“Dar a conocer nuestras verdades, es parte del deber del cine” Luis F. Hoyos

Luis Fernando Hoyos y Mónica Lopera, protagonista de la película ‘Antes del fuego’ sobre la toma y retoma del Palacio de Justicia, hablaron sobre las cinta que esta semana se estrena en las salas de cine de Colombia.

A pocos meses de conmemorarse los 30 años de la toma y retoma del Palacio de Justicia, se estrena este jueves 6 de agosto en las carteleras de cine ‘Antes del Fuego’, la película de Laberinto Producciones protagonizada por Luis Fernando Hoyos y Mónica Lopera. Es además la cinta inaugural del Festival de Cine de Santander que se realiza esta semana.

 

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Los hechos que antecedieron la toma del Palacio de Justicia  son llevados por primera vez a la pantalla grande a través de un thriller clásico que recoge una página trágica del país, uno de los capítulos más dramáticos de la historia política de Colombia.

 

Es el primer largometraje sobre el suceso del 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando un comando del Movimiento Guerrillero 19 de Abril, M-19, se tomó la sede de la justicia colombiana y desató una tragedia tras la retención de 350 rehenes entre los que se contaban magistrados, consejeros de Estado, funcionarios judiciales, visitantes y empleados; que terminó con la muerte de 98 personas y 11 desaparecidos. Sus protagonistas Luis Fernando Hoyos y Mónica Lopera hablan de la cinta


Luis Fernando: El actor y el ciudadano

 

Cuando le plantearon hacer el papel de Arturo Mendoza en Antes del fuego lo primero que le atrajo fue poder participar en una película que plasmaba y conmemoraba la realidad histórica nacional. Luis Fernando Hoyos siente que es un deber de cualquier artista.

 

Cuando habla de la toma del Palacio de Justicia le cuesta mantenerse distante sólo como un actor. Más bien, siente que tiene un papel protagónico como ciudadano y siente cada frase. Como Arturo Mendoza, su personaje y al que describe como un periodista íntegro, entregado a su pasión y firme en sus principios como profesional, que de entrada le planteaba el reto de ayudar a hacer memoria y de alguna manera recordar las atrocidades que han vivido los colombianos, para no repetirlas.

 

“Infortunadamente el país está hoy peor de lo que estaba en ese entonces y la juventud quizás más permeada por la indolencia que nos caracteriza. Sin embargo no se puede dar el brazo a torcer, dar a conocer nuestras verdades, aunque sean a medias y 30 años más tarde, es parte del deber del cine como documento de la nación”.

 

El día de la toma estaba en una finca familiar y se enteró al día siguiente cuando fue a almorzar a la de un vecino. Quedó estupefacto. No podía creer que un grupo guerrillero tuviera la osadía de atacar el Palacio de Justicia en pleno centro de la capital. “Vimos y oímos noticias como si fuera una película de terror en la que nada podíamos hacer. Fue un acto barbárico de lado y lado. Absurdo a todas luces”.

 

Para Hoyos un actor es un ciudadano más y meterse en la piel de Arturo Mendoza le hizo pensar que es difícil ser periodista en un país “tan indolente, mentiroso y corrupto, como lo corrobora Arturo en esta cinta”. Por eso cree que ante hechos como esos la prensa debe dar la información más precisa que tenga a mano, ser imparcial en sus opiniones y ayudar a entregar material probatorio.

 

Se sintió tocado por la historia de la película. “Fue revolcar en un momento de la vida del país que es una vergüenza mundial por seguir con verdades ocultas, algunas de las cuales se quedarán así porque los que  podían contarlas ya no están, o fueron asesinados o murieron defendiendo su inocencia”.

 

Asegura que le inquieta sentirse impotente y estar en un país lleno de oportunidades que no se pueden disfrutar “por el egoísmo, el oportunismo y el ‘cortoplacismo’ de la mayoría de nuestro dirigentes. “La película tiene ese propósito, recordar lo que fuimos para no seguir siendo lo que somos, lo mismo.  No permitir más impunidad en ningún estamento es nuestro deber histórico”.

 

Hace algún tiempo Hoyos representó a otro periodista en la serie ‘Dr. Mata’ y cuando se le pregunta si tenían alguna similitud, responde: “Que en los años 40 ya había embaucadores como el Dr. Matallana y parte del gobierno estaba amañado en intereses personales. Seguimos rodeados de bárbaros. Mi preocupación es vivir en un país que sentencia a la pena de muerte a cualquier individuo que ingenuamente se atreva a expresar  su pensamiento, no importa que lo haga de forma pacífica,  humana y tenga la razón”.

