Cacerolazo para la Inteligencia militar

Es preocupante el retorno del fantasma de las “chuzadas” cuando se creía que era un fenómeno ya superado. Que agentes de la BITEC-1 –Batallón de Inteligencia Técnica del Ejercito 1- acepten estar involucrados en la recolección de información, por medio de chuzadas, a los representantes del gobierno en  el proceso de paz es inquietante.

 

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Más inquietante aún son las declaraciones hechas por los entrevistados y testigos a la revista Semana, donde aceptan que eran interceptaciones a personas que tuvieran relaciones con ONG. Además, de figuras públicas como Piedad Córdoba o los negociadores de La Habana, Humberto de La Calle, Alejandro Éder y Sergio Jaramillo.

 

La fachada llamada ‘Andrómeda’ por los militares que participaban en estas actividades, tenia como labor recolectar información acerca de las negociaciones y su proceso, los involucrados no tenían duda que no era una coincidencia que la oficina ‘Andrómeda’ entrase en operación alrededor del inicio de las discusiones de las Farc en la Habana.

 

Aún no se sabe a quien se le enviaba toda la información recolectada ya que aquellos que la recababan solo veían parte de ella “un correo aquí, una conversación allá, etc.”, ninguno de sus participantes obtenía la información completa y según el reporte el alto Gobierno no tenia idea alguna de lo que ocurría con esta fachada.

 

Son cuestionables las brechas que puede haber entre los máximos dirigentes del país y las instituciones militares si fachadas de este tipo pueden operar libre e ilícitamente y también qué conexiones o contactos deben tener ya que lograron saber acerca de las redadas por parte del CTI y la Fiscalía antes de que ocurriesen.

 

Confidencial Colombia plantea los cuestionamientos de ¿por qué a los políticos se les sigue “chuzando” sus teléfonos o dispositivos ilegalmente?, ¿para quién estaba realmente está trabajando esta división de inteligencia militar? y si ¿será la única de su tipo actualmente en operación?

 

Todavía faltan muchas investigaciones para lograr esclarecer cuál era la finalidad de recolectar dicha información o de chuzar a ciertos políticos, pero lo que si está claro es que las chuzadas o el espionaje ilegal de particulares y organizaciones aún no han desaparecido del todo en este país.