Corea del Sur y Colombia, dos miradas del mundo

Hace sesenta años los indicadores generales de desarrollo eran mejores en Colombia que en Corea del Sur. Pero en este medio largo siglo Corea ha hecho casi que todo bien y Colombia casi que todo mal.

Lo dicho se refleja en cualquier indicador importante y relevante del desarrollo que el curioso lector quiera mirar y comparar de manera aleatoria en internet: cantidad y tipo de exportaciones, tamaño y tasas de crecimiento del PIB, índice de desarrollo humano, calidad de la educación, actividad en ciencia y tecnología, infraestructura de cualquier tipo, desarrollo regional, índice de corrupción, y la lista sigue.

 

Por eso es bueno saber que en los últimos meses acompaña al Gobierno de Colombia una cooperación internacional de ese país para apoyar al diseño de la política nacional de parques científicos y tecnológicos, que serán importantes para mejorar la baja productividad y acelerar la transformación productiva y así ayudar a la competitividad, a la innovación y al desarrollo regional.

 

Desarrollo productivo


Corea ha hecho un sostenido y acelerado proceso de transformación productiva que llevó a sus economía de las manufacturas livianas, como textiles y confecciones, a las industrias de alta tecnología, y desde el año 2000 a la formación de sistemas productivos de innovación y emprendimiento conformado por múltiples redes de alta complejidad, donde el foco de la producción se orienta al desarrollo industrial basado en el conocimiento con tecnologías no contaminantes.

 

Mientras tanto Colombia, empuja por atraer transnacionales para explotar sectores extractivos sin ninguna agregación de valor. Es decir, se comporta como una economía de enclave en la sociedad del conocimiento, a la que se suma una minería ilegal y criminal.

 

Estas características tan diferentes de la evolución de la  especialización de las dos economías, es la razón por la cual Corea tiene unas instituciones inclusivas que indican equidad y alta capacidad de innovación y de transformación productiva. Mientras tanto, Colombia denota unas instituciones extractivas, que explican la inequidad, la escasa transformación productiva, y una baja capacidad de innovación endógena.

 

Todo el complejo andamiaje de producción con innovación y bienestar de Corea, descansa en tres ministerios: el de educación ciencia y tecnología; el de la economía del conocimiento; y el ministerio del bienestar y la salud. Aquí se evidencian otras diferencias en la idea del desarrollo de los dos países.

 

Corea tiene a la investigación científica y tecnológica con rango ministerial. Colombia no.

 

Corea tiene un misterio de la economía del conocimiento: siglo XXI. Colombia tiene un ministerio de comercio, industria y turismo: siglo XX.

 

Corea tiene un ministerio del bienestar asociado a la salud, Colombia un ministerio sectorial y privado: Ministerio de salud de las EPS.

 

Así las cosas, en Corea, la pobreza y la inequidad fueron derrotados por un buen desarrollo de largo plazo, y no cayeron en la falacia de que las transnacionales extranjeras son la base del desarrollo de un tercer país, algo que Colombia se la ha creído hasta el fanatismo y la indignidad. Ningún país se ha desarrollado sin producción nacional y sin un potente sistema de empresas nacionales. Ninguno. Corea ha hecho su desarrollo con empresas nacionales que por supuesto se alían con empresas de otros países. Esto es lo correcto en la globalización, no la destrucción y la no construcción de capacidad productivas nacionales.

 

 

Colombia no ha hecho un crecimiento con transformación productiva, equidad e innovación, porque la industrialización se quedó trunca en la estructura productiva que tuvo Corea hace cuarenta años. Por el contrario, se ha reprimarizado con la minería de enclave y a su vez depredadora del medio ambiente y de las finanzas del estado, porque lo que pagan las transnacionales en regalías se los devuelven en deducciones tributarias. En otras palabras, en una ventanilla consigna un cheque y en la  de al lado le entregan otro.

 

En Corea el desarrollo productivo está acompañado de múltiples políticas: educación, ciencia y tecnología, desarrollo regional, infraestructura,….., todo bien hecho y coordinado, y es por eso que su competitividad y productividad es de las más altas del mundo.