 

¿Por qué ver Antes del fuego? Porque es una obligación conocer la historia para no repetirla, especialmente en un país desmemoriado e indolente. Porque Antes del fuego nos cuenta audazmente lo que tenemos que parar de hacer para reaccionar de una vez por todas y así gestar un país digno para nuestros hijos.

 

Mónica Lopera: Descubriendo la historia

 

Aunque por varios años Mónica Lopera estuvo fuera del foco de las producciones nacionales regresar y tener entre sus proyectos una película que hablaba de los hechos del Palacio de Justicia era para ella una fortuna porque era contar un momento de la historia, duro e inolvidable para muchos.

 

Nació justo en el año en que se produjo ese suceso por lo que confiesa que creció alejada del tema. Ya mayor dice que creyó entender lo que había ocurrido. “Pero cuando llegó el guion a mis manos y empecé a investigar sobre la toma del Palacio y a hablar con gente de mi generación al respecto, me di cuenta lo poco informados que estábamos al respecto”.

 

Eso hizo que descubriera y reflexionara de otra manera sobre este episodio. Se documentó, leyó, habló con personas que estuvieron muy cerca a lo que sucedía en ese momento en el país y se sumergió en intensos ensayos con la directora Laura Mora y con el coprotagonista Luis Fernando Hoyos, discutiendo y analizando cada escena, frase por frase y palabra por palabra.

 

“Laura es una mujer que conoce y ha investigado mucho del tema, entonces fueron sesiones dolorosas, intensas y enriquecedoras que pienso que hicieron la diferencia en el resultado”. Ahora puede decir que fueron muchas las víctimas inocentes, que se perdieron muchas vidas inútilmente y que de eso se aprendió poco. En cambio, considera que quedaron respuestas que nunca serán respondidas, dudas e incertidumbre.

 

“Más allá de lo artístico, esta película tiene todo el valor porque si en algo logramos tan solo por unas horas recordarnos a nosotros mismos la inutilidad que tiene la violencia, darnos cuenta que es el camino más largo y doloroso, recordar a todos los desaparecidos a quienes sus familias nunca volvieron a ver. Si logramos que en esa hora y media podamos reflexionar y entender un poco más el sin sentido de lo que pasó, entonces todo este trabajo y compromiso valió la pena”.

 

 

En la cinta Mónica tuvo que enfrentar escenas intensas e íntimas que nunca había tenido que realizar. Incluso una donde es secuestrada de la que afirma que vivirlo, aún en la ficción, es muy duro y triste.

 

“Por supuesto que fueron muy difíciles pero contamos con un equipo maravilloso, profesional, respetuoso y Laura me dio toda la guía y seguridad que necesitaba para lograrlas. Así que tomé su mano, cerré los ojos y me lancé”.

 

Fue su segundo proyecto al lado de la directora, a quien considera definitiva en su proceso creativo y asegura que ha sido una inspiración para ella como actriz. La define como una mujer muy joven, inteligente, segura de lo que quiere como directora y con puntos de vista claros y definidos. “Es un regalo para uno como actor. Laura logra que uno se entregue al personaje, a la situación, saca cosas de uno que antes eran desconocidas”.

 

Con Luis Fernando también había compartido en Francisco el matemático y Vuelo 1503 y ese conocimiento sumado al hecho de que lo considera un actor profesional, serio y entregado, hizo todo más sencillo.

 

Y cómo no hablar de compartir de nuevo set con su mamá, Carmenza Cossio. Tuvieron la oportunidad de ensayar juntas en la casa e intentaron vivir la historia unidas como si fuera propia, lo que hizo que la relación y las escenas fueran más intensas. “Es un regalo de la vida cada vez que compartimos un set”.

 

Precisamente, meterse en la piel de Milena Bedoya fue para Mónica un proceso duro y desgarrador. La conmueve la historia de una mujer profesional que se educó con muchos sacrificios “como la mayoría en Colombia”, dice, inocente de su suerte, llena de sueños, con la vida por delante y una víctima más como tantas.

 

Por eso considera clave que las nuevas generaciones conozcan lo que se ha vivido en el país, sepan su historia, tomen parte y decidan por sí mismos lo que piensan de esos hechos porque, a su modo de ver, no se puede pretender educarlas y que le aporten a la sociedad si desconocen hechos que nos han transformado de manera definitiva.