27 años de memoria

Las víctimas de la tragedia del Palacio de Justicia, ocurrida el 6 de noviembre de 1985, volvieron a pedir que los crímenes de sus seres queridos no queden impunes. Hicieron un ejercicio contra el olvido y culparon de nuevo al Estado por lo ocurrido esa larga noche de fines de año. Imágenes.

“¿Dónde están los desaparecidos?”.

 

Esta es la pregunta que retumba desde hace 27 años en la mente de las víctimas del Palacio de Justicia y es el grito que quieren comunicarle al Estado colombiano. Los familiares exigen, desde hace casi tres décadas, su derecho a la verdad, la justicia y la reparación.

 

Llegaron a la Plaza de Bolívar y se plantaron al frente del Palacio. Se ubicaron en el mismo lugar por donde una tarde de noviembre entraron tanquetas del ejército a “retomar” un edificio institucional penetrado por guerrilleros del M-19.

 

Armados, como hace mucho, de las pancartas que recuerdan a sus familiares, se reunieron para conmemorar un aniversario más de la masacre que marcó sus vidas. Allí llegaron los viejos, los hermanos, los esposos y esposas y los hijos.

 

Muchos, la mayoría de ellos, portaba una camiseta con la palabra impunidad tachada, imitando una señal de tránsito. Así gritaron durante horas “dónde están”, “el Estado es el responsable” y hablaron ante los micrófonos y algunas cámaras.

 

“Muchos de los que cayeron no tenían nada que ver con el conflicto que se estaba viviendo en el Palacio”, comentó el padre de una de las empleadas de la cafetería que cayó en el trágico episodio. Su rostro mostraba un dolor intacto y la necesidad expedita de conocer el paradero de su hija.

 

También llegaron los familiares de los magistrados y de algunos de los personajes que, via video, fueron identificados cuando hombres del ejército los sacaban del edificio. Casi 30 años después, sienten que la justicia no ha funcionado.

 

Confidencial Colombia acompañó a los afectados por uno de los episodios más impactantes de la historia reciente del país. Después de la tragedia, de la lucha judicial, de la exigencia de verdad, el ejercicio de recordar y de no olvidar a sus seres queridos adquiere para ellos una relevancia notoria.