 

Mientras tanto, en Colombia, cada política es sectorial y desligada una de otra, que evidencia una saga de fallas de coordinación y de debilidad institucional.  Este tema lo abordo en un trabajo reciente para la Friedrich Ebert Stiftung, sobre política industrial y de innovación para Colombia, y que se puede consultar en www.library.fes.de en www.fescol.org, en el cual resalto que la base para que las ciudades y regiones tengan futuro,  debe partir de una nueva política industrial y de innovación de la nación.

 

 

Las siguientes líneas me detengo en el tema de ciencia y tecnología porque nos llevará más adelante a los parques tecnológicos.

 

Investigación, innovación e imaginación para el desarrollo


Corea, y demás países de Asia oriental, entendieron la importancia de la ciencia y la tecnología. Hace algún tiempo, en los años 1990, Corea llegó a invertir la suma más alta en proporción al PIB que país alguno haya hecho en los últimos 50 años: el 7% del PIB en investigación. Ahora su inversión se ha situado encima del 3%, y es una de las más elevadas del globo. Por el contrario, Colombia aduras penas bordea el 0.20% del producto.

 

Cuando esas diferencias se acumulan en el tiempo, la velocidad y la brecha entre una y otra economía y entre una y otra sociedad, se vuelve exponencial. Es decir, inalcanzable. Y significa también que en Corea la ciencia y la tecnología aportan al crecimiento y en Colombia no, porque la inversión es muy baja y entonces no tiene impacto en la producción, en la innovación, en el emprendimiento, en las exportaciones con alto valor agregado, y en el desarrollo de las regiones.

 

Además, la importancia de la ciencia en el desarrollo está vinculada a la calidad de la educación. Querido lector, busque en la red clasificaciones internacionales de universidades en el mundo, hay como cuatro, y vea cuantas universidades de Corea hay entre las 1.000 mejores, y en qué lugar,  y compare con Colombia.

 

Haga un esfuerzo adicional, y cuente cuantas universidades tiene Corea y cuantas universidades tiene Colombia. Le aseguro que se va a asombrar, porque Colombia tiene muchas más instituciones de educación superior que Corea, pero tiene cinco millones de habitantes menos. Esta dispersión afecta la calidad de la educación y de la investigación porque deriva en comunidades mínimas del conocimiento cuya suma no deriva en un buen sistema. El estado, via políticos y empresarios, han hecho de la universidad un negocio y no un servicio para el desarrollo. La señora Bachelet hizo como primer anuncio en su nueva aspiración presidencial, diciendo que la educación no debe tener ánimo de lucro y que se debe fortalecer la educación pública.

 

Haga otro esfuerzo: averigue cuantos doctores tiene Corea y cuantos Colombia.  E indague todo lo que se le ocurra en materia de desarrollo y se dará cuenta que el desarrollo no es imitable ni llega de un día para otro, demora décadas, lo cual no es nada en la historia y en el tiempo de las naciones. Esa es otra dimensión perdida en la cosmovisión de los colombianos: la construcción del largo plazo, todo se quiere para ya y para ayer, tanto los políticos, como los empresarios, y los tecnócratas. Mientras tanto, en Corea prima la construcción de largo alcance. Por eso le apostaron al desarrollo hace sesenta años, y ya lo alcanzaron. Mientras tanto, Colombia parece paralizada en el arranque y podríamos decir que nos faltan cuarenta o más años para alcanzar el actual nivel de desarrollo de los coreanos.  Perdimos más de medio siglo. Chile y Brasil reaccionaron hace dos décadas más o menos, y en dos más alcanzarán un elevado umbral de desarrollo.  

 

Todo lo anterior explica la baja productividad, competitividad y la escaza transformación productiva de Colombia, y sus grandes brechas regionales y sociales, porque se piensa y administra el país como si fuera una hacienda de gamonales y trabajadores. Por eso tenemos guerra rural hace 60 años, por eso tenemos una violencia urbana derivada de la falta de oportunidades y de malas instituciones – en el sentido de Acemoglú y Robinson en su libro Por qué fracasan los países –, y por eso atacamos la pobreza a punta de subsidios y no de desarrollo.

