"De Cuba se hablan muchas cosas que no son verdad"

Dentro de los cambios que Cuba promete gracias al ‘deshielo’ de sus relaciones con Estados Unidos, estarían las condiciones de la educación superior y las libertades académicas. Confidencial Colombia habló con Lylia Álvarez, una médico colombiana que estudió subsidiada por el régimen castrista.

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En 1998, por iniciativa del entonces presidente Fidel Castro Ruz y debido a los desastres causados en Centroamérica y la Florida por los huracanes Mitch y George, surgió la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). Las antiguas instalaciones de la Academia Naval Granma, fueron cedidas por el Ministerio de las Fuerzas Armadas, para tal iniciativa.

 

Lylia Álvarez Fuentes es una médico valduparense egresada de esa escuela, beneficiada por un pacto de colaboración internacional que se comprometió a formar galenos de Latinoamérica, Estados Unidos y Timor Este (Asia). Confidencial Colombia habló en exlcusiva con Lylia, a cerca del modelo educativo cubano y de su experiencia como estudiante.
 

 

CC: ¿Qué se tiene en cuenta para irse a estudiar a un país con un régimen tan criticado?

LA: En 2005, antes de concursar por la beca yo había leído que en Medicina, Cuba estaba en el segundo lugar a nivel mundial después de Canadá. En vista de que esa beca me cubría todo el plan de estudio, tomé la desición de concursar sin tener en cuenta el régimen, porque a la larga yo iba a estudiar y a eso no le ví relación con Política. Mi familia si tuvo un poco de temor pero finalmente mi desición fue concursar por la beca.

 

CC: ¿Cómo se califica para este tipo de becas y qué incluyó?

LA: La Embajada Cubana ofreció las becas a través del Icetex. En ese momento tomaron los mejores puntajes ICFES y los mejores promedios colegiales, a nivel nacional. Yo quedé entre los 45 estudiantes benecifiados ese año. La beca incluyó todo: alojamiento, alimentación, acceso a material bibliográfico. Ellos se encargaron de transportarnos durante los dos primeros años y lo único que no cubríó la beca eran los tiquetes aéreos en temporada de vacaciones.

 

CC: Qué otras nacionalidades habían en el grupo?


LA: Había estudiantes de toda Latinoamérica, Centroamérica, Estados Unidos y Timor Este (Asia). Los primeros dos años estuvimos en una escuela para sólo extranjeros, primero que integrar todas las nacionalidades y nivelarlas académicamente; y segundo para que los paises no hispanos aprendieran el idioma. Esos dos primeros años estuvimos internos las 24 horas y sólo podíamos salir los fines de semana. El gobierno nos protegía mucho ya que respondía por nuestra integridad.

 

 

 

Al tercer año nos repartieron por delegaciones en todas las provincias del país, y pudimos recibir cátedra en las mismas aulas que estudiantes cubanos, recibiendo el mismo trato y evaluación. Yo conocí toda la isla, Camagüey, Guantánamo…, teníamos carnet de residentes y podiamos ir a Varadero en guagua por 15 pesos cubanos, o sea 1500 pesos colombianos, era muy barato.

 

CC: Eran cómodas las instalaciones?

LA: Si claro. La experiencia de vivir en instalaciones comunitarias es muy valiosa porque uno llega acostumbrado a su casa. Yo vivía con niñas de todos los países y de hecho nos distribuían de manera que se diera un proceso de aculturación y socialización. Eso nos permitía integrarnos, porque una cosa es lo que se lee sobre otras culturas y otra cosa es convivir con ellas.

 

CC: Cuál es su balance sobre de las condiciones de vida del ciudadano y del estudiante cubano?

LA: De Cuba se hablan muchas cosas que no son verdad. En el periodo especial, recién explotó la revolución, si pasaron trabajo, hambre, las cosas fueron difíciles. Pero en lo que yo pude observar desde 2005 hasta 2012, no obstante los bajos salarios, el estado brinda a todos lo básico y eso es de admirar. En salud, los cubanos no se tienen que preocupar por nada. En un hospital sólo les piden la identificación, en urgencias no son atendidos por médicos generales ya que ese concepto en Cuba no existe, todos los médicos son especialistas en algo.

 

La educación formal es normal, pero cuando un niño tiene un talento especial, el gobierno lo manda a una escuela especial. En Cuba la gente estudia lo que quiere, obviamente hay más cupos en ciertas carreras y por ende en esas es más fácil entrar. Constantemente hay pequeños estímulos salariales para profesionales que hagan maestrías o que presenten proyectos de investigación.

 

Los docentes enseñan por amor, por vocación. Los médicos sirven porque les gusta, no por retribución económica, son muy humildes, muy éticos. A pesar de ganar tan poco, se entregan de lleno a su profesión y eso es admirable. Yo tenía una profesora especialista en cirugía de tórax, que pese a su edad y al deterioro de su salud, ejerció hasta donde pudo voluntariamente, era una enamorada de su carrera.

 

 

CC: Esa profesora, también creía en la revolución?

LA: Si, ella era revolucionaria como la mayoría de la gente mayor que difiende a Fidel, a su estado. A Fidel lo quieren muchísimo. Por otro lado, la juventud si piensa en salir del país, en tener dinero para sus cosas. Pero por ejemplo mis profesores de 50 años aproximadamente, nunca los escuché añorar estar en otra parte, de pronto añoraban irse de misión para ganar un poquito más de dinero, pero con el deseo de volver.

 

CC: Para carreras de Humanidades como Filología o Comunicación Social, existía el mismo respaldo que en Ciencia?

LA: Bueno, la Universidad de Ciencias Médicas es aparte de la Universidad de La Habana, que es donde se dictan las Ciencias Sociales y Humanidades. En Cuba la educación es muy organizada, por ejemplo: la Escuela de Educación Física y Deportes queda a las afueras de la ciudad y es un complejo dotado de todas la herramientas, la Escuela Nacional de Ballet y la Academia de Ajedrez también están aparte. También existen escuelas de educación especial para niños con discapacidad visual en donde hacen su colegio y a la vez son tratados por oftalmólogos y así que alcancen los mismos niveles de aprendizaje que niños totalmente sanos.


CC: ¿Se siente agradecida?

LA: Al ciento por ciento, soy médico gracias a Dios, a mi familia y por supuesto a Cuba y a su solidaridad con los pueblos. De hecho las becas que nosotros tuvimos, fueron creadas por Fidel después del Hucarán Mitch, cuando azotó a Centroamérica.

 

Cuba, al no poder donar recursos económicos, hizo un pacto con la OMS comprometiéndose a donar médicos, por eso ofreció becas para formar galenos de todos los paises. Esas becas ya se acabaron porque ya se cumplió con la meta de médicos egresados.


CC: Irse a Cuba a los 19 años y quedarse seis años, ¿te cambia?

LA: Si, a todos los médicos se les inculcan los mismos valores. Sin embargo en Cuba yo aprendí a ejercer la Medicina desinteresadamente. Nosotros nos formamos como médicos con mucho sentido social, como humanistas. Siempre nos inculcaron que todos somos iguales, nos enseñaron a visitar las casas de los pacientes, a interactuar con ellos y a tratar las patologías de acuerdo a su entorno social.

 

Cuando regresé a Colombia en 2011, a hacer mi práctica rural en la Serranía del Perijá, trabajé junto a los indígenas de la zona. Fui la única mujer que hizo el rural allá, después no subió ningún médico. En la Sierra puse en práctica la ética aprendida en Cuba.