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De Cereté a Bogotá

Hace 4 años, Paola llegó a Bogotá. Ha sido casi un lustro de buscar la manera de insertarse en el mercado laboral y de hacerlo de una manera digna, segura y responsable. Confidencial Colombia publica el primero de los perfiles que dan cuenta de diez décadas de vida laboral en los 100 años de la historia de la celebración del día del trabajo en el país. 

Cuando Bleidis Paola Annichiarico, de 23 años, llegó a Bogotá de la mano de su esposo, nunca imaginó que el frío que iba sentir iba ser tan fuerte.

 

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En su natal Cereté rara vez la temperatura baja de los 30 grados centígrados. Por eso el primer golpe de frío la hizo pensar que regresar sí era una opción. Sin embargo, 4 años después considera que por ahora seguirá en Bogotá.

 

La vida laboral de Paola, como le gusta que la llamen, comenzó cuando los ingresos de su esposo no eran suficientes para cubrir los gastos que implica una niña en su primera infancia. Pagos de jardín infantil sumados a las cuentas del hogar hicieron que ella decidiera ingresar al mercado laboral.

 

Habiendo terminado su bachillerato pero sin una carrera universitaria, Paola asumió el reto de incluirse en el mundo laboral de la capital. Después de que su hija ya estuvo en edad de entrar a un jardín infantil se empleó como empleada doméstica en una casa campestre cercana a su hogar, antes del peaje de Patios, en la vía a La Calera.

 

Las labores de trabajo no la dejaron satisfecha ya que el pago era diario y no existía ningún tipo de seguridad o estabilidad legal o laboral. Poco menos de un año después decidió dejar el trabajo en esa casa en donde la indiferencia era la norma.

 

Casualmente, una de las personas cercanas a sus antiguos patronos le comentó que su primer hijo nacería muy pronto. Ella se ofreció a cuidarlo cuando naciera, y también propuso cuidar a la futura madre mientras llegaba el parto.

 

Un año después del parto del bebé a su cuidado su situación laboral es bastante estable, sus nuevos patronos la tratan como un miembro de la familia y le pagan un salario mínimo por una jornada diaria de 8 horas. Además, nunca han faltado los aportes a la seguridad social, hechos por quienes confían en ella para que cuide a su primer y único hijo.

 

Lo que más la satisface es que además de tener un trabajo estable y seguro de acuerdo a lo que exige la ley colombiana, Paola se encuentra estudiando en una academia de estética para poder llegar a montar su propio salón de belleza tan pronto termine su capacitación de un año y medio.

 

“Bogotá, me ha tratado todo lo bien que yo he logrado que lo haga. Si no fuera por mis ganas de salir adelante y por haber luchado por un trabajo digno y decente quién sabe cómo estaría en este momento” finaliza Paola para retomar sus actividades al cuidado de un bebé que empezó a caminar hace dos semanas.