¿De la ola verde a la ola multicolor?

Si el proceso de conformación de la tercería se consolida, lo cual depende de cómo la mesa de compromisarios asuma la bipolaridad política de Peñalosa, el Partido Verde debe hacer un acto de desagravio para pedir perdón a los 3’700.000 seguidores de la Ola Verde, por haberlos abandonado en la plaza pública, donde aún esperan.

Es la mayor frustración política de los últimos veinte años, porque encarnaba una ola de indignación pacífica, educada, soñadora, joven, inteligente, transparente, comprometida, y algo ingenua.

 

La nueva tercería debe comprometerse a que no será otra efímera instancia electoral. Las bases programáticas y de principios están dadas desde las elecciones pasadas, por supuesto con los ajustes que se deben hacer para una sociedad que está despertando y que no quiere las mismas promesas y las mismas ideas con las que fue distraída en las últimas cuatro décadas.

 

Hay un país distinto, hay un mundo diferente, por lo tanto debe haber partidos diferentes con nuevos programas, nuevos principios y nuevos derroteros ideológicos y globales.

 

Las bases más recientes de una propuesta programática moderna la construyó Compromiso Ciudadano por Colombia en las últimas elecciones, a la que se sumó la saga de los Verdes y a la que ahora se integran los Progresistas.

 

Los grupos que representan las tres vertientes de compromisarios, están construyendo sobre lo construido. Es un capital que deben rescatar y expresar en voz alta: es parte del perdón pero también el camino al futuro. En las tres vertientes hay propuestas, que unidas creativamente en sus diferencias, no están en el frente de la agenda de los partidos tradicionales y en sus recientes híbridos.  

 

El acto de desagravio de los Verdes con la Ola debe tener como testigo los otros compromisarios de la alianza, si sueñan conformar una nueva ola, esta vez Multicolor. Todos deben comprometerse a no fallarle a su gente y al país, incluso si no son ganadores absolutos en el 2014. La Concertación gobernó Chile durante 20 años. Ahora es posible que vuelva a gobernar bajo la Nueva Marcha. El PT ganó en Brasil en el tercer intento. El futuro no se construye en un día para que dure un día.

 

La nueva alianza debe llegar para quedarse, esa debe ser su promesa escrita como obra de arte puesta en un jardín rodeado de agua, que sea también un homenaje a las víctimas de la barbarie. La Ola Verde fue muy creativa, la Multicolor debe ser aún más. Petro, como alcalde de Bogotá, podría facilitar ese símbolo por la vida y por el mañana. Por ejemplo, en el nuevo proyecto del parque de la Independencia.

 

Si la tercería va unida en las diferencias, como la Concertación en Chile (democracia cristiana + social democracia + socialistas), y como también ocurrió en torno al PT en Brasil, será una resuelta opción de poder. Por eso no se debe dejar de insistir en que Clara López se sume. Un compromiso ciudadano de los cuatro movimientos y partidos conformaría una Ola Multicolor, que pelearía la segunda vuelta contra Santos – Vargas Lleras – Mauricio Cárdenas. Una segunda contienda entre ex alcaldes y centralistas.

 

Hasta antes de los paros campesinos el escenario electoral 2014 estaba definido: Santos por la paz y Santos porque no hay más, escribí. Pero ahora el panorama es otro. Hay que volver a barajar, porque los campesin@s y ciudadan@s de Colombia no están content@s con el orden de las cosas. Por eso la paz es de todas y todos, por supuesto, conducida por el presidente Santos, en cuyo empeño no dejará de insistir y que los demás debemos acompañar, apoyar y agradecer sin vacilación.

 

Dado este contexto, la Tercería Multicolor sería una opción para el postconflicto, esa debe ser su carta y esa su propuesta, porque en sus ideas están las bases para una nación inclusiva, educada, sostenible, innovadora, creativa, emprendedora, inteligente, transformadora de su desarrollo productivo y de su comercio internacional, interdependiente, soberana e integracionista, con ciudades y regiones innovadoras, autónomas y sostenibles, y con un campo productivo, tranquilo, ambientalmente limpio y avanzado. Son los contenidos generales de una propuesta programática duradera, luego de 67 años de barbarie que deben acabar YA.

 

Qué bueno sería en 2014 una segunda vuelta presidencial entre dos opciones para la postguerra, y no una contienda entre la paz o la violencia, porque significaría que Colombia aún no ha salido de la ceguera y de la demencia. 

 

Principios y programa vs egos y oportunismo

Pero antes que cualquier visión deseable ocurra, muchas cosas deben resolverse en la mesa de compromisarios, porque la situación política y general del país no es la misma de hace tres años.

 

Hay factores que impedirían una fluida convergencia, porque aun priman los intereses individuales antes que los intereses y los sueños de las colectividades que representan. Con esa visión el proyecto fracasará, porque una débil alianza salvará a los pequeños partidos de los umbrales, pero no será una opción creíble para la cada vez más apática, desanimada e incrédula ciudadanía que busca otros espacios de expresión distintos a la de los partidos políticos.

