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El adios de Madiba

Con ceremonias, tributos y homenajes, líderes mundiales, personalidades del espectáculo, amigos, familiares y el mundo entero, dieron el último adiós al expresidente de Sudáfrica y activista a favor de los derechos humanos que luchó contra el apartheid, Nelson Mandela, quien falleció el jueves 5 de diciembre de 2013.

Luego de una semana y media de sentidas despedidas a Madiba, donde alrededor de 100 líderes mundiales como el presidente de EEUU, Barack Obama, la jefa de Estado de Brasil, Dilma Rousseff,  nuestro mandatario Juan Manuel Santos, entre otros dieron el último adiós al Nobel de la Paz, el cuerpo de Mandela finalmente reposo en el pueblito de su infancia Qunu.

 

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La prensa y canales de televisión rindieron homenaje al líder sudafricano estrenando algunos programas de televisión sobre su vida y familia tales como “Ser un Mandela” y “Mandela y su legado”. Nosotros, Confidencial Colombia, le rendimos un homenaje a través de imágenes icónicas que recogen toda una vida de servicio a la humanidad.

 

A Nelson Rolihlahla Mandela le prepararon sus padres para ser jefe de la tribu de los ‘Tembu’, pero él planeaba un futuro muy distinto. Nació en Qunu, en el Trasnkei sudafricano, el 18 de julio de 1918. Su padre murió cuando tenía sólo 12 años, y su tío, jefe supremo de la tribu, se ocupó de su educación. Él, que estaba llamado a continuar la estirpe de la familia acabó huyendo a Johanesburgo para evitar un matrimonio concertado por su familia, así que tuvo que sobrevivir como guardia de seguridad en una mina.

 

 

Nelson Mandela (centro) con sus compañeros del National Congress Youth League Walter Sisulu (izquierda) y Motlana Harrison(derecha) , durante el juicio de la Campaña del Desafío en la Corte Suprema de Johannesburgo, Sudáfrica. La Campaña del Desafío animó a desafiar las leyes del apartheid.

 

 

El joven Mandela ingresa en la universidad de Fort Hare con la intención de estudiar Derecho. Allí coincide con Oliver Tambo, futuro presidente del Consejo Nacional Africano (CNA). Pronto los dos son expulsados por participar en una huelga estudiantil. Con él funda el primer bufete de abogados negros, fraguando el carácter contestatario del futuro líder sudafricano… y su fama de mujeriego. En 1958 se casa con su segunda mujer, Winnie Mandela (en la imagen, el día de su boda), la primera asistenta social negra del país e infatigable activista. Su matrimonio duró hasta 1992 y dejó dos hijas, que se sumaron a los que tenía de su primera esposa, Evely Ntoko. En 1998 se casó con la viuda del presidente de Mozambique, Graca Machel.

 

 

 

 

Empezó a subir puestos en el CNA, liderando las campañas no violentas contra el Apartheid desde la Liga Juvenil. Sin embargo, llegaron las primeras encarcelaciones y los acosos por parte del Gobierno, que le acusaba de alta traición por sus actos de desobediencia civil. Como «última alternativa» a la sistemática y cruel represión del Estado segregacionista, Mandela y los suyos crearon la organización armada ‘Lanza de la Nación’, y empezaron a reclutar adeptos por todo el continente. Asistió a una conferencia de grupos libertarios panafricanos en Etiopía y a un cursillo de guerrillas en Argelia. El Gobierno sudafricano y sus aliados empiezan a considerarle un peligroso terrorista. Para los suyos era ‘Pimpinela negra’.

 

 

 

Una multitud de personas rodea una camioneta de la policía que lleva presos en Johannesburgo el 31 de diciembre de 1956, para el inicio del ‘Juicio por Traición’.

 

La policía había arrestado a 156 personas de todo el sur de África; casi todo el Congreso Nacional Africano (ANC) y  entre ellos estaba Nelson Mandela. Fueron acusados ​​de alta traición, una acusación que conllevaba la pena de muerte.

 

El juicio comenzó en 1958, y después de tres años, el juez determinó que la acusación no había demostrado que el ANC estaba usando la violencia para derrocar al gobierno. Todos los acusados ​​fueron declarados no culpables.

