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Diez años de cárcel por un "crimen pasional"

Una década tras las rejas tendrá que permanecer la reconocida oncóloga colombiana Ana María González, por envenenar a su expareja en Texas el año pasado. Durante el juicio se habló de que una “obsesión” la llevó a cometer el crimen, sin embargo, alegan que ella siempre tuvo una conducta transparente. 

Aunque la Fiscalía estadounidense no pudo comprobar que González fue quien envenenó a George Blumenschein, su excompañero sentimental, sí sostuvo la obligatoriedad de condena pues el encuentro entre la pareja coincide con el tiempo en que Blumenschein empezó a manifestar los síntomas del envenenamiento. 

 

El fallo de la sentencia condenatoria fijó un periodo de 10 años de prisión para Gonzáles -el Fiscal Justin Keiter había pedido 30- y una multa de 10 mil dólares por los hechos ocurridos el año pasado, en los que la prestigiosa oncóloga colombiana intentó asesinar a su amante suministrándole un anticongelante en un café. De nuevo, este incidente sólo se pudo probar por la cronología de los eventos del caso.

 

Derek Hollingsworth, abogado de la médica, había solicitado la libertad condicional, bajo el argumento de que ella ha dedicado su carrera a salvar y tratar a cientos de personas que padecen de cáncer. “La suma de la vida de un ser humano no debe ser juzgada por un evento”, anotó el togado. 

 

Pese a la petición de Hollingsworth, el jurado aprobatorio sentenció que la evidencia presentada por los fiscales en contra de Gonzáles es “suficientemente incriminatoria”. En este orden de ideas, la médica, reconocida internacionalmente por sus investigaciones en el cáncer de seno, deberá cumplir la pena que pudo llegar incluso a cadena perpetua.

 

“Xenofobia y obsesión” 


La prensa norteamericana ha hecho gran eco del caso Ana María González y varios titulares mencionan que una “atracción peligrosa”, una “obsesión”, la impulsó a cometer el crimen.

 

Diarios como el New York Post titulan: “Doctora obsesionada envenena el café de su amante” y traen a colación la declaración de Justin Keiter, asistente del distrito de abogados Harris Country y fiscal del caso, quien aseguró que “la evidencia va a mostrar que ella se convirtió absolutamente y totalmente obsesionada”. Algo similar reseñan The Washington Post, The Daily Mail y Houston Chronicle sobre el “crimen pasional” que hoy tiene a la investigadora colombiana contra las cuerdas.  

 

Antes de que se conociera la condena se hablaba que durante el juicio del viernes pasado que se habría presenciado un acto de xenofobia.

 

En efecto, Guillermo Alberto González, exministro de Defensa y  tío de Ana María, dijo a Blu Radio que su sobrina “no ha cometido ningún crimen” y replicó el hecho de que en la audiencia se haya mencionado “con insistencia” la nacionalidad de la investigadora. “Por qué dicen tanto que es colombiana (…) ahí se está usando un carácter xenofóbico”, anotó. En seguida reiteró la inocencia de Ana María, explicando que desde pequeña ella ha sido una “persona notable” y que irán hasta la última instancia judicial para ayudarla.

 

De acuerdo con la investigación, González le pidió al también médico George Blumenschein, con quien sostuvo una relación sentimental que falló cuando ella supo que su él aún vivía con su novia y que planeaban tener hijos, que la acompañara a su residencia para un desayuno en enero del año pasado. Luego de tener relaciones sexuales ella le habría dado anticongelante en un café, al parecer por un ataque de celos.

 

“Está asquerosamente dulce”, dijo él, extrañado por el sabor de su bebida. “Le añadí Splenda”, respondió ella. Consigna el Daily Mail que Gonzalez Angulo invitó a su excompañero a tomarse un “café especial desde Colombia”, en referencia al químico que habría introducido la doctora colombiana.

  

Durante esa audiencia la defensa argumentó que es exagerado decir que una “obsesión” fue el detonante de un episodio que hasta el momento no tiene todas las pruebas para certificar la culpabilidad de la médica. De hecho, el abogado defensor Andy Drumhelle, manifestó que fue una “relación sexual casual” la que sostuvo la expareja.