solo se encuentran indigentes a diestra y a siniestra, sino toda la infraestructura de las mafias del microtráfico de drogas de Bogotá. Como un presagio, algo le decía que no debía trabajar en ese lugar. Hasta ese momento no había recibido ninguna amenaza de muerte, pero había otras cosas incómodas, como el cambio de horario de su jornada laboral, pues le tocaría  trabajar más horas y no le podría dedicar tiempo a la banda de rock que tenía en compañía de sus amigos, ni al bar. Sin embargo, esa era una preocupación menor a lo que días después vendría.

 

Antes de que la fuerza pública interviniera el Bronx, Óscar Javier y Teresa Muñoz secretaria de Integración Social en ese momento, entraron para invitar a los indigentes a que salieran. Aquel lugar tiene dos salidas; mientras estaban invitando a que todos salieran por un lado, por el otro, iban entrando las tanquetas y policías para destruir todo — según Viviana—. Molina no sabía de esa intervención “a él lo mandaron como conejillo de indias, ellos no sabían que ese día se iba a intervenir el Bronx”. Luego de esto, Molina, le expreso a su esposa Viviana la preocupación y el desgano de no seguir trabajando allí porque “las cosas se habían puesto muy pesadas”.

 

Ese sábado 28 de septiembre del 2013, día  en que fue asesinado Óscar Javier, como todos los días desayunó y salió a trabajar. Antes de salir de su casa habló con su esposa  sobre un tío que había fallecido  hace mucho tiempo, como si el destino les estuviera dando señales de lo que horas más tarde pasaría. Aquella mañana, junto a otros compañeros, se dedicaron a las carpas donde iban a realizar una jornada de peluquería para los indigentes. Molina cargaba unas barrillas en su hombro cuando de repente  un hombre se acercó y le dijo: “Óscar Javier Molina, no lo queremos volver a ver por acá en el Bronx”, la advertencia no se quedó en lo verbal sino que le arrojaron huevos y materia fecal.

 

Mientras tanto Viviana preparaba el almuerzo y calentaba agua para que cuando él llegara  pudiera bañarse. Esa mañana en medio de amenazas, Óscar Javier le encontró a la jornada de trabajo algo positivo. Al salir del baño le comentó a su esposa que se sentía aliviado y satisfecho por lo ocurrido porque cuando lo amenazaron uno de sus jefes le dijo que —no volviera y que el lunes llegara a trabajar al Hogar el Camino—, pero ni los presentimientos y señales, ni el desgano y el alivio que sintió al saber que ya no le tocaría ir al Bronx le sirvieron para escapar de la muerte.

 

Luego del asesinato de Molina en la vida de Viviana y de quienes lo conocieron solo quedan por qués. “¿Por qué se ensañaron con él?, ¿por qué cuando lo amenazaron la policía no hizo nada para capturar a quien lo hizo, si en el lugar donde él se encontraba nunca faltan policías?”, entre tantos otros cuestionamientos.

 

Hay muchas teorías sobre cuáles fueron esas posibles razones por las que lo asesinaron. La primera de ellas dice que en la casa de Molina había un expendedor de drogas, pero Viviana asegura que “eso es una gran mentira”. La segunda, que Javier había recaído en las drogas, pero Viviana tiene otra respuesta: “si él hubiera recaído vende todo lo que tiene y él no iba a echar a la basura 15 años de su vida” y, sobre la tercera, que platea la posibilidad de que haya sido un ajuste de cuentas de su pasado responde: “No. Porque él me hubiera contado. Yo digo, ¿por qué ahora?, si fuera así lo hubieran cogido antes y no ahora”. Para ella y hasta el momento la teoría que cobra más peso sobre el motivo por el cual mataron a Óscar Javier Molina, fue el Bronx (o las mafias) “yo estoy segura que fue por eso. Fueron diez años que yo estuve con él y, Javier, no tenía enemigos”.

 

Las mafias, el Bronx o el hombre del casco blanco no solo mataron a Óscar Javier de 40 años, sino que acabaron con un puñado de sueños y metas. Por ejemplo, no quería tener hijos, a Viviana no le gustan los niños y Óscar ya tenía uno, David de 18 años. El plan era dedicarsen a la relación, llegar a viejos y viajar. En el mes de enero iban a ir a Cartagena y en junio su destino era México. Además, su sueño era crear una ONG para ayudar a todas las personas que tuvieran problemas de drogodependencia y ayudarles a salir de esa vida como alguna vez lo hicieron con él.

 

En su casa quedan las sillas y las mesas del bar arrumadas en un rincón; una batería que ahora no suena ni interpreta las canciones que componía; una moto Harley Davidson que había comprado unos meses atrás y que nunca llegó a manejar y su ausencia perturbadora a la que Viviana todavía no se acostumbra.

 

Desde su muerte la Fiscalía no ha avanzado mucho en la investigación, ni tampoco se han vuelto a comunicar con Viviana desde la última vez, hace seis meses, cuando los investigadores fueron a la casa a recoger por segunda vez el testimonio de cómo había ocurrido el asesinato.

 

Al parecer, también, los micrófonos y las cámaras de los medios de comunicación se apagaron para el caso de Óscar Javier Molina, porque desde el día siguiente del asesinato, en que los medios de comunicación se abarrotaron en la casa en busca de alguna declaración de Viviana, ella no volvió a ser buscada para indagar sobre la verdad del homicidio de su esposo.