Causas de causas en la guerra de las Farc

El reportaje de Karl Penhaul a Fabián Ramírez, segundo al mando de las Farc, revela aspectos que pueden indicarnos, no tanto la evolución del  conflicto en Colombia, sino la mentalidad que tiene el secretariado de las Farc en el tiempo presente, y lo que podemos esperar.

Desde los diálogos del Caguán, seguidos del repliegue de las Farc hacia el Caquetá, Putumayo, Arauca y las fronteras con Venezuela, Ecuador y Brasil; la pérdida de los comandantes Raúl Reyes, el Mono Jojoy y Cano en golpes contundentes de la Fuerza Pública; y la muerte de Manuel Marulanda, desde entonces, Fabían Ramírez se contaba como una sensibles bajas de las Farc.

 

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Ahora reaparece. Recordando la retórica clásica de Manuel Marulanda: “no queremos humanizar la guerra, sino acabar con la guerra”, pero a la clase política no le interesa, “porque la guerra es un negocio”. La guerra se acaba, “llegando a un acuerdo, sin odio, sin ventajas… mirando quien tiene la razón de fondo”.

 

 

Y la expresión legendaria: “Aquí para acabar la guerra, hay que acabar con las causas que la originaron”. Ante la pregunta sobre si seguirán secuestrando políticos: “Los políticos corruptos están asesinando al pueblo, no con las balas, sino con la plata que se roban”. En un país altamente rico, “hay demasiada pobreza. Y esos políticos serán llamados para que respondan ante el pueblo”.

 

 

A la pregunta sobre lo que sucede tras la muerte de sus comandantes: “Aquí hay una línea: muere uno y sigue el otro… la vida es así o, ¿es que no vamos a morir? El reportero lleva sus preguntas a una analogía de hermandad, ¿Por qué no acaban esta guerra fratricida y se tratan como hermanos?, responde el guerrillero: “La clase política de este país no quiere. Los soldados, suboficiales y oficiales de bajo rango saben que no tenemos que enfrentarnos más, ellos lo saben y lo quieren hacer, pero sus altos jefes, sus superiores no lo permiten porque se les acaba el negocio, se les acaba la plata para ellos”.

 

¿Cuáles son las novedades? ¿Algo fundamental que represente un giro copernicano en el mundo insurgente? ¿Se muestran cambios en la estrategia, la mentalidad o signos que anuncien salidas al conflicto armado? Si debemos creer en Fabían Ramírez, ¿en qué precisamente? Muchos deseamos respuestas que se conviertan en caminos de una negociación definitiva.

 

Sin embargo, no las encontramos. El discurso se carga de ambigüedad y  de tautologías. Como su evocación: “acabar con la guerra”; no, “humanizar la guerra”. Su reproducción corresponde a la solución maximalista. Pero inocua. La respuesta sobre “cómo acabar la guerra” se pierde en la historia del tiempo. O algo semejante a ciclos eternos: “La guerra se acaba mirando quien tiene la razón de fondo”. Justamente sobre la superficie de razones de fondo, han fracasado reiterados procesos de negociación. Porque, aunque pueden darse razones, nunca se encuentran las “razones de fondo”.

 

Las tautologías cumplen –ideológicamente- una función semejante a los dogmas en las religiones sagradas: se creen dentro de su propia demostración. “Para acabar con la guerra, hay que acabar con las causas que la originaron”. Con esta lógica, las Farc han demandado del Estado y la sociedad colombiana, una respuesta imposible. Porque éstas deben desaparecer: la pobreza, la inequidad económica, la desigualdad social, las riquezas, el PIB, los Estados Unidos, los políticos, etcétera. Las causas pertenecen a un orden metafísico, un orden ontológico que multiplica “causas de causas”.

 

La lucha armada perdura dentro de un mundo cerrado. Su geografía relaciona un tiempo y un espacio inconmensurable. El discurso de Fabían Ramírez es el mismo que tenía la insurgencia hace 50 años; las categorías que justifican su mentalidad no han cambiado. El giro de su doctrina es un epiciclo: creen en lo que creen.

 

Su crueldad, sin embargo, se manifiesta al creer que todos los demás debemos creer como ellos.