Científicos colombianos protestan en las redes

Colombia está en movimiento. Hay malestar e incertidumbre en progreso. La gente quiere nuevas palabras, nuevas ideas, nuevas caras y nuevas acciones. Así tenía que suceder algún día porque el desajuste institucional es funcional al desbarajuste en que derivó el modelo de crecimiento, que tiene tantas fallas como tantas fallas tienen a veces el mercado y los estados [Opinión]

Esta columna se motiva en la entrevista de la directora de Colciencias, Paula Arias, a El Colombiano, y en la entrevista del ex rector de la Universidad Nacional, Moises Wassermann, a Claudia Morales en Semana, sobre la situación de la ciencia, la tecnología y la innovación, y su critica a las opiniones de la funcionaria.

 

La ciencia y la tecnología (CyT) anda como rueda suelta como era el mundo de la investigación hace medio siglo, y es funcional con un modelo de crecimiento que privilegia las fuentes externas de innovación y menosprecia las fuentes internas, desconociendo fundamentos básicos y pilares de las “nuevas” las teorías del desarrollo. En consecuencia, Colombia tiene una idea de modelo de crecimiento de hace medio siglo, como si aun fuera un típico país subdesarrollado. El estado tratar a la gente con dádivas, cuando ya no quiere dádivas, quiere desarrollo, justicia, y oportunidades que le den calidad a su vida. Es por eso que protesta.

 

Así las cosas, el problema de fondo no es la ciencia y la tecnología (CyT) y su mundo hacia dentro. El problema es que no tiene espacio en las políticas o en la ausencia de políticas, para conformar un sistema general de desarrollo donde la investigación sea componente clave. Por esta falla del mercado y del estado, es decir de los actores clave, la investigación tiene escasos impactos hacia fuera de su sistema, y por eso son justas la marea de criticas al mismo.

 

Cuando los investigadores de la diáspora dicen que una buena investigación básica es la fuente de altos volumenes de patentes, olvidan reiterar que la investigación en los países avanzados y en los emergentes dinámicos está articulada a potentes políticas de desarrollo de largo plazo y a acciones estratégicas de los estados. Colombia no tiene ni unas ni otras.

 

Por supuesto que en esos países, al igual que en las artes, la ciencia tiene grados de libertad para que emanen nuevos paradigmas que luego cambiarán, para bien o para mal, la cultura, las artes, la economía, la sociedad, la misma ciencia y la tecnología, pero también la innovación, los estados, la política y el mundo.

 

La ciencia y la tecnología en el mundo hace rato que no funciona como rueda suelta, porque ya nada funciona por fuera de sistemas complejos de distinto tipo para distintas situaciones. Sistemas que además se integran con otros conformando una densa urdimbre de megasistemas con su tejido de redes.

 

Pero estos sistemas solo emergen, crean y articulan, si las politicas emergen desde adentro y no desde recetas y modelos estándar. 

 

Colombia aun está en la fase de un discurso parcial e incipiente sobre desarrollo, ciencia, cultura y política. No se trata del discurso general sobre las ciencias, se trata del discurso de la ciencia para poner a Colombia en una senda propia de pensamiento y de desarrollo, que le ponga fin a comportamientos equivocados, insuficientes o inexistentes.

 

Retratos de problemas y dilemas de la ciencia y la tecnología


Basta leer las barbaridades del ICA y la actual crisis campesina. Vendidos a Monsanto. Indigna dependencia. Indigno decreto 970. Indignantes el libre comercio y los TLC con prácticas escondidas a expensas de pequeños productores, en contra de nuestro desarrollo, y en perjuicio del sentido ético y moral de la investigación.

 

La baja productividad de la economía colombiana tiene relación con la escasa actividad de la CyT y la escasa articulación con la política de competitividad y de innovación, cuyo enfoque prevalesciente ya prescribió, porque ha llegado la hora de una política industrial y de innovación de nueva generación.  

