Barba hipster, ¿moda o descuido?

Barba viene y barba va. La barba “hipster” se puso de moda en Nueva York hace unos años; hoy, algunos dicen que ha llegado su final.

Hasta hace poco, la barba se asociaba con un “look” descuidado, incluso falto de higiene, hasta que el universo neoyorquino “hipster” la adoptó como símbolo de modernidad popularizándola en todo el mundo. Ahora, algunos gurús de la moda y barberos vaticinan su final, aunque todavía hay barba para rato.

 

En catálogos, pasarelas, alfombras rojas, películas y hasta en campos de fútbol, la barba “hipster”, más fina o tupida según la materia prima de cada uno, se ha convertido en la elección capilar favorita de hombres de todo tipo en los últimos años, “básicamente por una cuestión de moda“, coinciden dos barberos.

 

“Y como todas las modas, pasará a mejor vida”, explica a José Luis Urbano, barbero de Urbano Peluqueros, en Madrid. Su opinión la comparte otro experto, Óscar Gómez, de Barbershop, un local “vintage” que ha visto como el perfil de hombre que lleva barba ha rejuvenecido: “Antes se dejaban barba personas más mayores; ahora vienen chicos de 25 años pidiéndola”.

 

Barba de literato

 

 

En otro tiempo, ilustres escritores y galanes la lucieron como arma de distinción y parece que la barba funcionó entre ellos como una especie de código estético que denotaba madurez e inteligencia.

 

Tolstoi, Cortázar, Dickens, Dostoievski, Hemingway, Unamuno o Zola lucieron barbas más o menos densas, aunque uno de los que mejor la llevó, siempre arreglada, fue el elegante Mariano José de Larra, un dandi que todavía inspira a aquellos que pretenden parecer interesantes y alternativos.

 

 

Años después de aquellos cafés literarios que rezumaban pensamiento y estilo, los nuevos dandis de ciudad acompañan la barba con trajes de punto, esmoquin informal y pantalones tobilleros: algo tiene que ver la fiebre “vintage” en estas nuevas tendencias.

 

Barbas floridas o “hippies”


 


Hay quienes aportan un toque “hippie” y bohemio a sus melenas faciales colocando casuales florecillas en la barba (sobre todo, margaritas), todo un guiño a lo “indie” que recuerda a la canción de John Phillips, “San Francisco”, en la que se invita a decorar el pelo con flores para visitar esta ciudad estadounidense.

 

Santa barba



Muchas religiones han santificado la barba como un símbolo de respeto hacia Dios, y en algunas culturas la utilizaron para dejar traslucir fiereza. Los espartanos, en la Grecia Antigua, castigaban a los que mostraban signos de cobardía afeitándoles la barba, ese talismán que Sansón llevaba erizada en siete trenzas y que esconde la identidad de Santa Claus en Navidad.

 

Siglos después, la barba perdió significados existenciales para convertirse, simplemente, en una tendencia bella y velluda nacida entre los urbanitas más “it” de Nueva York, donde los implantes de pelo se han duplicado -cuestan unos 7.000 dólares para que ni siquiera los barbilampiños se queden fuera.

 

Pero la barba, el nuevo objeto de deseo al que algunos ya han puesto fecha de caducidad, no está hecha para descuidados, aunque el estereotipo juzgue todo lo contrario.

 

“Hay que recortarla en una peluquería cada diez o quince días y, sobre todo, lavarla a diario con un jabón de manos o neutro”, advierte Urbano, quien sabe mucho del tema, porque él mismo ha llevado barba durante 13 años, aunque ahora se ha afeitado “para no seguir la moda e ir igual que los demás”.

 

Tomado de Efe Estilo