 

Lucho Garzón no puede tener un pie en los Verdes y otro en la Unidad. Una cosa es que los Verdes acompañen al presidente en la paz, y otra cosa es que sigan incondicionales su ruta de gobierno. El presidente, más poderoso y hábil, lo tendrá esposado a su silla hasta cuando el Consejero le tenga anclado una parte de los Verdes en la Unidad Nacional. Pero estos no pueden continuar anclados a ésta para que Garzón y otr@s sigan anclados en el gobierno. Deben ser éticos e irse ya y para siempre o volver ya y para siempre. Del electorado no se deben burlar ni lo deben manipular. Pero esto ocurre por la debilidad de los partidos y por el ejercicio de la política en torno al espectáculo de la carpa circense de las elecciones.

 

Enrique Peñalosa no puede estar en los Verdes y también en el uribismo. Quiere un partido y una alianza funcional a su mirada de clase que no es la única para un país diverso, segregado y desigual, ni la única dentro de los Verdes.

 

La bipolaridad política del ex alcalde atenta en primer lugar con la reconciliación nacional, porque al desconocer una alianza con ex insurgentes aceptados por la democracia, le está cerrando la puerta a la paz; en segundo lugar, desconoce la tendencia de las alianzas en torno a principios y programas, mientras llegan los tiempos de una nueva construcción de ideologías cuando la flexibilidad y blandura del modelo de los pactos coyunturales se constaten débiles; y tercero, es antidemocrático y fuera de tiempo respecto a la situación del país, aceptar a Petro pero al mismo tiempo impulsar su revocatoria: bipolaridad aguda y algo perversa. Sin embargo, es respetable su rigidez doctrinaria, y su tribuna el Centro Democrático, donde se curaría de la bipolaridad.

 

Alfonso Prada, más liberal que Verde, seguirá fastidiando hasta tanto los liberales o la U no le den el lugar que él cree que merece. Pero ese lugar no se lo van a dar, porque lo prefieren como cuña dentro de los verdes, y por esos seguirá estorbando de la mano de su jefe Peñalosa.

 

El fajardismo está en la Gobernación de Antioquia con la bandera verde, pero actúa como si fuera una fuerza independiente a través del sueño de Compromiso Ciudadano por Colombia. Es el gran elector que ahora tienen los Verdes, la fuerza que puede darle más votos en el 2014, y la gran esperanza para el 2018 y para más allá,  pero no ha sido bien tratado. Se les olvida que una encuesta de hace pocos meses, antes de las inhabilidades para aspirar a posiciones electorales, daban a Fajardo de segundo pegado a Santos. Ni que decir, algo que desconoce el precandidato bipolar, cuando Fajardo hizo duplicar en ocho días las encuestas de los verdes, y en quince ayudó a hacerlas subir hasta el 30% con la imagen de los cuatro ex alcaldes.

 

Y Mockus dónde está? “mirando espero”, diría.

 

Desde el balcón, esta es a groso modo mi interpretación de los Verdes, y tiene el ánimo de aportar a la mesa de compromisarios, porque los principios, el programa y las ilusiones de millones de ciudadan@s deben estar por encima del interés individual de unos “líderes”.

 

Las encuestas de la protesta

Lo escrito en esta nota refleja la liviandad y crisis del agotado sistema político colombiano. En manos de unos pocos que no llenan los dedos de las dos manos, está el futuro de la tercería, que según la encuesta del 18 de septiembre: Navarro (13%) + Peñalosa (10%) suman un 23% de aceptación, y agregando el 22% de Clara López, disputarían en una segunda vuelta la presidencia 2014.

 

La tercería y el Polo de Clara deben entender que hay gente que aún cree en el ejercicio electoral democrático, y que en este momento no está confiando mayoritariamente ni en el santismo ni en el uribismo. Pero tampoco creer que tienen asegurada esa favorabilidad. Mucho deben asimilar del pasado reciente,  mucho deben leer el presente, y mucho deben crear para un futuro incierto.

 

La indignación, el malestar y la protesta de estos días, es volátil, cambiante, impredecible, diferente, y obedece a razones de la moderna sociedad global y por causas estructurales específicas de Colombia. Esto la hace compleja, contundente, decidida y se mueve como marea difícilmente controlable, así el ministro Pinzón esté pensando en enviar a la cárcel a quien porte una pancarta reivindicando causas vitales negadas por el estado desde hace siglos.     

 

La Ola Multicolor para el postconflicto ahí está, confiando que la cordura supere la bipolaridad, y esperando el gesto de humildad que les diga: “nos equivocamos, pedimos perdón, pero aquí estamos, vamos para adelante porque después de la guerra debemos edificar la paz”.


El Polo también debe pedir perdón después de los Morenos, y por los 2´500.000 de seguidores que acompañaron a Carlos Gaviria, si quieren conservar o incrementar el 18 o el 22% de favorabilidad.

 

Santos debe entender que la Colombia del futuro no la puede construir con la Colombia del pasado. Las modernas ideas para un pasado no son las ideas modernas para el futuro.  Y al Centro Democrático no sé qué decirle.