 

Entonces,  los científicos no deben solo pedir una mejor política de CyT, lo cual es cierto, correcto y necesario, pero no será buen ejercicio si no hay mejor modelo de desarrollo y nuevo proyecto de sociedad para una mejor ciencia. Este es el punto donde se encuentra Colombia y su protesta, y desde ahí debe partir la construcción del futuro.

 

La comunidad científica debe romper el cascarón en que anda metida, y Colombia en la píldora en que anda encapsulada. La ciencia es parte de sistemas más complejos que en Colombia no se abordan en su integralidad. De seguir así, la ciencia cenicienta nunca va a ocupar el papel que debe tener en el postconflicto y en los anhelos de convertir a la nación en una economía emergente inclusiva en la sociedad del conocimiento.

 

A los científicos les está faltando discurso para orientar a políticos, tecnócratas, empresarios e involucrar a la sociedad, porque en últimas todo va y viene desde el tejido social en sus múltiples expresiones y actividades. Además, el cambio en la sociedad del conomiento es desde el conocimiento. ¡A indignarse¡ diría Hessel.


Hago unas preguntas y usted lector o científico dé respuestas para su reflexión:

 

Cuánto aporta la ciencia y la tecnología al crecimento del PIB de Colombia, y cuanto en las economías desarrolladas. Si no se sabemos responder esta pregunta es como partir de un segundo piso sin haber construido el primero. El discurso se debe hacer con fundamentación científica.

 

Pero también pregunto por qué hay tantos grupos de investigación, un alto porcentaje fuera de operación, en un sistema de pocos recursos; por qué solo han sido posibles unos pocos spin off y unas contadas empresas de tecnología (start ups) desde el sistema de investigación; por qué desde la educación, desde las politicas de CyT y de competitividad no se ha podido tumbar barreras para impulsar la propiedad intelectual en las universidades, en las empresas y en la sociedad, para que la innovación y el emprendimiento fluya sin barreras; por qué no se ha logrado la descentralización hacia la autonomía de la CyT en los territorios; por qué solo ha sido posible crear escasos e incipientes hábitats de innovación: parques de CyT, ciudades innovadoras, centros de empredimiento y de innovación; por qué hay sectores clave de la economía que no tienen centros de investigación; por qué la comunidad científica no se ha expresado a favor de una política industrial y de innovación moderna y en cambio se ha dejado seducir por las modas de la competitividad…..por qué….por qué …por qué…siga usted.

 

Entonces, Colombia está en un circulo muerto – como la vaca muerta del conflicto como dice Santos – donde todavía no se encuentran la investigación, el desarrollo, la cultura y la sociedad.

 

Por supuesto que el sistema de investigación está desacompasado. Sin embargo, antes en su pequeño mundo ahí iba, ahora con lo de las regalías, donde las criticas del ex rector Wassermann, son ciertas, no se sabe a dónde va. En la práctica – no en la retórica tecnocrática y en el power point -, las regalías no hacen parte del sistema y su relación con el desarrollo.

 

Falla de las regalías de CyT


Dónde está la debilidad de unas regalías que viajan en avión y que en paracaídas las botan desde el avión del centralismo, para que gobernadores, alcaldes, investigadores y agentes privados, se lancen sobre ellas.

 

Cuando se diseñó el instrumento no hubo tiempo o se les olvidó pensar o decidir sobre cuatro cosas: cómo afectarían las regalías la política y el sistema de ciencia, tecnología e innovación; como se reintegraría el sistema de investigación y este con el de competitividad y de innovación; si el centralismo y su deteriorada derivación, la descentralización, no necesitaría de nuevas autonomías y de nuevos arreglos institucionales en los terrritorios; y en qué focos debía orientarse la aplicación de los recursos para que tengan impacto, sobre todo porque son transitorios.

