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Desgarrador testimonio de la víctima venezolana que sufrió fractura de cráneo por bombas lacrimógenas

Las protestas en la Venezuela están dejando sucesos de los más horripilantes. Varios muertos y numerosos heridos se cuentan ya en las manifestaciones por la cruenta represión de las autoridades y la acción de los colectivos oficialistas. La forma violenta en la que ha respondido GNB y PNB, lanzando bombas lacrimógenas ha sido una de las cuestiones criticadas por los organismos internacionales.

 

 

En los videos que se emiten de las protestas se puede ver como los responsables antidisturbios atacan de manera indiscriminada a los manifestantes con constantes bombas lacrimógenas. Precisamente en una de esas marchas se conoció el caso de un ciudadano venezolano que recibió un impacto de una de estas bombas en la cabeza. La víctima tuvo que ser ingresada urgentemente por una fractura de cráneo por la que tuvo que ser operada en la noche.

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Esta víctima es Andrés Guinand, arquitecto de 28 años, que recreó lo vivido para el medio venezolano Prodavinci. Es un desgarrador testimonio recogido por el periodista Roberto Mata, Guinand cuenta como fue exactamente el ataque de los uniformados y como sufrió durante esas horas. Aquí puede ver el escalofriante testimonio:

 

 

 

“Fui con mi novia y mis suegros a la marcha del 19 de abril. Estábamos en la autopista Francisco Fajardo, a 300 metros de la primera fila de la manifestación. Los gases no llegaban hasta nosotros.

De repente, todo el mundo comenzó a devolverse. La represión de la Guardia Nacional Bolivariana nos alcanzó y comenzó el pandemonio. Mi novia y yo nos lanzamos desde una altura de dos metros y medio, al terreno entre El Guaire y la autopista y nos separamos de mis suegros. Allí nos dispararon gases lacrimógenos por detrás y por delante. Quedamos atrapados junto a otras personas, algunas sin poder respirar, tiradas en el piso. La mejor opción, sin duda, fue cruzar El Guaire. Ya otros con el agua a la cintura lo estaban haciendo. Del otro lado todo lucía más tranquilo.

El Guaire no huele a nada. El agua se siente como un río cualquiera, aunque hay basura en el fondo. El miedo era a una cabilla o algo que me pudiera clavar. Llegamos a la otra orilla y mi novia se cayó un par de veces tratando de salir, por lo empinado del terraplén. Vi como una persona se quitó los zapatos y logró subir en medias. Los siete que estábamos allí hicimos lo mismo e intentamos subir.

Sentí un golpe, un pitido me dejó sordo por unos segundos y me caí hacia el terraplén. ¡Me dieron!, logré gritar. Me dispararon una bomba lacrimógena cilíndrica en la cabeza. Rebotó en la espalda de mi novia y cayó al agua. No hubo gas.

Mi novia y William, desconocido hasta ese momento y de quién no sé nada aún, me sentaron y me sostuvieron porque me estaba deslizando hacia el río. Me pidieron que me parara. ‘¡Párate que vamos a sacarte de aquí!’. Me di cuenta de que lograba mover las piernas dentro del agua, pero sin sentirlas. No las podía coordinar. Imposible pararme.

Mientras Wilbany y Darwin, paramédicos de Vías Rápidas, me vendaban la cabeza, colocaban el collarín, me montaban en la camilla y entre muchas personas de la marcha halaban la cuerda a la cuenta de tres, la GNB volvió a atacarnos con lacrimógenas, dos veces más. Por suerte cayeron en el terraplén y de allí fueron pateadas al agua por los paramédicos.

—¿Es normal que no sienta las piernas?
—Te voy a ser sincero: no es normal que no sientas las piernas.

Me subieron a la avenida Río de Janeiro en Bello Monte y de allí me llevaron en ambulancia a un centro de salud privado.

‘La bomba penetró, tienes fractura de cráneo, te aplasta el cerebro y te vamos a operar’

Con un taladro me hicieron unos huecos en el cráneo, los unieron, y me quitaron y descartaron ese pedazo de cráneo del tamaño de una pelota de golf. El riesgo de una infección por haber cruzado el Guaire era la mayor preocupación de los médicos.

En seis meses, cuando el cerebro esté completamente desinflamado, me harán una tomografía e imprimirán en un material especial la forma del pedazo faltante y me operarán para volverla a colocar.

Mientras me falte parte del cráneo, no puedo recibir ningún golpe.

Me duele la cabeza todo el tiempo. Es una punzada permanente. Ando mareado y no puedo hacer actividades que me exijan concentración. Si me pongo a leer, llega un momento que debo cerrar los ojos y recuperarme por veinte minutos. La pierna izquierda tiene una sensibilidad media y mi cerebro está inflamado. Estoy lento.

Yo no quiero meter a todos los guardias en el mismo saco, quiero creer que uno disparó y que otro le dijo: ‘a ese le diste en la cabeza, casi lo matas en el Guaire, ten más cuidado’.

Me queda la duda de para qué se dispara una bomba a una gente huyendo en el río, donde el gas no hace efecto.

¿Qué buscaban?

Yo no puedo marchar, pero a pesar de que unos días antes mi tío abuelo (80) también recibió una bomba en la cabeza, toda mi familia lo sigue haciendo, ahora con casco”.

Andrés Guinand, 28, arquitecto.