La opinión de Jaime Polanco: México, divide y vencerás

Sorprende la naturalidad con la que los mexicanos van asumiendo los avatares del acontecer político. Cinco años de gobierno del PRI han dejado el ánimo de la gente congelado y con pocas ganas de experimentar lo nuevo. La designación de José Antonio Meade como candidato del Presidente Peña Nieto ha dejado fríos a la gran mayoría de militantes de su partido, y más sorprendidos a los que otrora compartieran con él, ideologías más conservadoras.

 

El temido “dedazo” ha tenido lugar otra vez en medio de grandes incertidumbres sobre quien era la persona más idónea para tratar de convencer una vez más al electorado medio. El histórico partido priista enlozado en todo tipo de escándalos de corrupción y con un débil mensaje sobre su capacidad de gobierno , ha estudiado bien su potencia de fuego y la posibilidad de sorprender a los demás, con un perfil muy por debajo de lo esperado e ideológicamente más a la derecha.

 

Le estaba costando mucho al gobierno comprobar que la popularidad de Andrés Manuel López Obrador, lejos de bajar, estaba repuntando. Algunos pensaban que como él, es su más fiero enemigo, como ya ha demostrado en algunas ocasiones, iba a empezar a inmolarse antes de que llegara el momento electoral propiamente dicho. De momento se equivocan y las encuestas están apuntando a lo contrario. Parece que ha aprendido la lección. Sus bravuconadas y desafíos de siempre, a la clase dirigente mexicana, han descendido notablemente para la tranquilidad de muchos. MORENA, su partido, está en la prioridad de muchos estados de México y principalmente en la capital de la república.

 

El gobierno en su afán de alentar esa política tan antigua de “divide y vencerás” ha conseguido que el partido derechista PAN esté roto en mil pedazos. El abandono de Margarita Zavala de las filas del partido ha abierto un hueco de agua que ya nadie podrá tapar, ni siquiera su atrevido líder Ricardo Anaya. La posible consolidación del Frente Ciudadano con otros actores como Alejandra Barrales o el mismísimo Dante Delgado, lo único que están consiguiendo, es que los dirigentes del PRI se froten las manos de semejante oportunidad de dividir a derecha e izquierda con coaliciones demasiado virtuales. Las alianzas tienen poco porvenir con tanto protagonismo y ego interno como están demostrando estas últimas semanas.

 

Ya pasó en elecciones anteriores la teoría del “voto útil”. Hace 12 años los priístas pedían con descaro, el voto para Felipe Calderón en detrimento de su propio candidato Roberto Madrazo para que no ganara la amenazante izquierda. Algo parecido pasó en las últimas elecciones que pusieron a un joven ex gobernador en la mas alta jefatura del estado. Las cosas no han ido bien y por eso las prisas en poner un político poco quemado y con un nivel de desfavorabilidad bajo, al frente de la gran maquinaria del partido, que hará de él, un candidato idóneo, para poder impulsar nuevas ilusiones de seguir gobernando otro sexenio.

 

Todavía son muchas las asignaturas pendientes del gobierno del Presidente Peña. El débil crecimiento de la economía, la inflación por encima del 6,5%, las reformas estructurales a medio camino, el aumento de las desigualdades sociales, la solución de los problemas con el vecino del norte y la atascada negociación sobre los acuerdos comerciales que dieron lugar al TLCAN. La tormentosa plaga de la corrupción y sus conexiones con el infernal mundo del narcotráfico, hacen que las estadísticas por tenebrosas, hablen por sí solas. Con semejante panorama, las encuestas de popularidad del Presidente le sitúan en las cotas mas bajas dadas a un político en la historia reciente de México.

 

Pero, ¿cuales son las estrategias para un partido en el gobierno con semejante nivel de impopularidad? La división de los demás. La comunicación del gobierno de la proclama “conmigo o contra mí” está en marcha. El diseño de estrategias para que los frentes a izquierda y derecha vayan divididos es una realidad en estos momentos. Hacer crecer las diferencias entre ellos está consiguiendo que las alianzas puedan fracasar antes de hacerlas públicas. Estos episodios, por supuesto, facilitan la labor del candidato Meade al consolidar los votos de siempre con los verdes y algunos prestados por los desanimados en ambos lados al no obtener respuestas a sus demandas. Casi siempre es así, pero con el paso de los años empieza a ser un poco cansino que los perjudicados de este ajedrez político sean los mismos ciudadanos de siempre. Allá ellos, el tiempo en política juega en su contra.