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El Barcelona vive la "tercera parte" de la humillación de París

La Juventus fustigó de nuevo el orgullo de Barcelona, en otra noche aciaga para los blaugrana. Dybala y compañía no tuvieron piedad de los de Luis Enrique, camino de una semana fatídica en la que han dicho adiós a gran parte de sus aspiraciones en liga y Europa. Los bianconeri se impusieron soberanamente al lado oscuro de los culés. En esta campaña han mostrado dos caras. La de la remontada contra PSG, atropellada pero eficaz. Y la del desastre en París, con un Barça totalmente inoperante que se repitió contra Depor y Málaga. 

 

En Turín tocó esta última versión y, como el mismo Luis Enrique reconoció más tarde, revivió la tercera parte de la pesadilla de París. La MSN se quedó en Barcelona, la defensa era un coladero y Mascherano hacía aún más grande el agujero desubicado en un espacio que hace tiempo le queda grande. Los de Luis Enrique no supieron frenar los arranques de Dybala. Las transiciones rápidas de este equipo de Allegri no encontraban obstáculo en su paso a la meta contraria. Todas las pelotas caían del lado de los juventinos, los cuales daban la sensación de estar dos marchas por encima de los blaugrana.

 

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A los 22 minutos, Dybala se había puesto la máscara dos veces. La primera gracias una asistencia sutil de Cuadrado y la segunda con un misil desde la frontal. El astro argentino puso su candidatura para ser el próximo galáctico de Florentino con un doblete que dejó en cueros los problemas atrás de los de Luis Enrique. Mascherano todavía lo está buscando. En las dos jugadas llegó tarde a la cobertura, pero solo fue un ejemplo de cómo se pasó todo el partido corriendo detrás de su joven compatriota.

 

 

Barcelona padecía la ausencia de Busquets, como un virus que deshace todos los programas de su software. La plaga se extendía hacía la banda izquierda, con Mathieu sufriendo las subidas constantes de Cuadrado. Luis Enrique intentó curar la hemorragía colocando en la segunda mitad a André Gomés en el centro para poblar una zona que habían perdido en la primera. Al final generó un efecto de overbooking, de los que hace la aerolínea United Airlines, con la línea medular llena de jugadores pero ninguna idea clara de qué hacer. La Juventus esperó en la cueva y salió en busca de su presa cuando tenía espacios por delante.

 

 

El zafarrancho de Luis Enrique dejaba a los defensas del Barcelona en una situación límite, y cada ataque culé obligaba a un desgaste tremendo para recuperar el hueco. La Juve siempre llegaba y, sino finalizaba, llegaba al premio del saque de esquina. En uno de ellos rompieron la piñata, con un testarazo de Chiellini que rebotó en el poste antes de entrar en la puerta de Ter Stegen.

 

 

Las caras de los culés recordaban a las de hace casi dos meses en París. De nuevo se ven obligados a realizar una remontada épica, con la diferencia de que en esta sus mentes parecen exhaustas de hacer heroicas. El miércoles que viene se vuelven a ver las caras en una semana en la que Barcelona se decidirá la campaña contra tanto Europa como en casa. La Juve de Cuadrado no hará el harakiri del PSG en el Camp Nou.