¡Déjense de maricadas!

En lugar de debatir un proyecto de ley en virtud del cual se le debería poner falleba, candado y hasta cinturón de castidad a todos los clósets de Colombia para que no salgan de ellos en manada los pecadores a aceptar públicamente su vergüenza homosexual, la Cámara de Representantes se dedica por estos días a darle curso a una atroz iniciativa para que los maricas se casen, adopten y demás cosas excrementales, como si nada…

Ya perdimos el mar por cuenta  de la flojera maniquebrada de otros afeminados faltos de tres huevitos y a quienes seguramente también les interesa el gustico escatológico “per angosta vía”. Y ahora pretenden que perdamos definitivamente la decencia. Ese proyecto ni siquiera ha debido llegar a la Cámara donde se deberían debatir actos trascendentales como la implantación de la pena de muerte abortistas por asfixia mecánica con bolsas de Carulla para las abortistas,  la erradicación del condón que es un pre-aborto, o  la amputación de manos para los portadores de dosis mínimas de droga (en eso mis hermanos goditos del Islam extremo nos llevan siglos de ventaja). La pena de muerte es una cosa muchos más majestuosa y espectacular que la muy condenable eutanasia.

 

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Pero como no nos oyen al Procurador y a este servidor cuando  hacemos pedagogía preventiva para enderezar las ramas torcidas del árbol nacional,  pues ahora toca atacar a capa y espada esta descastada pretensión de no pocos bujarrones que pretenden  legalizar  la caca sexuada.

 

Para ponernos en contexto histórico, como en todo lo funesto que nos pasa, la culpa también la tiene el folletín ese llamado Constitución del 91 y, desde luego, todos quienes nos atracaron con esa Carta que más bien parece un papel higiénico. A la cabeza de ese raponazo estuvo el señor César Gaviria Trujillo, de quien se afirma que hace parte de la secta impía que hiciera de las suyas desde los tiempos de Sodoma.

 

No en vano hoy sale un personajillo como el ministro del Interior Fernando  Carrillo (co autor con los terroristas del  M-19 de la Carta de Inodoro del 91)  a defender  los “derechos” de esa caterva de sidosos. Para no hablar de las  viejas esas, las lesbianas y demás sub especies de la maricocracia, que podrían, de aprobarse ese adefesio de proyecto, hasta ser mamás y adoptar. ¡Qué pánico!  Esas viejas, cuando no consiguen volverse madres de gamines y demás ñeritos expósitos,  se mandan a inseminar para tener hijos sin varón. ¡Pecado mortalísimo!

 

Fue él, Gaviria, quien movido por sus bajos instintos,  impulsó e impuso  todos esos derechos torcidos para las mal llamadas minorías sexuales, étnicas y culturales. ¿Si son minorías, qué derechos se les van a dar, cuando solo nos interesan las mayorías, que son las que se pueden comprar para ser elegido?

 

Esos bichos raros de las minorías tienen la mala costumbre de alejarse de los principios democráticos del toma y dame, de la linda compraventa y del montepío generalizado que es nuestra democracia. Si no fuera porque las elecciones son una magnífica casa de empeño, los representantes que hoy debaten el anal tema, no estarían ahí. O sea que, mijitos, voten en contra del matrimonio gay.

 

Señores representantes de la U, del glorioso conservatismo chulavítico y demás sectores de honor: a cerrar filas y demás secciones del cuerpo… legislativo, contra la embestida matrera, rastrera y trasera de no pocos de sus colegas comprometidos con la decadencia y la dudosa ortografía.

 

No contentos los tales gay con haberse metido a todos los niveles de la nación por los resquicios frágiles de una sociedad asaltada en su buena fe, no contentos con haber sido presidentes, ministros, artistas, empresarios, deportistas y hasta sacerdotes, no contentos con haber infiltrado la sociedad entera a  punta de sonrisitas y demás cosas propias de sarasas, ahora se nos quieren meter en la nuez de nuestra moral y desbaratar desde adentro el masculino tejido de predominancia masculina y macha que tantos beneficios le ha dado a este país. ¡La sagrada familia!

