Alfredo Castillo, el joker de Peña Nieto

Todos conocemos a los Peña Nieto, a los Maduros, a las Dilmas y Bachelets, pero ¿por qué no nadar en aguas más profundas? Aquí la segunda entrega de #PoderososNoFamosos.

Si la política fuera un juego de póquer, Alfredo Castillo sería el joker o comodín en la baraja del presidente Enrique Peña Nieto, esa carta que sirve para suplir a cualquiera de las otras.

 

Entre los hombres más cercanos a Peña, él es el más versátil. Más que por eficiencia, su cercanía con el Presidente lo ha llevado a ocupar cuatro cargos distintos, en tareas que van de la seguridad al deporte, en los dos años y medio que lleva el actual gobierno.

 

Castillo Cervantes está por cumplir 40 años el 25 de este mes. Es militante del Partido Revolucionario Institucional (PRI), amigo de Peña y primo de Humberto Castillejos Cervantes, el poderoso consejero jurídico de la Presidencia.

 

En tres ocasiones Peña movió a su joker de un puesto a otro para enfrentar situaciones de crisis, una cuando todavía era gobernador del Estado de México y dos más ya en su periodo presidencial.

 

Abogado, politólogo y economista de profesión –desde estudiante tenía propensión a ser “mil usos”– inició su carrera en las áreas de seguridad en 2002, cuando fungió como asesor de Rafael Macedo de la Concha, el entonces titular de la Procuraduría General de la República (PGR).

 

Su cercanía con el Presidente se remonta a 2010, cuando Castillo era subprocurador regional de Cuautitlán Izcalli y Peña, gobernador del Estado de México. En mayo de ese año fue nombrado procurador estatal en medio de uno de los episodios más dantescos de la administración peñista.

 


El caso de la niña perdida

 

Durante diez días, a la recámara de Paulette Gebara Farah entraron más de 200 personas entre parientes, amigos, agentes judiciales, peritos, medios de comunicación y aun perros entrenados para localizar personas extraviadas… y nadie se percató que el cadáver de la niña estaba en su propia cama. Eso fue lo que concluyó la Procuraduría mexiquense encabezada por Alberto Bazbaz sobre la desaparición de la menor.

 

Según la versión de las autoridades, Paulette se había asfixiado con sus propias sábanas. El daño a la imagen del entonces gobernador Peña por tan aberrante historia –los más críticos la bautizarían como el caso del “colchón asesino”– creció cuando también se supo que la familia Gebara Farah estaba ligada a una red de intereses político-empresariales del Estado de México.

 

Tal descrédito afectaba las aspiraciones presidenciales de Peña Nieto, quien finalmente forzó a Bazbaz Sacal a dimitir; pero fuera de toda lógica nombró a Alfredo Castillo, el segundo personaje que estuvo al frente del caso, como el nuevo procurador.

 

Castillo había sido el primero de los funcionarios que entraron al cuarto de Paulette sin encontrar rastro del cuerpo. Luego se justificaría alegando que su personal nunca inspeccionó a fondo la habitación porque buscaban “a una persona viva, no muerta”.

 

A partir de allí Castillo fue adquiriendo cada vez más poder. Fue ratificado en su cargo por el nuevo gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, pero más tarde dejó el puesto para integrarse al equipo de Enrique Peña Nieto, quien ya portaba la banda presidencial en su pecho.

 

Peña lo nombró subprocurador en la PGR, posición desde la cual llevó a la cárcel a la poderosa lideresa magisterial Elba Esther Gordillo.

 

Posteriormente lo colocó al frente de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), luego de que su titular renunciara por el episodio protagonizado por su hija, quien movilizó a inspectores de la dependencia para que clausuraran un restaurante sólo porque no le dieron la mesa que quería.

 

El ascenso del virrey

 

En enero de 2014, Castillo llegó a Michoacán como comisionado nacional de seguridad para controlar la violencia desatada en el estado por el crimen organizado y el surgimiento de grupos de autodefensa.

 

Sus críticos señalan que Castillo se comportó más como un “virrey” que actuaba por encima del gobernador y del congreso local, que encumbró y luego traicionó a los grupos de autodefensa y que pactó incluso con facciones criminales.

 

En esa ocasión, el “apaga-fuegos” del Presidente no sólo no controló el incendio sino que tuvo que ser removido de su cargo porque corría también el riesgo de quemarse.

 

El 6 de enero de 2015, cuando todos los sistemas de seguridad estaban en manos de Castillo, policías federales ejecutaron a 16 pobladores del municipio de Apatzingán.

 

Experto en contar historias que nadie cree, lo que quedó de manifiesto desde el caso Paulette, Castillo dijo a la prensa que se trató de un enfrentamiento con un saldo de ocho muertos “por fuego amigo” y un atropellado.

 

Sin embargo, una investigación periodística publicada meses después tiró la versión del enfrentamiento y reveló que la policía federal había disparado en contra de un centenar de personas inermes o armadas en su mayoría con palos.

 

Aunque Castillo niega la versión del reportaje, lo cierto es que fue retirado precipitadamente de su cargo tres semanas después de la masacre y mantuvo un perfil bajo hasta que Peña le dio un nuevo nombramiento, lejos por completo de las tareas de seguridad.

 

Capricho cumplido

 

“Si se trata de escoger lo que yo quiera pues mándeme a la Conade”, expresó Castillo a Peña al inicio del sexenio cuando éste le preguntó qué cargo le gustaría. Su amigo le cumplió el capricho.

 

Sin experiencia previa en el ámbito deportivo, más que su afición por el tenis que practicó desde niño, Castillo llegó a la Comisión Nacional del Deporte (Conade) el pasado mes de abril.

 

En el póquer, el joker se utiliza para generar una jugada ganadora. A juzgar por los resultados del comodín de Peña, sus cargos parecen depender más de una cercana amistad con tan polémico personaje que de una estrategia inteligente. El regalo de la Conade pese a su desastrosa gestión en Michoacán así lo demuestra.

 

“El presidente no tiene amigos”, señaló Enrique Peña Nieto al diario El País en 2014. ¿Qué pasaría si sí los tuviera?

 

Saúl Hernández (1986) es periodista mexicano, trabaja en el periódico El Universal. Es uno de los 16 integrantes de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas, iniciativa inédita para impulsar el periodismo regional y destacar nuevos talentos.