Elecciones 2018, Opinión, Sociedad Superficial

Un presidente profesor

Fajardo es un político difícil de encasillar en los modelos de partidos y sus ideologías, pues en esta crisis de rumbo en el mundo y en Colombia donde lo más cierto parece ser la autodestrucción de la humanidad por el cambio climático culpa de un capitalismo depredador y abrumadoramente desigual, su visión de la política desde los principios hace difícil decir si estos son de izquierda, derecha o centro, pues son principios con un contenido social, una concepción del estado y del gobierno, que atraviesa los moldes ideológicos conocidos.

No es una postura política e ideológica superior o inferior, es distinta, como lo explica de manera nítida en su libro “El Poder de la decencia” y su gestión como alcalde y gobernador.  Sin embargo, si me preguntan que lo defina ideológicamente, diría que es de centro izquierda o social demócrata, y conversa con aquellos dispuestos a compartir y construir principios que sean la base para una nación sin corrupción, reconciliada y educada como pilares de un desarrollo para el bien común. Por eso fue posible la conversación con Robledo y Claudia López, que puede extenderse a otros, a la derecha o a la izquierda, como lo dijo cuando abrió las puertas de la Coalición a toda Colombia.

Pero, dónde no está definitivamente Fajardo: con la corrupción, la violencia y la inequidad, porque restringen las oportunidades para la mayoría de ciudadanos, limitan y deforman la acción del estado en lo fundamental, acaban con la vida y rompen tejidos sociales y comunidades enteras, e impide a la dirigencia construir una sociedad avanzada, porque ella puede transformar una sociedad o puede ser la culpable de todas las desgracias y atrasos como en el caso de Colombia, pues aun no ha podido construir un Estado para el bien de todos con una idea propia y profunda de las instituciones que debe crear para el desarrollo, la identidad cultural y para un proyecto de nación de largo alcance.

La noción de estado emergente fallido, es cierta, porque Colombia es una economía y una sociedad feudal, rentista, y superficial pero también sufrida porque es también una sociedad asesina, producto de múltiples economías ilegales cruzadas que actúan a corto plazo, y no una economía basada en la ciencia, la tecnología, la innovación, el arte y la cultura, la educación, con industrias y sectores productivos avanzados para que fluya el emprendimiento en ciudades y regiones sostenibles. Las islas de desarrollo y progreso en muchos campos, incluido el deporte, no alcanzan a dar a Colombia una imagen de nación superior.

En este contexto, Fajardo tiene una idea de sociedad en el nivel siguiente al promedio de las ideas de crecimiento que en Colombia siempre son viejas, comunes, ortodoxas, repetidas, y nunca las mejores, como las que esgrimen Duque y Vargas. Desde Lleras Restrepo, Colombia no tiene una propuesta de renovación como la que propone la Coalición Colombia y el plan de gobierno de Fajardo. La apertura de Gaviria dejó tantos hilos sueltos, tantos puntos ciegos y tantas deformaciones, que explican el deshilvanado estado y la deshilachada sociedad y economía que hoy es como país, porque no se hizo desde la reflexión y la construcción de nuevas instituciones que rompiera la saga de atraso, dependencia, inequidad, narcotráfico, violencia, clientelismo y corrupción. Estas anomalías las potenció  el “nuevo” modelo económico, destruyó los partidos, y los nuevos que nacieron de aquellos resultaron peores: el Centro Democrático que de centro y democrático poco tiene, un Cambio Radical que de cambio bueno nada muestra, un partido de la U producto y reflejo de los desatinos, amores y desamores entre Uribe y Santos.

La nueva Constitución importante en derechos, se hizo para un estado neoliberal anómalo que la inspiró, entonces los derechos quedaron entrampados en laberintos sin salida, por eso la violencia fue peor en los últimos 27 años, y con ella la corrupción se volvió una cultura que destruyó la ética, fracturando la sociedad en mil carteles, razón por la cual si es Fajardo de izquierda, de centro o de derecha, es una estupidez, porque sin ética no hay política ni ideología ni economía que valga.

Así las cosas, como concepción general, la propuesta de Fajardo es la más avanzada, equilibrada y viable de las candidaturas sobrevivientes, porque no promete lo que no puede cumplir, por eso no es populista con propuestas que son más de lo mismo, como las de la ultraderecha uribista y la de Vargas, ni promesero como Petro. Su concepción de tener como centro la educación e impulsar una política de desarrollo productivo  “…requiere de la formación de ciudadanos, trabajadores y empresarios que puedan aplicar el conocimiento en la actividad económica, y el uso de ese conocimiento para potenciar la producción de alto valor agregado, la innovación en las empresas y la transformación de las comunidades. La educación, la clave para desencadenar el proceso. La sostenibilidad ambiental el sello para un desarrollo económico sostenible, y los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030  el referente principal para la fijación de metas de gobierno….En la medida que la productividad aumente actuará como motor del desarrollo económico, generando empleo de mejor calidad, mejores salarios, y oportunidades para nuestros ciudadanos, trabajadores y emprendedores”. Esto dice la propuesta de desarrollo económico.

Para ello impulsará  inicialmente como objetivo de país, siete proyectos estratégicos en las siguientes áreas: biotecnología; ecoturismo; energías renovables; economía digital e industrias 4.0; industrias culturales, artesanales y creativas; agroindustria; ciudades sostenibles, que transformarán las capacidades, el conocimiento y la riqueza cultural en oportunidades de crecimiento sostenible y empleo de calidad. Dice también el plan de Gobierno: “La definición de metas, el trabajo cotidiano en la definición de objetivos, servirán como pedagogía para que la sociedad pueda ver en la práctica y en la cotidianidad a científicos, emprendedores, formadores, innovadores, como los protagonistas de la nueva página de Colombia. Y se mostrará cómo se articula la Educación, la Ciencia, la Tecnología, la Innovación, el Emprendimiento y la Cultura (las ECTIEC), con agenda de corto, mediano y largo plazo”.

Entonces, si esta concepción del desarrollo es la que respalda la lucha contra la corrupción y el cumplimento de los acuerdos de paz, ahí está la ideología, llámela como la quiera llamar,  y para ello la ética debe cobijar a la sociedad en todas sus acciones y actuaciones.

Esta concepción del desarrollo se fundamenta en la integración de distintos componentes que conforman un gran sistema, el cual se construye desde la significación de la lógica matemática “….la cual permite relacionar una estructura con otra (las ECTIEC), comunicar mundos que en principio no están comunicados y establecer una conversación entre ellos (corrupción, desarrollo y paz), descubriendo elementos que valen para todos”, en las palabras de Fajardo en su conversación con Margarita Rosa de Francisco.

Por todo esto, y por ser un buen padre y esposo, es decir, un buen ser humano dedicado a servirle a la sociedad, es la razón de mi voto por el presidente profesor. De los errores propios de todo ser humano, no me ocupo.

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