Un lord británico dimite por llegar dos minutos tarde al Parlamento

Un diputado del Partido Conservador británico dimitió a su cargó después de llegar dos minutos tarde al Parlamento. Su demora le impidió contestar a una pregunta de los laboristas, lanzada por Ruth Lister, sobre la brecha salarial. La primera ministra británica, Theresa May, no ha aceptado su dimisión al considerarla “innecesaria”.

 

Mis sinceras disculpas a la baronesa por mi descortesía de no estar en mi lugar para responder su pregunta en un asunto muy importante al inicio de la sesión”, dijo el diputado durante su intervención en el Parlamento.

 

“Durante los cinco años que he tenido el privilegio de responder preguntas desde mi posición en nombre del Gobierno, siempre he creído que debemos elevarnos a los más altos estándares posibles de cortesía y respeto, a responder en nombre del Gobierno a las legítimas cuestiones de la Asamblea”, añadió.

 

Me siento profundamente avergonzado de no haber estado en mi lugar y, por tanto, debo ofrecer mi renuncia a la primera ministra con efecto inmediato. Mis disculpas”, añadió para después colocar los papeles que traía debajo del brazo y abandonar la tribuna ante la mirada atónita del resto de lores, que le gritaban que se quedase.

 

En su ausencia, otro miembro de su grupo se hizo cargo de la respuesta. Michael Bates ocupa el cargo de ministro de Estado en el Departamento para el Desarrollo Internacional.

 

Las incertidumbres del Brexit

El referéndum sobre el Brexit celebrado el 23 de junio de 2016 abrió una etapa de incertidumbre sin precedentes en la historia de la Unión Europea. Por primera vez, un estado miembro decidía abandonar un proceso de integración considerado casi como irreversible. Las fronteras de la Unión Europea no habían hecho más que ampliarse, incorporando cada vez a más países. A grandes rasgos, el núcleo inicial de los fundadores, se amplió primero hacia el noroeste, después hacia el sur y finalmente hacia el este, hasta alcanzar los 28 miembros.

 

Al mismo tiempo, los poderes de la Unión, las competencias transferidas por los países para ser gestionadas en el nivel europeo, eran cada vez más extensas. Tanto cuantitativa como cualitativamente la integración europea se desarrolló como un proceso incremental, siempre creciente, sin que existiera un plan trazado en el caso de que algún estado decidiera revocar su pertenencia. En este sentido, el Brexit supone la primera ruptura en más de medio siglo de historia común y abre dos grandes interrogantes a los que merece la pena referirse: ¿Cuál será el futuro del Reino Unido? Y ¿Cómo será la Unión Europea post-Brexit?

 

Ambas cuestiones tienen el calado suficiente como para poner en evidencia la multitud de retos que se presentan a ambas partes. Las negociaciones sobre el Brexit no solo son cruciales para el futuro del Reino Unido individualmente considerado, también determinarán la naturaleza de las instituciones europeas y el rumbo que la Unión tome en los próximos años. La falta de precedentes y la sucinta redacción del hoy célebre artículo 50 del Tratado de la Unión Europea dejan cualquier posibilidad abierta.

 

Es por ello que Theresa May ha insistido tanto en que las negociaciones para la salida deben aportar, ante todo, certidumbre. Su discurso en Lancaster House en enero de 2017 hacía de la “certidumbre y la claridad” el primer objetivo de todo el proceso de negociación. Su intervención en Florencia el pasado 22 de septiembre respondía también a esa necesidad de fijar con claridad las posiciones respectivas y generar confianza en personas, mercados e instituciones. El gobierno británico es consciente del abismo en el que puede sumir al país una mala negociación.

 

Cuestiones como los derechos de los ciudadanos europeos en suelo británico y de los nacionales británicos en suelo europeo, el futuro de las relaciones económicas y comerciales una vez abandonado el mercado único, la cooperación en materia de seguridad (en un mundo en el que el crimen y el terrorismo no conocen fronteras) etc., son algunos de los asuntos a dirimir, para los que May ha pedido soluciones “creativas e imaginativas”.

