¡Acabar el salario mínimo y todo lo demás!

Estamos en  mora en este país de declarar oficialmente y de una buena vez por todas a los sindicatos y la vagabundería esa anarco-chifla micas de las centrales de trabajadores, como lo que son, organizaciones terroristas que combinan todas las formas de lucha, como la gritería, la lobería y el pataleo.

Por estos días que los subversivos pretenden volverse a aumentar los salarios, empezando por el tal mínimo  -que sumado nos cuesta una fortuna a la gente emprendedora, propietaria y de bien- debemos devolverles la torta envenenada de sus pretensiones ilegítimas y aprovechar la ocasión para decretar la baja general de salarios y, en no pocos casos, la eliminación definitiva de cualquier remuneración.

 

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No solo no hay que aumentarles un solo peso del mínimo, sino bajar esa vaina a sus justas proporciones. Empecemos  por el análisis metódico de las verdaderas necesidades del populacho y ahí si podremos llegar a cifras serias. El pueblo no necesita vivir sino sobrevivir. De tal manera que hay que descartar de plano necesidades que no tienen, como por ejemplo lo de la salud: el problema en este país, es verdad, es que hay mucho pobre y en consecuencia desempleo.

 

Si nos ahorramos la vaina esa que de todas maneras no funciona del Sisbén,  las EPS  y demás vagabunderías proteccionistas y populistas a la Petro,  pues no hay problema sino solución. Es como lo de San Andrés Pastrana y el mar ese donde pescan los negros. Menos Colombia, menos problemas. Sin salud,  habrá cada vez menos pobres y en consecuencia menos problemas, menos ñeros,  menos guerrilleros, menos bocas. Hay que volver a las fuentes de Malthus cuando en inefable momento dijo que la única manera de acabar con la pobreza es acabar con los pobres.

 

Ya sin salud pagada pues menos costos y menos enfermos. Además, al ritmo que se reproducen los menesterosos, por más que fallezcan, nunca faltará la mano de obra.

 

Otra vaina costosísima, sobre todo para nosotros, es la educación de esas acémilas. Ni les vamos a poner un peso en ese exceso ni ellos necesitan ni una moneda. Simplemente no hay que educarlos. Por haber aprendido a leer y a contar es que nos tienen contra la pared, exigiendo vainas, con pliegos petitorios y demás. Y cuando no andan pidiendo plata ¡piden derechos!  Cada derecho que les otorguemos nos arruina…

 

Veamos las cifras reales. Un pobre se alimenta sin problemas en un día con un pan de $ 500, una manotada de arroz y digamos que un huevo. Leche no hay que darle ni a sus bebés,  porque se poposean  y Colombia empieza a oler a feo. Alimentarlos  no cuesta más de $1.000. Una familia de mestizos promedio, sobrevive con $5.000 diarios de comida, lo  cual significa un  máximo de $150.000 al mes. Y como trabajan de puros empecinados desde que tienen siete años, pues el salario familiar es suficientísimo.  Transporte no necesitan, porque se les debe obligar a andar a pata y de paso descontaminamos. O es que antes de que los blancos les trajéramos la rueda ¿los indios andaban en buseta?

 

En vivienda a esa gentuza le basta un tugurio, una carpa o una pieza donde quepan todos con todo y tía. Máximo $30.000 al mes vale ese lujo. Y si Vargas Lleras quiere construir para que luego voten por él, pues que haga diez lindas torres de 60 pisos en el Parque de la 93 o en Rosales tapando los cerros, donde los votos si son contados.

 

Los pobres, servicios no pagan porque siempre los piratean. ¿Vestido?  Una muda al año es más que suficiente. Eso no vale más de $10.000 ¡y caro! Una camiseta, un pantalón y  unos alpargates se consiguen a ese precio en San Victorino. Por cinco dan $ 50.000, dividido en doce meses $ 4.175. ¡Y no más, carajo! 