 

 

 

El que era ya símbolo de la lucha racial es encarcelado al volver de Argelia y comienza una larga etapa de cautiverio. En 1962, la policía asalta los despachos del CNA en la ciudad de Rivonia, detiene a varios de sus miembros y descubre un diario de Mandela, titulado ‘Operación Mayibuye’, en el que se recogen sus planes de lucha guerrillera. Estas hojas le conducen directamente a la cárcel, 18 años en Robben Island, en Ciudad del Cabo, bajo una pena de cadena perpetua que le convertiría en el preso político más famoso del siglo XX. El número de prisionero 46664 sería su símbolo. | Foto: Nelson Mandela, en la cárcel de Robben Island / Keystone

 

 

 

En junio de 1964, tras un juicio de ocho meses, Mandela fue condenado a cadena perpetua por sabotaje. Durante el juicio, Mandela dijo al tribunal: ‘No niego que había planeado el sabotaje. Yo no lo planeé con un espíritu de temeridad, ni porque no tengo ningún amor a la violencia. Lo planeé como resultado de una evaluación tranquila y sobria de la situación política que había surgido después de muchos años de la tiranía, la explotación y la opresión de mi pueblo por los blancos. ‘

 

Las multitudes se reunieron frente al edificio del tribunal en señal de protesta, exigiendo que Mandela y los demás que estaba en juicio fueran liberados. Fue una protesta que duró 27 años.

 

 

 

Mandela  pasó 18 años encarcelado en Robben Island, obligado a realizar trabajos forzosos en condiciones muy estrictas. Sólo podía recibir una carta y un visitante cada seis meses. Más tarde fue trasladado, primero a la prisión de Pollsmoor en 1982 y finalmente a la cárcel de Victor Verster en 1988.

 

La antigua cárcel es ahora una atracción turística y los visitantes pueden ver la celda donde Mandela pasó la mayor parte de su tiempo durante su encarcelamiento.

 

La foto es una copia de un dibujo de Mandela hecho durante su estancia en la cárcel y muestra la montaña Table vista desde la celda. Esta obra no tiene fecha.

 

 

En 1985, cuando el movimiento anti-apartheid cobró impulso, el gobierno sudafricano intentó calmar la situación, ofreciendo la libertad de Mandela. Él podía salir de la cárcel, si renunciaba a la violencia sin condiciones.

 

Mandela rechazó el ofrecimiento. Aquí la hija de Mandela Zindzi lee su negativa.

 

 

Durante 1980, el movimiento a favor de la liberación de Mandela cobró impulso. Muchas canciones fueron escritas, se organizaron marchas y conciertos benéficos para plasmar la opresión en Sudáfrica.

 

El arzobispo Desmond Tutu (en la foto en un mitin en la Universidad de California en Berkeley), fue uno de los principales activistas que luchan por la liberación de Mandela.

 

 

Vivió en una prisión donde desempeñó trabajos forzados en las canteras de cal, y padeció la segregación que también se extendía a las cárceles: menores raciones para los presos negros, separación física y menos privilegios que los condenados por crímenes de sangre. De sus años allí heredó su frugalidad, la pasión por el ejercicio físico y el amor por los atardeceres y la música clásica, especialmente de Handel y Tchaikovsky. Su segunda etapa en prisión se desarrolló en la penitenciaría de máxima seguridad de Pollsmoor, hacia donde toda la comunidad internacional empieza a dirigir sus miradas.

 

 

Desde el Papa, hasta el Gobierno de EEUU, acusado antaño de haberle delatado por sus vínculos con el comunismo, todos los líderes mundiales exigieron su liberación. Por primera vez, el rígido Ejecutivo del ‘gran cocodrilo’ Pieter W. Botha accedió a entrevistarse con él. Con el presidente Frederik Willem de Klerk se le permitieron por primera vez las visitas periódicas de dirigentes políticos. Una tuberculosis le sacó de la cárcel en 1988 para ser tratado en un hospital, pero su liberación definitiva no llegó hasta el 11 de febrero de 1990, día en que renunció públicamente a la violencia y se comprometió a encontrar una solución para acabar con el Apartheid sin menoscabar los derechos de los blancos. | Foto: Junto a su entonces mujer, Winnie, tras salir de la cárcel.

 

 

Después de haber rechazado inicialmente el ofrecimiento, Mandela fue elegido presidente del Congreso Nacional Africano (ANC), en julio de 1991. Esto significó que Mandela era la voz de la ANC durante las negociaciones turbulentas con el Partido Nacional sobre la formación de una nueva democracia multirracial en Sudáfrica.

 

Como los extremistas blancos y zulúes y los partidarios del ANC se enfrentaron en todo el país, existía el temor de que en Sudáfrica se descencadenara una guerra civil. Pero Mandela ayudó a disipar los problemas, y ganó un prestigio enorme tanto a nivel nacional como internacional.

