‘A robar al Tía’

Por: Gregorio Peñaloza S.

De niño, en el barrio y el colegio solía utilizar una frase que me parecía chistosa y adecuada para ‘bajarle la caña’ a los fanfarrones y en general a aquellos que querían impresionar a punta de mentiras y trampas. No faltaba el presumido amigo de ocasión, que se las quería ganar todas de viveza fabricando engaños tales como achicar el improvisado arco de fútbol o patear el balón desde más cerca para facilitar la anotación de un gol. OPINIÓN.

‘A robar al Tía’, era la sentencia que dejaba al descubierto al pequeño pillo que aprovechaba el mínimo descuido para ganar unos cuantos metros de distancia y salir victorioso. ‘El Tía’, no es más que una popular cadena de autoservicios que se instaló en Bogotá en 1940 y que actualmente atiende a diario más de 60.000 personas. Al parecer, entrar a los almacenes y sustraer mercancía no era difícil y de ahí nació el dicho que tanta gracia me hacía y que lo único que pretendía era dejar en evidencia al timador de turno en los múltiples juegos de niñez.

El 8 de julio de 2014, muchos años y mundiales después tras el quinto gol alemán en semifinales de Brasil 2014 y verle la cara de perdedor al arrogante Luiz Felipe Scolari volví a soltar la frase. Y es que Alemania desnudó y dejó en evidencia el equipo de mentiras que montó Brasil para el mundial que organizó. No dejaba de ser increíble, el espectáculo lastimero que venía mostrando el anfitrión con partidos llenos de patadas y balones reventados a la tribuna, con jugadores limitadísimos como Fred, Luiz Gustavo, Dante y Hulk.

El 1 – 7 aparte de ser histórico, no tener precedentes en una semifinal y dejar al scratch fuera de carrera en su aspiración de llegar a la final, marca el epílogo de la tramoya que la Confederación Brasileña de Fútbol y la FIFA montaron para que los pentacampeones estuvieran en semifinales. Fuera quien fuera el árbitro, le iba a quedar muy difícil pitar fueras de lugar inexistentes o inventarse faltas en cada envión de los ‘panzer’ europeos.

Sin Neymar y enfrentando a la aplanadora teutona, también descubrimos lo troncos que son Marcelo y David Luiz (y pensar que a este último lo estaban postulando como el mejor jugador del mundial). Y es que el baile fue tan bravo y contundente que el matón de esquina de Fernandinho, el mismo que cosió a patadas a James Rodríguez, no encontró ni la pelota ni las piernas rivales para como acostumbra, dejar marcados los taches de sus guayos.

Los colombianos sentimos como propios los goles, hallamos alivio al saber que ‘el robo’ no se iba a consumar de manera completa y que los brasileños ya no iban a ser campeones. Tuvimos nuestro pequeño desquite, la fiesta fue redonda. Aparte de la goleada, Miroslav Klose marcó su tanto número 16 en los mundiales y superó a Ronaldo como el máximo anotador, y esto lo logra en el propio Estadio Mineirao de Belo Horizonte, en la propia cara de los dueños de la fiesta y en la propia cara de Ronaldo que desde el palco de prensa fue testigo del papelón que hizo la verdeamarela. Un dato que parece nimio pero me resulta emocionante, es que los alemanes utilizaron un atuendo a rayas negras y rojas que imita el uniforme del Flamengo, uno de los clubes más populares de Brasil. ¿Qué tal el lujo?

No me importó, debo aceptar que mi malevolencia me hizo disfrutar viendo llorar a mujeres, niños y ancianos en las tribunas; todas esas lágrimas contadas no superan las que le hicieron derramar a James y Pékerman. En este caso, la justicia actuó rápido para poner en su sitio a los pícaros e insoportables brasileños. Muller, Klose, Khedira, Schurrle y Kroos juntaron la artillería para decirles: ‘Aquí no más, A robar al Tía’.