 

Los  parques científicos y tecnológicos: la innovación en las regiones y la creación de empresas innovadoras de impacto global


Corea, en sus sesenta años de construcción del desarrollo ha sabido definir sus especializaciones productivas en las distintas etapas de su constante y consistente proceso de transformación productiva, a través de sus políticas industrial y de ciencia y tecnología.

 

Esas decisiones son estratégicas y claves para direccionar las áreas donde se debe orientar la creación de empresas innovadoras, fortalecer y crear centros de investigación, focalizar los incentivos a las empresas, y mejorar la calidad y pertinencia de la educación. En todo esto fallan las políticas de desarrollo de Colombia, porque hace rato no hay decisiones de estado para que el sistema productivo evolucione,  y por ello no ha surgido una cultura emprendedora, por eso la investigación es marginal y la educación deja que desear agravado con la desatención a la universidad pública, pero también el rezago de ésta para entender y transformar su modelo y sus políticas de relacionamiento con la sociedad, con las empresas y con el estado, para que la investigación y la innovación fluya de la universidad a la sociedad y a la economía y de estas a la universidad. Lo que ahora fluyen son las consultorías desde la universidad hacia el estado, es decir, el negocio inmediato, pero no la investigación y la innovación que son las que permiten construir el futuro.

 

Entonces, por qué Corea tiene una potente red de 18 parques científicos y tecnológicos, algunos de los más grandes del mundo.

 

Ha tenido política industrial para apoyar la transformación productiva, mediante sectores estratégicos en los cuales han impulsado, primero, los parques industriales, y desde hace tres décadas, los parques tecnológicos, los clusters y los sistemas de redes de innovación.

 

La ciencia y la tecnología con educación, han estado al frente de las políticas de desarrollo, para conformar potentes plataformas de la triple hélice, que es la sinergia entre las universidades, las empresas y el estado en las regiones, por lo cual también ha creado una cultura del emprendimiento.

 

De manera acertada, la misión coreana resalta tres procesos de parques tecnológicos o habitas de innovación, sin desconocer otros: el corredor urbano donde está la Ruta N en Medellín; el parque tecnológico de Guatiguará en el área metropolitana de Bucaramanga; y en Bogotá, la ciudad del conocimiento a través de tres grandes proyectos articulados y en proceso de planeación: Innobo, el parque de ciencia y tecnología de la Universidad Nacional, y la renovación del CAN, sobre lo cual he escrito textos en estas últimas semanas y publicados en Confidencial Colombia.com y en mi blog: www.jaimeacostapuertas.blogspot.com.

 

Pero qué es un parque tecnológico o hábitat de la innovación


Para que los lectores sepan de que estamos hablando, un parque tecnológico o hábitat de innovación, se definen como zonas donde están asentados centros de investigación y empresas innovadoras, por lo general en sectores productivos de alta tecnología (TICs, biotecnología, industria farmacéutica, microelectrónica, aeronáutica, plásticos, energía, aparatos e instrumental científico para distintos usos, entre otras especializaciones). Pero también existen parques tecnológicos agroindustriales, parques de innovación social. En todos estos ambientes se trabaja en sinergia para desarrollar nuevos productos y nuevos procesos de alto valor agregado para el sistema productivo, la sociedad y el estado.

 

Pero estos hábitats no son islas desligadas del resto de la ciudad y de la economía. Lo que en ellos se hace está relacionado con el conjunto del sistema productivo,  y con la solución de problemas sociales, de la cultura y del estado. Por eso se entienden como espacios abiertos de innovación y emprendimiento, por su interrelación con el conjunto de la sociedad, no solo local, sino también de la nación y del mundo. La imagen nos muestra la imagen de una ciudad de la innovación coreana.