 

 

En libertad, pasa a encabezar la oposición al Gobierno blanco, como vicepresidente del CNA primero, y después sustituyendo al número uno, Oliver Tambo, tras su marcha en 1991. Recorre África, Europa y América para dar a conocer la situación de su país y pedir que se mantengan las sanciones económicas hasta que desaparezca el Apartheid. El referéndum sobre la reforma de la Constitución celebrado y aprobado en 1992 supone avances para la población negra, y un año después, Mandela pacta con el presidente De Klerk un Gobierno de unidad nacional durante los cinco años siguientes a la celebración de elecciones, en 1994. | Foto: Con el puño cerrado, visita el lugar donde fueron asesinados 23 ciudadanos por las fuerzas de seguridad en Bisho, en 1992

 

 

 

Numerosos premios y condecoraciones llegaron gracias a su papel en contra de la discriminación racial en Sudáfrica, su lucha en favor de los niños y otras causas humanitarias. Junto al entonces presidente sudafricano Frederik De Klerk, en 1992 recibió el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, y un año después volvería a compartir con él otro gran honor, el Nobel de la Paz. Nombrado doctor ‘honoris causa’ en seis universidades, su papel de mediador en conflictos internacionales, como el del Ulster, el antiguo Zaire o Burundi, continuaron engrandeciéndolo. | Foto: Mandela, junto a los otros condecorados con el Príncipe de Asturias, en el Teatro Campoamor

 

 

En 1993, el Comité Noruego del Nobel decidió otorgar a Mandela y a FW de Klerk el Premio Nobel de la Paz por su trabajo en el fin del apartheid y por sentar las bases de una nueva democracia en Sudáfrica. Era la tercera vez que se entregaba el premio a alguien por su trabajo contra el apartheid.

 

Al aceptar el premio Mandela dijo: ‘Estamos aquí hoy solo como representantes de los millones de nuestros ciudadanos que se atrevieron a levantarse contra un sistema social cuya esencia es la guerra, la violencia, el racismo, la opresión, la represión y el empobrecimiento de todo un pueblo’.

 

 

Las primeras elecciones tras el fin del apartheid tuvieron lugar del 26 a 29 abril de 1994. El Congreso Nacional Africano de Mandela se hizo con el 60% del voto popular, y el Partido Nacional quedó en segundo lugar con el 20% de los votos.

 

 

Cerca de 20 millones de sudafricanos salieron a votar, proporcionando imágenes para la historia. Fueron tan largas las colas para ejercer el derecho al voto que el período de votación tuvo que ser extendido por dos días.

 

 

El 62,6% de los votos le convierten en presidente de la nación y acaban con más de 300 años de control blanco. Confía la vicepresidencia segunda a De Klerk, y el que se convirtió en su sucesor en 1999, Thabo Mbeki, fue su mano derecha durante cinco años de Gobierno. Sudáfrica empieza a contar en el mundo como un país libre, que restaura relaciones diplomáticas con 135 países, e ingresa en la ONU, El Movimiento de Países No Alineados y la Organización para la Unidad Africana.

 

 

Zelda La Grange fue su asistente personal, mano derecha y portavoz casi desde que se convirtió en Presidente en 1994. Entonces ella era una mecanógrafa de la administración pública que nunca había sentido especial interés por la política. De pequeña tenía miedo al icono sudafricano porque sus padres, como casi todo el pueblo afrikáner, aludían a él como ‘el terrorista’. «Él no es ni un dios ni un santo. Tiene defectos como cualquier ser humano. Si de verdad quieres verle enfadado, hazle esperar durante una hora en una cita», reconoció en una ocasión ante los medios.

 

 

Mandela posa con la reina británica Isabel II a su llegada al Palacio de Buckingham, para un banquete de Estado en su honor.

Como presidente, Mandela delegó la mayor parte del día a día de su trabajo a su segundo, Thabo Mbeki. Esto dejó libre a Mandela para concentrarse en la construcción de la imagen de su país en la comunidad internacional. Mandela fue instrumental para convencer a muchas empresas multinacionales de invertir en el país.

 

 

Mandela pronto desarrolló una reputación internacional de intransigente, como Bill Clinton comprobó durante su visita a Sudáfrica en 1999.

 

Clinton fue llevado a la isla de Robben y, como muestra esta imagen, visitó la celda donde Mandela pasó 18 años. Pero más tarde, Clinton hizo un discurso en el que criticó a Sudáfrica por su amistad con Libia. En su respuesta, Mandela dijo a Clinton que fuera a ‘saltar en una piscina’, y agregó que Sudáfrica sería amigo de todo aquel que ellos quisieran.

 

 

(La celda de Mandela fue la nùmero 46664)

 

 

Durante su encarcelamiento, e inmediatamente después de su liberación, de Mandela se casó con Winnie, pero este matrimonio terminó en divorcio en 1995. Después del divorcio, Mandela dijo que en el tiempo que había pasado con Winnie desde su salida de prisión había sido ‘el hombre más solitario del planeta’.

 

Un año después de su divorcio, conoció a Graça Machel, la viuda del expresidente de Mozambique. A pesar de decir que nunca volvería a casarse, Mandela cambió de opinión y celebró sus 80 años casándose por tercera vez.

