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Cuando el mito se hace realidad: animales que no deberían existir pero existen

A día de hoy creemos saberlo todo sobre la fauna que puebla el planeta Tierra pero, aunque no esté pasando su mejor momento, la zoología es una disciplina en la que muchos biólogos siguen trabajando.

Según las estimaciones que realizó en 2011 un grupo de científicos del Census of Marine Life, la Tierra podría tener en total en torno a 8,7 millones de especies distintas, pero muchas de ellas siguen sin estar catalogadas. Tal como aseguraban en un informe, aproximadamente el 86 % de las especies terrestres y el 91 % de las marinas aún no se han descubierto.

 

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Todos los años los científicos nos sorprenden con el descubrimiento de animales de los que no se tenía constancia. En su mayoría son insectos, reptiles o animales marinos que se parecen mucho a otro tipo de especies ya catalogadas, pero todavía hay espacio para las grandes sorpresas. El año pasado se confirmó la existencia en el Congo de una nueva especie de mono, el lesula, que jamás había sido catalogado por la comunidad científica, aunque era bien conocido por los lugareños de la región en que habita. Su rostro, sorprendentemente humano, dio la vuelta al mundo. Se trata de un caso excepcional, es la segunda especie de simios descubierta en África en los últimos 28 años, pero es la gran confirmación de que, por mucho que creamos conocer nuestro planeta a la perfección, aún quedan compañeros a los que ignoramos por completo.

 


Entre la ciencia y la leyenda


Aunque muchos la catalogan como pseudociencia, la criptozoología, tal como la definió en 1955 el zoólogo Bernard Heuvelmans, a quien se atribuye la invención del término, no es más que “el estudio de los animales sobre cuya existencia sólo poseemos evidencia circunstancial y testimonial, o bien evidencia material considerada insuficiente por la mayoría”. Este tipo de animales recibe el nombre de críptidos y, aunque por lo general no son más que leyendas regionales o invenciones de gente interesada, en ocasiones son lo que se conoce técnicamente como relictos, especies en estado de regresión que habitan en un área reducida: el último lugar donde quedan vivas, que no es necesariamente el sitio donde se originó la especie. Otros animales, aunque no pueden ser considerado propiamente críptidos, son especies oficialmente extintas que se cree han sido vistas de nuevo.

 

Polémicas a parte sobre la conveniencia o no de usar el término ideado por Heuvelmans, que aparece asociado constantemente a la mera superchería,los investigadores han buscado con ahínco algunos animales que no se consideraban reales. Algunos, como el yeti, el monstruo del lago Ness o el famoso Bigfoot, siguen engrosando el mito y la leyenda, pero otros fueron finalmente descubiertos por la ciencia oficial.

 

Okapi

 

En 1890, el explorador galés Henry Morton Stanley, más conocido por apropiarse de buena parte del Congo por encargo del infame Leopoldo II de Bélgica, dejó por escrito en su diario lo extraño que le resultaba que los nativos de la parte norte del país no mostraran el menor asombro por los caballos de su expedición, que causaban verdadero estupor en otras regiones del Congo. Los nativos de la tribu Wambutti le dijeron que en sus selvas habitaba un animal similar, pero de menos tamaño, que conocían como o’api.

 

El relato pasó desapercibido para la mayoría de la gente, pero el botánico británico Henry Hamilton Johnston, que ya había viajado a África con el propio Stanley, se sintió atraído por la historia y fue en busca de lo que consideraba, acertadamente, un animal que había sido olvidado por la ciencia.Tras varias expediciones Johnston logró hacerse con dos pieles del animal, aunque no logró verlo en ningún momento. En 1900 las llevó a la Zoological Sociey de Londres que las identificó como propias de una especie de la que no se tenía constancia. El hallazgo provocó un auge de las expediciones en busca del animal, una extraña mezlca entre cebra y jirafa, y se lograron capturar decenas de ejemplares, que acabaron en zoos de todo el mundo. 

 

Aunque se conservan cientos de ejemplares en los zoológicos, el okapi sigue siendo una especie difícil de observar en libertad. Se estima que su población mundial es de entre 10.000 y 20.000 ejemplares.

 

El hombre de Flores


El folclore popular de la isla de Flores, en Indonesia, habla de un ser mitológico conocido como Ebu Gobo, un hombre pequeño, de pelo largo especialmente en la cabeza y el torso, rostro simiesco y pobre lenguaje. Cuando hace 500 años llegaron a la isla los exploradores holandeses, los habitantes seguían creyendo en su existencia, pero estos nunca lo encontraron.

 

En 2003, un grupo de científicos halló en una cueva de la isla un esqueleto de 18.000 años de antigüedad que pronto fue catalogado como una nueva especie de homínido, el Homo Floresiensis, que guardaba una gran similitud con el legendario Ebu Gobo del que hablaban los nativos de la isla de Flores. Hasta entonces se creía que los últimos homínidos que habitaron la tierra, aparte del hombre actual, habían sido los neandertales, que desaparecieron hace unos 30.000 años.

