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Cine íntimo que toca las fibras

Daniela Abad, hija del columnista y escritor Héctor Abad Faciolince, tenía apenas un año cuando su abuelo fue asesinado. En compañía del director Miguel Salazar reconstruye en ‘Carta a una sombra’ la valentía de Héctor Abad Gómez, un hombre que defendió los derechos humanos y abogó por los demás.

Sobre la cinta inspirada en el libro ‘El olvido que seremos’ y que es definido por sus realizadores como la historia de un hombre que fue asesinado por la intolerancia, hablan los codirectores:

 

¿Cuándo pasa El olvido que seremos de ser un libro a convertirse en una propuesta visual?


Miguel Salazar (MS): El documental nació un poco por azar. En 2011 presenté el documental La Toma, sobre lo que sucedió en el Palacio de Justicia, y necesitábamos un narrador. Héctor Abad Faciolince fue ese narrador elegido. Durante las conversaciones que tuve con él me contó que había un cineasta holandés interesado en hacer un documental inspirado en su libro.

 

Esos productores finalmente vinieron a Colombia, visitaron Medellín, hicimos un rodaje en el que Daniela estuvo tras la escena, pero la familia entendió que para un extranjero era muy difícil comprender el contexto y ciertos matices complejos de identificar, así que el matrimonio fílmico se quebró. Desde las sutilezas en el idioma, difíciles de manejar para ellos, hasta la realidad colombiana particular, los alejaron del proyecto. Pero nosotros, en cambio, teníamos claro que El olvido que seremos es una historia universal, de una familia víctima de la violencia en cualquier lugar del mundo. Héctor Abad Gómez tuvo su trágico destino suramericano.

 

En el proceso inicial de rodaje de una semana se alcanzaron a hacer varias entrevistas, una escena del almuerzo y otras imágenes de apoyo que nos servían. Ya involucrados, seguimos con la inercia del documental, aunque Daniela andaba en Barcelona, y mientras estudiaba hacía lo que podía hasta que volvió del todo. Ese año, tanto ella como yo lo dedicamos a investigar y descubrimos en esa búsqueda un archivo muy grande de audio.

 

¿Cómo lo consiguieron, escucharon y organizaron para volverlo el núcleo de la cinta?


Daniela Abad (DA): Yo oía y oía, y Miguel igual, y de ahí hicimos una selección que nos permitió tener una estructura. Con ese material organizado elegimos las escenas y pensamos la película. El archivo era gigantesco. Mi abuela  ha sido  muy ordenada y  mi abuelo era un geek de

 

la época al que le apasionaba la tecnología. No solo le apasionaba grabar su voz, sino que además era un hombre con una gran conciencia de la muerte que quería conservarlo todo. Era obsesivo: grababa cada cosa que le iba pasando. Tuvimos la ventaja de que mi papá vivió por fuera y de que el abuelo le iba contando situaciones a través de casetes.

 

Mi abuela tenía los casetes guardados ordenados en cajitas de cuero. Y un día que fui a Medellín mi papá me entregó una bolsa de casetes. Eran clases en italiano, cartas habladas, música de la época, cosas de ese estilo, recuerdos vivos de una intensidad que hoy en día hemos perdido.

 

¿Qué otro material utilizaron, aparte de la entrevista a los protagonistas?


MS: “Con estas ‘cartas habladas’, como las llamaba la familia, construimos unas secuencias íntimas y bellas en las que se expresan a fondo los sentimientos, algo a veces escaso en nuestra narrativa cinematográfica. Y de paso, encontramos otro recurso maravilloso: las grabaciones del programa Pensando en voz alta

, que se hacía semanalmente. Allí, Héctor Abad Gómez comentaba los hechos nacionales e internacionales, los temas de salud pública, recitaba poesía y decía lo que pensaba a través de la radio.

 

También cobró importancia el material que nos entregó Pilar López, de una entrevista para El Magazín de El Espectador en el que Héctor Abad padre cuenta que lo acaban de amenazar. Esas últimas palabras en las que él cuenta su vida, las usamos a lo largo del documental varias veces. Hay un último material valioso que encontramos: el de Marta, la hija que murió de cáncer y de quien encontramos grabaciones en una cinta.

 

 

¿La gran diferencia con El olvido que seremos está en sus otros protagonistas?


DA: La familia es la gran protagonista de esta película. Aunque toda la estructura narrativa está basada en una relación entre el hijo y el padre, logra retratar esa situación de manera íntima, a través de la mirada de una familia tradicional antioqueña, que permanece siempre unida y cuyo humor es capaz de retratar incluso con pureza el pasado doloroso. Nos parecía importante rescatar los otros personajes del libro. Mi papá atrae y es la figura central, sin duda, pero queríamos dar a conocer a los otros personajes que la gente no había oído y dejar testimonio de las personas clave en la vida de mi abuelo.

 

Aparte de la familia y de la figura de Abad Gómez, ¿la política es esencial?


MS: El tema político es fundamental en el documental y tiene que serlo, porque Héctor Abad Gómez fue asesinado por la expansión paramilitar. Él es una víctima. Y sabe lo que sucede y sucederá.

 

Cuando uno lo escucha sabe que él entendía con mucha claridad el tiempo en que estaba viviendo. Abad Gómez describe el coctel mortal que se formó en los 80 con el paramilitarismo y señala con nombres propios.

 

Su claridad era tal que no necesitamos de nada más para poder armar la historia. Usamos fragmentos del libro a través de la voz de Héctor Abad hijo, pero nunca quisimos hacer un documental para demostrar quién era el asesino, sino para celebrar la vida de este médico de avanzada y su pensamiento: el de un hombre bueno asesinado por ser bueno.

 

 

DA: El contexto político era inevitable y tiene gran fuerza porque está filtrado por sentimientos muy básicos en mi familia. Y si duele es porque toca lo personal. No es un contexto histórico externo, sino que narra el drama de una familia. 

 

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Comunicador Social - Periodista del Politécnico Grancolombiano. Twitter: @esnegrete