 

Sin embargo, las incertidumbres del Brexit no parecen haberse despejado tras el discurso de Florencia. Hay que pasar de las palabras a los hechos y de momento ambas partes reconocen que las negociaciones no han producido progresos significativos. La propia posición del gobierno británico se encuentra dividida entre los partidarios del “Brexit suave” (Philip Hammond) y del “Brexit duro” (Boris Johnson).

 

La Unión Europea, por su parte, también debe aprovechar el momento crítico del Brexit para decidir hacia dónde quiere ir en las próximas décadas. El documento sobre el futuro de la Unión presentado por la Comisión europea hace unos meses (White paper on the future of Europe) dibuja cinco posibles escenarios que son otras tantas vías para tratar de neutralizar la incertidumbre abierta. El Brexit no deja de ser una oportunidad para redefinir la naturaleza de la Unión y replantear el grado de integración que se quiere alcanzar. Los éxitos obtenidos hasta ahora, que son muchos -la paz en el continente, las cuatro libertades, el mercado único, la cooperación interterritorial etc.- no deberían, en ningún caso, malograrse.

 

 José Ruiz Vicioso

Jefe de estudios de la Fundación Iberoamericana Empresarial

 

Seis cuestiones para explicar el Brexit del Reino Unido

Ayer arrancaron las conversaciones para pactar el Brexit, un proceso de vital importancia tanto para Reino Unido como para la Unión Europea. A continuación, diseccionamos el proceso de desconexión en seis claves:

 

1. ¿Por qué abandona Reino Unido la Unión Europea? Para sofocar la división que Bruselas siempre había provocado entre los conservadores británicos, David Cameron cedió con un referéndum que, el pasado 23 de junio, certificó una inesperada salida. No obstante, el terremoto político generado motivó retrasos y el proceso no arrancó oficialmente hasta el 29 de marzo, cuando Theresa May invocó el artículo 50 del Tratado de Lisboa.

 

2. ¿Cuánto tiempo hay para negociar? Técnicamente dos años, aunque el margen podría ampliarse si las partes lo desean. No en vano, en términos prácticos el plazo llega hasta octubre del próximo año, puesto que hay que dejar tiempo para que lo aprueben Westminster, la Eurocámara y la Comisión Europea. Por ello, se asume que serán necesarios acuerdos transicionales más allá de marzo de 2019.


3. ¿Cómo podría afectar la situación política? El margen del Gobierno ha quedado severamente reducido tras la pérdida de la mayoría absoluta que los tories ostentaban hasta el 8 de junio. La premier británica Theresa May adelantó las elecciones generales para ampliar su hegemonía, pero el varapalo electoral la deja expuesta a la voluntad de un partido profundamente dividido en materia de Europa y a la necesidad de hallar consensos en el Parlamento.


4. ¿Cuáles son los principales contenciosos? Para empezar, Reino Unido quería abordar en paralelo la negociación del divorcio y la de la relación comercial, una ambición descartada por una Unión Europea que quiere resolver primero el futuro de los ciudadanos comunitarios en suelo británico, la factura de la ruptura, que podría ascender a 100.000 millones, y el nuevo encaje de la frontera con Irlanda.


5. ¿Qué significan ‘Brexit duro’ y ‘Brexit blando’? Es la denominación popular para referirse al grado de separación de los futuros exsocios una vez completado el proceso. El Brexit duro implicaría romper sin matices con el mercado común, la unión aduanera y la jurisprudencia del Tribunal de Justicia. El blando, mientras, supondría mayor cercanía con el bloque comercial, con concesiones como aceptar el movimiento de personas.


6. ¿Qué pasa si no hay acuerdo? Para empezar, Reino Unido quedaría al amparo de la Organización Mundial de Comercio, lo que acarrearía control de aduanas y costosas tarifas, tanto para las importaciones como para las ventas al exterior. May está dispuesta a este desenlace, antes que aceptar términos que no convengan, pero el coste económico sería monumental.