 

Los descubridores del hombre de Flores han constatado que la especie habitó la isla como poco hasta hace 12.000 años, pero sospechan que podrían haber vivido mucho más, dando origen a la leyenda del Ebu Gogo. Hay quien cree, de hecho, que aún hoy en día sería posible encontrar a un homínido como el hombre de Flores que no haya entrado en contacto con la civilización. “Eso podría explicar todas las leyendas sobre la gente diminuta”, aseguró Henry Gee, editor jefe de la revista Nature cuando se publicó el hallazgo, “No creo que la probabilidad de encontrar una nueva especie de humanos viva sea menor que la de hallar una nueva especie de antílope, y esto ha ocurrido”.

 

Celacanto


El celacanto es un pez de aletas lobuladas que se encuentra fosilizado en numerosos yacimientos del Cretácico. En 1938 un grupo de pescadores sudafricanos capturó un pez de forma y tamaño inusual (medía 1,5 metros y pesaba unos 50 kg) y dió parte a las autoridades científicas. El ejemplar fue estudiado por el icitiólogo James Leonard Smith que confirmó que se trataba de un celacanto, aunque se creía que la especie se había extinguido hacía la friolera de 65 millones de años.

 

En 1987 se lograron tomar imágenes del celacanto en libertad y en la actualidad sabemos que la especie se encuentra también en regiones de Indonesia, Kenia, Tanzania, Mozambique, Madagascar y las Islas Cébeles. En los últimos años se han capturado diversos especímenes de celacanto que llegan a medir dos metros. 

 

Tigre de Tasmania


El tigre de Tasmania, o tilacino, es una de las últimas especies que han desaparecido de la faz de la tierra. Aunque el animal, un marsupial originario del Holoceno, llevaba mucho tiempo desaparecido del continente australiano, cuando los colonos europeos llegaron a Tasmania quedaba todavía una importante población en el norte de la isla.

 

En el siglo XIX los colonos empezaron a culpar a los tilacinos de atacar a sus ovejas y comenzaron a cazarlos, una actividad que fue recompensada por los diferentes gobiernos de Tasmania hasta 1909. Su exterminio, unido a la competencia con perros salvajes, la erosión de su hábitat y la desaparición de otras especies que eran sus presas hizo que el animal acabara desapareciendo.

 

A finales de los años 20 era extremedamente raro encontrar un tigre de Tasmania. En 1930 fue abatido el último espécimen que se conoció en libertad y en 1936 murió el último ejemplar que se conservaba en cautiverio, del que hay incluso documentación audiovisual. No obstante, pese a que su extinción ha sido plenamente confirmada, los rumores sobre la posibilidad de que quede algún ejemplar en libertad no han sido nunca acallados.Las autoridades australianas han sido informadas de cientos de avistamientos, pero nunca han logrado encontrar al animal. En 2005 un turista alemán aseguró tener fotografías del talacino, pero no se ha determinado la autenticidad de las mismas.

 

Calamar gigante


La primera constancia escrita que existe sobre un calamar gigante data del siglo IV a.C, y pertenece al mismísimo Aristóteles. Aunque ha recibido decenas de nombres –como kraken en Noruega o teuthus en la antigua Grecia– la presencia de calamares gigantes es una constante en la mitología de los pueblos pescadores, pero se consideraba una leyenda.

 

No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando los científicos se empezaron a tomar en serio la existencia de estos animales. En 1861 el navío francés Alecton sorprendió a uno de ellos y logró arrancarle una de sus extremidades. Pero la gran sorpresa llegaría una década después. Entre 1870 y 1880  se encontraron un gran número de calamares varados en las costas de Terranova que llegaban a tener tentáculos de más de 10 metros de largo. Lo ocurrido en estos años fue un fenómeno excepcional, que aún hoy se sigue estudiando, pero confirmó que el calamar gigante, aunque no había podido ser observado en libertad por los científicos, era una realidad.

 

En 2004 un arrastrero capturó un calamar gigante frente a las cosas de las Islas Malvinas. Fue el primer ejemplar recuperado en buen estado. Los investigadores lograron preservar su cuerpo con éxito y ha sido ampliamente estudiado. Hoy se puede ver en el Museo de Historia Natural de Londres. Pero lo mejor estaba por llegar. En 2005 un equipo de investigadores del Museo Nacional de la Ciencia de Tokio logró fotografiar un espécimen en libertad y en 2006 consiguieron grabarlo en vídeo.

 

El carpintero real


El carpintero real es un pájaro carpintero de medio metro de longitud que habitaba en los pantanos estadounidenses. La deforestación de su hábitat, de manos de la industria maderera, fue diezmando la población. En 1994 se confirmó su extinción.

 

Pese a que el último espécimen había sido observado en 1991, un ornitólogo de la Universidad de Cornell aseguró haber visto un ejemplar en una zona de Arkansas. El científico convenció a sus colegas para realizar una investigación al respecto y en 2005 los científicos publicaron su hallazgo en la revistaScience, junto a unas fotografías (de poca calidad). Aunque la clasificación oficial del carpintero real se modificó de ‘extinto’ a ‘en peligro crítico’, hay ornitólogos que creen que el animal no se identifico correctamente. Desde entonces no se ha vuelto a encontrar ningún otro individuo.

 

Tomado de El Confidencial