Cosmorama, Opinión

Vidas paralelas de argentinos, españoles, italianos y paisas

Cuando alguien se atreve a realizar comparaciones entre personas o naciones debe analizar las características psicológicas de los puestos en confrontación.   Existen rasgos típicos de las gentes de algunos lugares que concuerdan con los de otras geografías.  Así como un noruego dista en su comportamiento de un lugareño del trópico centroamericano, igualmente puede destacarse la identidad de comportamientos generales de nacionales de Italia, Argentina, España y Colombia, especialmente de su región paisa.   Alegres, dicharacheros, bullosos, fanfarrones, competidores, envidiosos, ambiciosos, emprendedores, creadores, supersticiosos, nostálgicos, románticos, en suma,  extremadamente latinos somos los italianos, argentinos, españoles y paisas.   Somos gentes que vivimos tendiendo siempre al extremo, somos exagerados, hiperbólicos, desmesurados para hablar, pensar y gozar de las cosas y de las personas, pero también padecemos estados psicológicos negativos y somos proclives a la tristeza, la depresión, la melancolía.

Impulsados por guerras devastadoras, hambrunas despiadadas y desempleo extremo, los italianos debieron emigrar en décadas anteriores al sur de América para obtener una vida mejor, un nivel de vida más acorde con la dignidad humana.

Alentados por la aventura, la codicia y el ansia de poseer tierras y acumularlas para hacerse ricos, miles de paisas del viejo Antioquia emprendieron por las dos centurias anteriores la llamada colonización antioqueña rompiendo trochas, valles y montañas para fundar una de las razas más emprendedoras, inteligentes, amables como nostálgicas, que es la de la Gran Caldas.   Similar proceso recorrieron los españoles venidos a América luego del descubrimiento de la corona española, liderada por los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel la Católica, quienes desde la Segovia medieval apoyaran la osada aventura del descubrimiento de tierras desconocidas, liderada por el italiano  Cristóbal Colón.

Estos 4 grupos étnicos comparten la característica psicológica de ser omnipotentes, destinados, según nosotros, a ser los mejores, los más vivos, los más listos, cuales niños malcriados creemos ser el centro de atención y admiración.  Sobreprotegidos por la madre, a la que exaltamos a niveles superiores, casi divinos, con padres ausentes o al menos la figura paterna eclipsada por la materna.

Para el italiano la madre lo es todo, mamma mía, es la expresión cotidiana y múltiples veces repetida por italianos de la más tierna edad.   La vieja representa para el argentino la figura más respetada de la familia y el viejo, al que se le quiere y se le considera más un amigo que un padre de familia, orientador, guía y maestro.   Para el paisa, su mamá es la adoración divina humanizada.    Nada encaja en el antioqueño y del Gran Caldas el amor y devoción por la madre como aquella hermosa canción interpretada magistralmente por la agrupación argentina, Los Chalchaleros, mamá vieja.  No menos amor por la madre, superior al del padre, tienen los españoles por la mujer que les dió la vida.

Trashumantes, vagabundos y emigrantes es el rasgo típico de argentinos, italianos, españoles y paisas, de allí la nostalgia, la morriña, la tristeza, el recuerdo permanente de su tierra natal que unos y otros padecen cuando están lejos de su lugar de origen.

Las canciones italianas que aun tararean abuelos y descendientes de la bahía italiana en tierras argentinas, reflejan un estado de ánimo, de tristeza, nostalgia y añoranza por al tierra que un día dejaran allende el mar.

Jotas aragonesas, canciones asturianas, canarios andaluces y ritmos de sus regiones, también degustan los españoles en tierras extrañas.   En cuanto a Galicia, es una emblemática melodía gallega creada y cantada por Julio Iglesias, que le canta a la bella y verde tierra de su padre, una especie de himno de Galicia para sus habitantes de la tierra del finisterre o fin del mundo.  Y qué decir del tango, de esa melodía triste que se baila al decir de Borges, ese ritmo bailable, erótico, de mensaje triste, nostálgico, un llorar del alma a través de una letra milonguera tan amada, tan vivida y tan padecida por antioqueños y  nativos del Gran Caldas.

Las cantatas autodestructivas, violentas, de autorreproche, están ligadas a la melancolía, la depresión, tan propias del exiliado, del inmigrante, del aventurero, se reflejan en las tonadas y letras de tangos, canciones napolitanas y el gran folclor musical español.

El humor de las gentes de estas nacionalidades es otra forma de enfrentar las frustraciones personales y colectivas, tan abundantes en las mencionadas tierras.

Matices diferentes de personalidad, riqueza multicultural y abundante portafolio de personajes, figuras, ídolos y mitos coexisten en las naciones que aquí analizamos y comparamos.  Verseros, trabajadores de calle, vendedores de humo, avivatos, tumbadores, gitanos, maliciosos y buenos negociantes abundan en Italia del sur, la Argentina porteña, en Antioquia la Vieja y la Grande y en España.  Encanto, carisma, mezclados con astucia y mentalidad competitiva, ganadora y avasalladora, hace que nos parezcamos tanto unos y otros.

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