 

 

Adicionalmente, en torno a los parques o hábitats de innovación  se hace renovación o construcción urbana: vivienda, universidades, servicios de salud, centros de artes y de cultura, asistidos por sistemas modernos de transporte, todo bajo un concepto de sostenibilidad y de inclusión social. De esta manera, producción y vida, se integran y conforman un nuevo concepto de ciudades, como lo muestran las siguientes visiones bajadas de internet.

 

 

 

 

Por qué los coreanos visualizaron una ciudad de la ciencia en Bogotá. Porque conocieron de la existencia de una serie de proyectos de hábitats de innovación, en etapa de planeación: Innobo, Ciudad Salud Región, el Parque de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional, la Renovación del CAN, y la operación estratégica del Anillo de la Innovación, que en conjunto configuran la idea de una ciudad de la ciencia, como lo registra el mapa y el planteamiento urbano del parque de ciencia y tecnología de la Nacional, donde el edificio de arcos es la actual Hemeroteca Nacional.

 

 

 

 

Lecciones a partir de la experiencia de Corea del Sur.

1)    Los parques científicos y tecnológicos, son cada vez más espacios abiertos, urbanos, antes que espacios cerrados. Abiertos en función de la sociedad y abiertos en sus relaciones con los actores de la innovación y del emprendimiento de la ciudad, de la región donde están ubicados, del país y del mundo, conformando por un vasto universo de redes de múltiple tipo. Redes al interior del parque, redes del parque con los entornos locales, regionales, nacionales y mundiales.

 

2)    Los coreanos pero también la literatura especializada desde hace ya algunos años, señala el recorrido y la evolución de los tipos de parques. Así como la economía y la manera de hacer investigación y de crear empresas ha cambiado, también han cambiado los modelos de estos hábitats de innovación.  Esto no significa que Colombia dé el salto del “vivo”, y de un plumazo desarrolle la más reciente generación de modelos de parques. Las etapas no se pueden saltar aunque sí configurar modelos con elementos de las distintas generaciones de parques.

 

3)    La política de competitividad y de innovación y los sectores de talla mundial de Colombia, no son lo más funcionales al surgimiento, crecimiento y consolidación de los parques tecnológicos, centros de investigación, redes de innovación, centros de creación de empresas innovadoras, formación de clusters. Por ello, no es conveniente crear expectativas y apoyar una gama amplia de proyectos de parques tecnológicos por toda la geografía nacional. Aquí debe haber orientación y planeación por parte del Ministerio de comercio industria y turismo, de Colciencias, y de Planeación Nacional, en concertación con las regiones respectivas. De lo contrario lo que se va a tener es una serie de grandes negocios inmobiliarios fracasados, en algunos casos producto del clientelismo volcado a las regalías.

 

4)    Pero lo anterior ocurre por falta de orientación y de coordinación de las políticas, que incluye la falta de procesos pedagógicos en las universidades y desde estas a la sociedad sobre los contenidos y conceptos de las nuevas fuerzas del desarrollo local. Por eso lector, empiece buscando en internet fotografías de ciudades creativas, de ciudades del conocimiento, de ciudades de la innovación, de ciudades sostenibles, de centros de investigación, de ciudades del futuro, sistemas de innovación, y así podrá sumarse a la construcción del futuro, porque el grupo de pensamiento en estos temas, es en Colombia muy reducido y sin suficiente fuerza política. 

 

 

En estos días lo volvía a revisar el libro LAS CIUDADES DEL CONOCIMIENTO: EXPERIENCIAS DE BRASIL Y COLOMBIA que escribí en 2001, y concluí que la única ciudad de Colombia que ha avanzado de manera nítida en estos doce años, es Medellín. En Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Cali y Pereira, solo hay algunos nuevos proyectos que no alcanzan a configurar la idea de ciudades del siglo XXI. En cambio, los cinco casos de Brasil analizados: Campinas, Porto Alegre, Florianópolis, Sao Carlos y Sao Leopoldo, han avanzado de manera sostenida y la distancia con nuestro país es cada vez más grande. Estoy haciendo una revisión y ampliación de ese libro, y pronto lo pondré en las redes para que sea un instrumento pedagógico que contribuya a la construcción de unas sociedades del futuro.