Confesiones de un adicto

Un adicto a la política se confiesa y manifiesta su decepción. Columna de opinión de un analista político que se hastió de la mediocre campaña presidencial colombiana. #AguantaVotar

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Soy un adicto a la política. Lo que en otras latitudes se conoce como un yonkie. Nadie en el mundo puede discutir mi amor por la política y los que me conocen saben que no miento.

 

Y amar la política en este mundo tan convulso y en que los políticos cada vez se esfuerzan más por separarse de los electores hace que mostrar mi amor sea cada vez más difícil, es como profesarle el amor a una mujer en un burdel y esperar que te sea fiel y que no te ponga los cuernos.

 

Pero esta campaña presidencial ha logrado lo que nunca pensé posible, lo que nunca pensé que me fuera a pasar, me aburrí de la política. O más bien me aburrí de estos políticos, de esta mediocridad rampante que hace que hoy no estemos ante la elección de los mejores, sino de los menos malos, ¡que tristeza!

 

Queda sólo un mes de campaña y lo que esperaba y creo que todos esperábamos no sucedió, las campañas nunca despegaron, nunca arrancaron, salir a la calle es estar en un día normal, nadie habla sobre el futuro del país, de sus líderes, de sus propuestas, quizás porque no las hay y por ende el futuro es incierto.

 

Jim Morrison, dijo en una canción, “esta mañana me levante y me bebí una cerveza, porque el futuro es incierto y el fin esta cerca”, hoy esas palabras recorren mi mente como un mal augurio, un mal presagio.

 

No hay debates, no hay mensajes, no hay candidatos, no hay nada, nada de nada. Se veía venir, se hablaba de candidatos sin carisma, de falta de liderazgo, es decir, de candidatos mediocres.

 

¿Qué más podíamos esperar? ¿qué sus campañas fueran diferentes a su talante? Obvio que no, las campañas que no son sino el reflejo de sus candidatos, son sinónimo de mediocridad rampante.

 

Pero lo que más preocupa es lo que se viene y sin duda será un gobierno mediocre, sin mayorías y sin apoyo popular. La formula es simple y no debemos llamarnos a engaños: CANDIDATO MEDIOCRE=CAMPAÑA MEDIOCRE=GOBIERNO MEDIOCRE, no se puede esperar sorpresas, no hay con que ilusionarse.

 

Estamos ante la disyuntiva de elegir entre un mal gobierno como el de Santos, un salto al vacío con Peñalosa o una receta caduca con Oscar Iván Zuluaga.

 

Santos tiene serias posibilidades a pesar de lo torpe y mal gobernante que ha sido, lo de él son las conspiraciones no el buen gobierno, tan malo es, que con todo el dinero, medios y apoyos políticos no logra despegar y su campaña depende no de él sino de lo que pase en La Habana, razón tienen los uribistas al decir que el Presidente depende de la cúpula de las Farc para reelegirse. ¿Pero cómo llegamos a esto? La respuesta es sencilla, el pandemonio de la reelección, que hace que hasta un torpe tenga posibilidades.

 

Por el otro lado estamos ante un gaseoso e indescifrable Peñalosa, un perdedor innato que ahora se presenta como nuestra tabla de salvación. Cómo estaremos de desesperados los colombianos (y me incluyo), que estamos dispuestos a votar por alguien a quién no conocemos, al que no le hemos escuchado ni una sola propuesta y que hasta hace unos meses ni se imaginaba con ser presidente y que se trasnochaba con ser alcalde. Yo me bajo de ese bus por lo menos en primera vuelta.

 

Y la otra alternativa es un proyecto político conocido, peligroso porque reúne en sus filas a muchos investigados y condenados. La ética no es un tema relevante para este grupo, dime con quién andas y te diré quién eres reza el dicho, aunque lo más preocupante es que nos quieren poner a elegir en cuerpo ajeno como hace cuatro años, diciendo está vez si no nos van a fallar, pero ya sabemos como fue el primer intento.

 

Parece que ya no son necesarios los méritos para ser presidente, la audacia está escasa por estos días y las grandes ideas están a la baja en el mercado de valores.

 

Estamos ante un torpe, un perdedor y un títere y quienes guían el debate ni siquiera son los candidatos, son un vicepresidente y un senador.

 

La presidencia es y debería ser siempre para los más capaces, para los mejores, para aquellos a quienes uno quiera imitar, para aquellos con visión y quienes guían una nación. Pero qué bajo hemos caído.

 

Mi voto en primera vuelta será en blanco, porque tenemos que enviar un mensaje, estamos hartos de tanta mediocridad.

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