 

Sumado todo lo anterior que ya es desproporcionado, el salario mínimo, con gabelas y gran generosidad, debe ser entonces de $ 184.175. Y andan pidiendo estos gamines avaros que destruyen así la economía nacional ¡$586.597! 

 

Nos están robando cada uno y cada mes $ 402.422. Multiplicado por el millón de abusivos que se ganan el mínimo, nos están arrebatando cada  mes por lo menos 402 mil millones de pesos…

 

Con esa plata que nos tumban que es una plusvalía a la inversa y en detrimento del capital honesto, podríamos invertir en más máquinas y robots para no tener que emplearlos. Comprar moto sierras y Bacrim para contenerlos, reforzar el ESMAD,  ¡Bandidos, atracadores, pedigüeños, igualados, resentidos, progresistas, polistas!

 

Si aun fuera posible el lindo ejercicio de la esclavitud como antes de 1851 cuando el José Hilario López nos jodió el negocio, todo andaría sobre ruedas. Pero con tanta ONG suelta ya ni nos atrevemos a ejercer ese, un derecho legítimo de raza y de clase, que nos fue arrebatado por las hienas de la revolución Francesa y bichos posteriores.

 

¿En cuál articulo de cual código se obliga al empresario honesto a subirle cada año el sueldo a la indiada? ¡Qué nostalgia de la rentable Encomienda de la Colonia! No más concesiones y conciliaciones con esa gente paria que no paga impuestos y  que infesta al país con su reagetón, sus cochecitos de bebé y su pedidera constante. 

 

Pero claro, los  liberales y los Robledos todavía le paran bolas a los bucaneros de las centrales obreras, incapaces de seguir el glorioso camino de los Garzones, Lucho y Angelino, que si entendieron que la única manera para  el pobre y el trabajador de acceder a la movilidad social, no es trepando lomas, sino tomando los nacarados ascensores que el poder le ofrece a quienes traicionan a su clase de patirajados.

 

Ese debate chimbo de la negociación del salario mínimo se debe acabar. El gobierno, nuestro gobierno,  le echa lápiz a la vaina, llega a la cifra, la decreta y la impone sin consultarle a la gaminería. ¡Punto!  $184.175 al mes y al que no le guste ¡pues bala señores!

 

Y además hay que disminuir en esas mismas proporciones todos los salarios de la pobrecía y de la clase media, que osan pasar de seis dígitos. Hay que bajarle el sueldo a todo trabajador por lo menos en un 66% para que nuestra economía avance a límites insospechables. ¡Ahorro para la gente-gente!  ¿Se imaginan  la dicha de las señoras de buena cuna y endolaradas comprando en Cartier o en Louis Buitton?  ¿O las damas de acompañamiento y demás grillas de los hermanos traquetos  gastando a manotadas en Falabella o en Studio F?

 

Rafael Mejía López, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia y jefe encargado del Consejo Gremial Nacional, amárrese bien los pantalones y siga mis instrucciones. Y acuérdese que esos burócratas sindicalistas, cuando no son extremistas de izquierda, algunos son torcidos como  nosotros y en eso nos entendemos. Si es necesario, ofrézcales de ladito una platica de viuda, que ellos sabrán agradecer. Y sobre todo, doctor querido, hay que bajar esos salarios. Con ese ahorro y lo que nos ganamos en la evasión y con la benéfica reforma tributaria que nos están tramitando los -ellos si- buenos asalariados del Capitolio, iniciativa loable que reducirá el impuesto de renta a las empresas del 33 al 25%, seguro haremos mucho más empresas y le pondremos  la pata en riqueza a la propia Suiza. .

 

Que estamos en pleno crecimiento económico, que de él se tienen que beneficiar también los trabajadores, que la productividad…  ¡Pamplinas!    En ese orden de ideas ¿tocará también pagarles el tratamiento del cáncer de próstata? ¡Ni más faltaba! ¡Que se los pague Chávez o Fidel!