 

Al paso que vamos y si  no los detenemos desde la barricada infranqueable de nuestra  moral en la Cámara, todas esas urracas van a lograr no solamente el matrimonio asqueroso entre ellos, sino todo lo que conlleva. Si los dejamos y no nos auto defendemos de este aleve ataque contra nuestra propiedad moral, hasta van a lograr casarse, no solo en las notarías, ¡sino en las catedrales! Hasta  los curas y las monjas por debilidades de la carne ¡se van a casar entre sí!

 

¿Y qué decir de la consecuente legalización de la adopción por parte de sodomitas y marimachas?  Hijo de tigre sale pintado. Ellos lo que pretenden es la garantía demográfica de reproducir su pecado en sus vástagos adoptados. Si el país ya está lleno de maricones ¿qué será de nosotros si los dejamos adoptar? Me dicen que hasta un 10% o más de la población está contaminada con ese pecado de la carne de amarse entre el mismo sexo. Si los dejamos adoptar, al cabo de unos años a este país va a tocar cambiarle el nombre por Maricolombia. 

 

¿Qué quieren? ¿Un mundo lleno de estilistas?  ¿Se imaginan a los transgénero y travestis vistiendo a los bebés que nacen con falo, como si fueran muñequitas? Y lo peor: como va el “avance” de la ciencia, manejada en general por ambidiestros y desviados, hasta lograrán en mala hora cruzar esperma con esperma y producir fertilidades malsanas, embarazos anales y demás porquerías  contra natura y contra Dios. ¡Qué Gerlein nos ampare!

 

Ese gran hombre que tiene las calzonarias bien puestas, acierta al tratar a esa banda terrorista de invertidos, como lo que son: asquerosos. Y tiene razón al decir que el sexo entre hombres es cochino y maloliente, Estoy de acuerdo con  la exclusión que hace de lo del sexo entre mujeres que calificó de “inane”. Lo es. Y además, nosotros los varones de racamandaca debemos confesar que nos encanta ver en la realidad o en el porno la fabricación de arepas. Eso sí que no nos lo vayan a prohibir, porque es doble y es moral.

 

De otro lado, quien sabe que oculta en la faltriquera el malsano senador Armando Benedetti, quien defiende el sacrílego matrimonio entre el mismo sexo. Que aprenda de su coterráneo Roberto Gerlein que antes de caer en esos pecados, seguramente bien prefiere el tranquilo, permitido y manso coito burral. Benedetti no rebuzna ¡porque la configuración del pescuezo no se lo permite!   Que se quede en el escaparate, como dicen en su tierra. Y no nos venga a jorobar con sus posturas políticas de contorsionista, que seguramente le son necesarias en sus malos hábitos.

 

A los afeminados no se les violan los derechos humanos, porque no son humanos en el sentido preciso de nacer, reproducirse y morir. Se les viola. Y punto.

 

Pero ténganse de atrás, que es desde donde les gusta. En el 2018 Monseñor Alejandro Opus Ordóñez, será presidente con vicepresidencia de Gerlein y yo estaré al mando de la Fiscalía y todos persiguiendo a las procaces mariposas del tercer sexo.

 

Pero tenemos que disciplinarlos de una vez, empezando por no aprobarles su rectal matrimonio y demás obscenidades. ¡Cero tolerancia! ¡A señalarlos y marginarlos a todo hora y en todo  lugar!

 

Y lo más indigno: de aprobarse esa decisión atrabiliaria, los maricas van a heredarse entre si, no solo sus enfermedades psíquicas y físicas, sino las propiedades y la platica. Ese dinero que antes les tocaba a los hermanos o sobrinos serios y heterosexuales, se nos esfumará. Y se lo podrán heredar a su “hijos”.  ¡No a la dañina igualdad con esos amancebados!