 

Por qué ocurrieron estas fallas. Por el inmediatismo político; porque no hay políticas de desarrollo de largo alcance que tengan a la innovación como factor determinante; o por qué de pronto no hay políticas de desarrollo, pues no hay un sistema de planeación para el desarrollo de largo tiro. Juego de palabras en torno a un círculo vicioso que deriva en protesta.

 

Por el lado del sistema de CyT, los investigadores cometieron el error de reestructurar a Colciencias para que continuara como una institución enana y centralizada. Unos pedíamos ministerio para hacer una ciencia grande que tenga una institucionalidad grande para un país grande.

 

No hay en Colombia nada más centralizado que la CyT, cuando debería ser la más descentralizada, porque el conocimiento es un factor propio o endógeno que emana desde factores materiales e inmateriales locales. Desde hace un siglo está explicado, se llama desarrollo endógeno – no le den más vueltas -, remozado en este siglo con las nuevas fuerzas del desarrollo.

 

Pero el asunto no es solo la reducción del presupuesto de Colciencias para sus funciones fundacionales, entre ellas el apoyo a la investigación básica, y su complemento con las regalías. El problema es que las regalias de CyT no calzan con otras políticas, o porque estas no existen o porque son regulares o porque tienen el vacío de la investigación, o porque la investigación aun no cabe con claridad en la cabeza de tecnócratas, políticos y empresarios.    

 

Entonces, lo fundamental no es si la directora de Colciencias tiene o no doctorado. Colciencias ha tenido [email protected] con doctorado. Han hecho lo que han podido, pero su tarea ha sido inconclusa, con aciertos y errores propios de un país con dependencia intelectual, científica y tecnológica, que es en esencia el problema de la ciencia, del crecimiento y del desarrollo de Colombia. Por eso está anclado en el vergonzoso puesto 69 de la competitividad mundial.

 

Cuando el conocimiento y la creatividad se piense en términos de interdependencia, otro país será Colombia para sus campesinos y ciudadanos,  y otra nación será para el mundo. Dejará de ser patio trasero. Lo que sucedió con el decreto 970 del ICA es un típico comportamiento de patio trasero.

 

No trato de defender la gestión de la Directora Arias,  porque no hablamos desde antes de ser subdirectora, entonces no tengo información desde la fuente. Trato de hacer una severa reflexión para coger la ciencia y la tecnología desde los cachos como de los cachos hay que coger las políticas y problemas estructurales que ahora vive Colombia, como le dijo el gobernador Fajardo al Presidente Santos hace pocos días.     

 

Recomendación


Parte de la decantación de la transición a una sociedad en paz, emergente y de calidad, pasa por la investigación. Esto implica usar las mejores capacidades. Para ello, recomiendo un programa estratégico que dé respuestas a una afirmación: A DÓNDE VA COLOMBIA ®. Y esas capacidades están en los grupos A1 y A de Colciencias. La estrategia consiste en que sigan haciendo trabajos de consultoría de calidad, pero que también tengan líneas de investigación en los nuevos retos de la sociedad, con financiación expedita y continua para que sea claro A DÓNDE VA LA CIENCIA®. A donde va Colombia va su ciencia, a donde va su ciencia va Colombia.

 

Se trata de pensar la nueva sociedad desde la ciencia, entendiendo, interpretando y estimulando la critica, la creatividad, el pensamiento, la interdependencia, y el cambio inteligente sin más violencia.

 

Reflexión final


A lo largo de mi vida he trabajado con jóvenes profesionales de gran inteligencia y creatividad. Los he visto soñar en grandes proyectos, aprender lo que nunca aprendieron en las universidades pero también aplicar lo que aprendieron. Pero también los he visto sufrir en silencio su decepción por la frustración que traen las malas decisiones que abortan proyectos de ensueño.

 

El llamado es que Colombia no puede desperdiciar ese capital irreemplazable e inimitable, porque al final unos cogen el pasaporte y otros se van a la vida normal a trabajar, cobrar, crecer, reproducirse, acumular y conformarse.