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¡DESAPARICION FORZADA Y DEFINITIVA DE LA IZQUIERDA!

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¿Cómo es posible, carajo, que el país no haya tomado de una vez por todas la decisión de prohibir las ideas de izquierda, los movimientos, asociaciones, universidades, oeneges, sindicatos y partidos que de ella provienen, todos comunistas, negros y aborígenes, cómo es posible que anden aún sueltos en lugar de estar desaparecidos o en las cárceles, todos sus militantes y simpatizantes?

Si no se hubieran detenido las ventajosas y límpidas campañas de exterminio y reducción emprendidas enhorabuena hace algún tiempo, hoy estaríamos libres de esa escoria, de esa plaga.

 

Si a todos esos grupúsculos y asociaciones para delinquir se les hubiera aplicado la pundonorosa terapia que la dimos a la Unión Patriótica, habríamos reducido su importancia y capacidad de destrucción a proporciones manejables a punta de garrote y esposas.

 

Si por lo menos, teniendo en cuenta la reacción de sus cómplices internacionales que enarbolan el ilegal Derecho Internacional Humanitario, en lugar de desaparecerlos los hubiéramos circunscrito a algunos centenares de campos de concentración, hoy los tendríamos a buen recaudo y a la mano para decidir sobre su físico destino.

 

Si no hubiéramos cejado en la campaña admirable de contenerlos a punta de bala, no solo en el campo sino en las ciudades,  como se hizo en las épocas gloriosas de los ochenta y noventa en plena autodefensa, no tendríamos que estar lamentándonos de que hoy estén vivitos y coleando y siempre con ínfulas y aspiraciones de poder.

 

Hoy el rendimiento de las cifras de defensores de derechos humanos dados de baja, por ejemplo y para no hablar de otros campos de acción, se ha ido reduciendo negativamente y no se compadece con las necesidades objetivas. Se ha perdido el ritmo, el impulso, se ha echado al traste un trabajo que habíamos consolidado con tanto esfuerzo y precisión.

 

Siempre he dicho que aunque en el campo se logró dar de baja a decenas de miles de izquierdistas o posibles futuros izquierdistas campesinos (que es lo lindo de la premonición y de la fórmula pre pago para detectarlos y tajarlos de cuajo antes de que lo sean) en las ciudades hace rato que nos quedamos cortos y por ello pululan, se educan nuevas generaciones en las escuelas de terrorismo más conocidas como Universidad Pública y se gesta una nueva generación de gamines ambiciosos, revoltosos y dispuestos a pensar de modo diferente a lo que exige la ley de Dios.

 

¿Qué habría sido de esta civilizada sociedad si los lúcidos autores ideológicos de los magnicidios no hubieran facilitado las decisiones de sacar del escenario a seres tan nefastos como Mario Calderón y su consorte Elsa, o el tal Eduardo Umaña Mendoza, y centenares más que debimos aplicarles la pena capital?

 

Así no tuvieran nada que ver con las huestes de la subversión, pensaban  como zurdos y eso los hacía guerrilleros sin fusil. Como miles que aun sobreviven en periódicos y revistas, en salones de clase, en la tal sociedad civil que no es más que un conglomerado de facinerosos con puesto, infiltrados hasta en la santa iglesia, agazapados en las condenables tertulias literarias, en la cultura (les encanta la cultura porque desde allí pueden elaborar sus metáforas sediciosas) encaletados en los conciertos de salsa y rock, ocultos tras sus pelos largos. Siguen pensando, siguen inventándose vainas contra el sistema, contra columnas fundamentales de Occidente como el neoliberalismo, la tercerización y el fuete. Siguen de quinta columnistas en nuestros medios de comunicación prostituyendo, contaminando, ensuciando la vida diaria. 

 

Para no hablar de vainas que han debido ser prohibidas y destruidas como sus propias organizaciones colectivas, que dicen estar dentro de la ley pero que medran al interior del sistema para desgonzarlo, cuando menos. Hablo de bandas delincuenciales como el Polo, los progresistas, no pocos de los verdes, la Marcha Patriótica, la Mane, la Minga, Pido la Palabra y todo lo que se inventen para disfrazar como arlequines del

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infierno, sus prácticas e ideas socialistas y ateas.

 

Siquiera por lo menos existe el divino manto de la impunidad, o de lo contrario honestos y emprendedores colombianos de todas las actividades, habrían pagado como crímenes algo que tan solo fue en su momento una necesidad del derecho a la sobrevivencia, a la eliminación del enemigo desarmado.

 

Por esas debilidades orquestadas -quien lo duda- también por sectores que parecen estar de nuestro lado pero que en realidad no son más que liberales blandengues o maricas romanticones, hablo de todos quienes se codean con la chusma izquierdosa y que en últimas la protegen, es que a pesar de todo lo que los hemos combatido con todas las armas a nuestra mano, se han regenerado y se traducen hoy por hoy en un gravísimo peligro para el 2014.

 

¡Cómo es posible que ante la falta de encanto de nuestros precandidatos de la extrema derecha, de pronto al país le toque decidir para el próximo periodo presidencial, entre cómplices de ellos como Santos o Vargas Lleras o uno de ellos mismos, como el Navarro que se las tira de chévere cuando dentro de él medra la idea fatal de la equidad!

 

Es por culpa de nuestra fragilidad y porque en un momento dado cuando íbamos tan bien nos tembló la mano, que nos tenemos que aguantar al Petro, al Robledo o a la señorita Clara López.

 

Es por culpa de nuestra indecisión y falta de carácter en la limpieza social, que ahora se les ha dado, dándoselas de víctimas, por exigir cosas imposibles y nocivas como la  verdad, la justicia, la  memoria y la reparación.

 

Celebro, en medio de la desolación y la falta de carácter debido a que no pudimos quedarnos en el poder, como hubiera debido ser, que se alcen en nobles armas gentes como los bizarros soldados del Ejército anti restitución de tierras y le hago un llamado a nuestras Bacrim, para me mengüen un poco el negocio del talco blanco y se dediquen a trabajar en la línea para la cual las fundamos: acabar con la izquierda.

 

Ha llegado la hora de reemprender el camino del detergente, de la soda caústica, para lavar a Colombia de ese estigma. ¿De qué le sirve a nuestra democracia mantener en su seno a ese comején que se la quiera fagocitar?  En modo alguno es necesario seguirle dando garantías a todos esos demonios que lo que pretenden es quedarse con las vainas que no son de ellos y entregarle los dos mares y las tres cordilleras al Chávez o al indio Evo, que ni siquiera tiene frontera con nosotros.

 

Yo no le veo nada de incorrecto en reprimir, atacar y erradicar a una gentuza que no pasa de los tres millones cuando más, pero que desde su condición de minorías actúan como topos minando los cimientos de la cristiandad y como zancudos llenando de desagradables ronchas y pústulas la tersa piel de la patria.

 

Se nutren de nuestro sin par capitalismo pero se dan la gabela de atacarlo, critican los tres poderes y están en todos, quieren más cuando les hemos dado demasiado. Ha llegado la hora de que una ultraderecha sin complejos ni vergüenza, se organice de nuevo y los acabe. ¡Bala señores!

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