 

 

En diciembre de 1997, Mandela entregó la dirección del Congreso Nacional Africano a Thabo Mbeki (en la foto con Mandela en 2006). Mandela había querido inicialmente al activista anti-apartheid Cyril Ramaphosa para ser su sucesor, pero por una vez en su vida, perdió una batalla.

 

A pesar de renunciar a la dirección del partido, Mandela permaneció como presidente de Sudáfrica hasta la próxima elección en 1999, cuando se retiró, pero el Congreso ganó nuevamente con el 66% del voto.

 

 

Después de su retiro de la política, Mandela siguió viajando, reuniéndose con líderes mundiales, y trabajando para la Fundación Mandela.

 

Uno de los principales objetivos de la fundación ha sido la lucha contra el VIH y el sida. Makgatho Mandela, su segundo hijo, murió de VIH en el 2005, a los 54 años. Los conciertos 46664 ayudaron a recaudar dinero durante los primeros diez años del 2000.

 

 

 Una de sus primeras medidas como presidente es renunciar a la tercera parte de su salario para dedicarlo a la creación del Fondo Nelson Mandela para la Infancia. «Estar preso durante 27 años sin ver niños es una experiencia terrible», aseguró entonces, y años después en Sudáfrica ya se le conocía cariñosamente como ‘Mkhulu’ (abuelo). En 1999 decide retirarse de la política activa para «leer, pasear, jugar con los nietos y reposar». También se despide del CNA, y centra todos sus esfuerzos en las causas humanitarias, especialmente desde su fundación.

 

 

Su pelo canoso, sus camisas Batik y su gesto siempre sonriente han aportado la cara amable a una dura biografía. Modelos, cantantes, actrices… Casi todos han buscado una fotografía con uno de los líderes con la agenda más llena de su época. Hasta se sacó a subasta por Internet una cita para tomar el té con ‘Madiba’ (apodo de Mandela en su país), para construir un centro pediátrico en Johanesburgo. Pero puso límites: se negó a recibir al presidente americano George W. Bush, de gira por Sudáfrica en 2003, por su empeño en llevar la guerra a Irak.

 

 

En 2004, Mandela anunció su retiro oficial, o lo que él describió a los periodistas como su ‘retiro del retiro’. Apenas unas semanas antes de que hiciera el anuncio, vio a su país ganar la carrera para acoger la Copa Mundial de 2010, la primera nación africana en recibir el torneo.

 

Cuando se retiró, dijo: ‘Estoy seguro de que nadie aquí presente me acusará de egoísmo si pido pasar tiempo con mi familia, mis amigos  y también conmigo mismo mientras que aún tengo buena salud.

 

‘Mi llamado por lo tanto, es: No me llames, yo te llamaré.’

 

 

Mandela en gran medida se ha mantuvo fiel a su retiro, pero hizo algunas apariciones públicas en los últimos años. Estas fueron en su mayoría por su trabajo benéfico, a pesar de que acudió a la toma de posesión del presidente sudafricano, Jacob Zuma, en el 2009.

 

El lugar de Mandela como uno de los políticos más emblemáticos y estadistas de los últimos 50 años está garantizado. Su extraordinaria habilidad para mostrarse sin maldad contra sus antiguos enemigos es algo que muchos podrían aprender. Él es un hombre que tuvo una visión para su país, y vivió para ver su sueño de una Sudáfrica libre.

 

Como Mandela dijo: ‘Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo, entonces se convierte en tu pareja’.

 

 

El pasado 8 de junio, Mandela ingresó en un hospital de Pretoria por la recaída de una infección pulmonar de la que no pudo reponerse. Finalmente, este 05 de diciembre, el actual presidente Sudáfricano Zuma anunció que Mandela “falleció en paz” en su casa en Houghton.

“Nuesto pueblo ha perdido a un padre, aunque sabíamos que este día llegaría, nada puede disminuir el sentido de una pérdida profunda”, dijo Zuma, en declaraciones poco antes de la media noche (hora local).

 

“Su lucha incansable por la libertad le ganó el respeto del mundo, su humildad, su compasión y su humanidad, le ganó su honor”, afirmó el presidente.

 

“Nuestras oraciones y pensamientos están con la familia Mandela, a ellos les debemos toda nuestra gratitud, ellos sacrificaron mucho, soportaron mucho para que nuestro pueblo pudiera ser libre”, dijo el mandatario sudafricano.

 

“Nuestros pensamientos están con el pueblo sudafricano que hoy lamenta y llora la pérdida de esta persona, una persona que más que nadie llegó a representar el sentido de una nación”, agregó.

 

Zuma calificó a Mandela como “el hijo más importante” de Sudáfrica, y anunció que el Nobel de la Paz recibirá un funeral de Estado.

 

A partir de este viernes (tiempo local) y hasta después del funeral, las banderas de la República  de Sudáfrica ondearán a media asta, agregó Zuma, en señal de luto.