Opinión, Sociedad Superficial

¿Por qué falla Colombia en productividad y en competitividad?

He asistido a la mayoría de entregas del informe anual del Consejo Privado de Competitividad (CPC), eventos de los cuales resalto cinco cosas: primero, traen un conferencista de relevancia internacional; segundo, resalta los avances y también las debilidades en temas estructurales; tercero, el balance final para quienes asistimos y leemos el informe, es bastante regular, por lo cual en vez de registrar grandes avances se acumulan grandes rezagos; cuarto, queda en evidencia la debilidad institucional en términos de la ausencia de proyecto de nación que sustente un proyecto social y económico de largo alcance y objetivos estructurales estratégicos con una gobernanza que articule actores para un crecimiento alto, sostenido, competitivo, y transparente para el bien común y no solo para los agentes del mercado; y quinto, no ha tenido en los últimos 30 años un presidente que lidere el proceso o una dirigencia que se lo imponga. ¿Por qué ocurre esto?

Primero, se ha inducido una especie de pensamiento único y ajeno. Cuando esto sucede, el espíritu crítico desaparece y con ello la razón para la construcción de nuevas narrativas del desarrollo. En parte esto acontece por los millonarios contratos de consultoría de las universidades y los apretados presupuestos para investigación; porque las tecnocracias son muy sensibles a la crítica; y los empresarios aun no ven la importancia de la investigación y de la innovación para sus organizaciones y para la economía, pues priorizan el cabildeo por incentivos económicos y no los incentivos para el desarrollo, por tanto, las reformas tributarias solo sirven para cuadrar la caja pública de los siguientes dos años y nada más.

De esta manera, académicos del nivel del profesor Acemoglú, coautor del libro “Por qué fracasan los países”, invitado este año por el CPC, sorprende por la manera rigurosa, creativa y contundente con la que muestra problemas estructurales de Estados Unidos y del mundo, y esto ocurre porque en países más avanzados, profesores e investigadores tienen condiciones para construir teoría y análisis no cooptados, mientras otros se dedican a la consultoría.

Si Colombia libera y destina más recursos a la investigación básica en la economía y en otras áreas de las ciencias sociales, podría profundizar en los diagnósticos con mayor rigor y creatividad, construir big datas analíticas y pensamiento que nutra las políticas y a los políticos, alimente el contenido intelectual y creativo de la tecnocracia, y eleve el porte en conocimiento, emprendimiento e innovación en gremios y empresarios.

Segundo, el responsable de los malos desempeños en productividad y competitividad es el enfoque transversal de la política de desarrollo productivo, que tiene efectos negativos en las política de ciencia, tecnología, educación, emprendimiento, trabajo y en el desarrollo territorial, porque se dedica a impulsar factores transversales, como: educación, logística, transporte, salud, comercio internacional, y pone todos los sectores productivos en el mismo nivel sin discriminación por características, potencialidades, madurez, novedad, efectos en otros sectores, es decir, no diferencia sectores viejos con rendimientos decrecientes y sectores nuevos con rendimientos crecientes e impactos difundidos en la economía, en la sociedad y en las arcas del estado.

Los primeros tienen limitados campos para la investigación, la innovación y el emprendimiento, y los segundos, concentran las mayores capacidades en investigación, innovación, emprendimiento y en el desarrollo de territorios innovadores y sostenibles. Esto que parece trivial, es el corazón del desarrollo desde Adam Smith y desde la segunda revolución industrial, porque reivindica los focos estratégicos que deben tener todo estado, toda sociedad,  toda  economía y toda ciencia. Así lo han hecho y siguen haciendo los países desarrollados y los países emergentes inteligentes, como lo ha mostrado el Centro de la OCDE, los expertos que trae cada año el CPC, y la teoría sobre el desarrollo económico, incluso, no lo niega la ortodoxia neoliberal, porque en los estados de la vanguardia del mercado siguen discriminando sectores y áreas del conocimiento según evoluciona la tecnología a partir del desarrollo de sus capacidades en recursos humanos, investigación, cultura para emprender y crear, y las instituciones que han formado para que el desarrollo sea un sistema inagotable de crecimiento, oportunidades y cambios disruptivos para el bien común, lo cual solo se logra con proyecto de nación, con sectores productivos estratégicos y áreas de investigación igualmente estratégicas, que empujan, desarrollan y transforman el sistema de producción, de educación, de innovación y de emprendimiento, y los territorios donde se generan las disrupciones que la ciencia y la tecnología entregan.

Por no adoptar un enfoque más riguroso, estratégico y creativo, lo que ahora Colombia tiene es una dispersión de instrumentos y programas, con escasos resultados. Existen 22 sectores en el programa de transformación productiva, 6 cadenas productivas nacionales, más de 51 apuesta regionales, más de 20 clusters, y en este laberinto sectorial es imposible la articulación entre actores, porque todos están en un mismo plano con incentivos y condiciones iguales, pues se infiere que es igual producir aguacates que aviones, o es igual una aplicación para comprar boletas, pedir taxis o una cita médica, que un desarrollo de nanotecnologías, de inteligencia artificial, robótica, bio, o de electrónica para salud, industria aeronáutica, de alimentos, energía, o para el sistema de movilidad.

Como no hay una estrategia que asuma que los sectores son diferentes, se genera un derrame desordenado de actividades que poco se encuentran  por lo cual la coordinación se vuelve imposible, derivando en un sistema productivo desordenado, desconectado, con baja productividad y deficiente competitividad. Este enfoque deriva en un movimiento compulsivo de nuevos negocios de servicios igualmente desconectados, que la política pública no direcciona por la falta de focos estratégicos que impiden la estructuración de grandes misiones orientadoras. Esquemas de incubadoras de empresas, aceleradoras de negocios, empresas de consultoría en innovación, ángeles inversionistas y fondos de riesgo e inversión, surgen como crispetas, generando una dinámica desbocada de instrumentos que abren en innovadores y emprendedores expectativas que no se podrán satisfacer, porque aquellos van por las mejores spin offs y start ups, y esto, en un ambiente sin focos sectoriales,  sin misiones orientadoras, con escasa actividad en ciencia y tecnología, reducida cultura de la innovación, y poco respeto por la propiedad intelectual, generará muchas ilusiones y también demasiadas frustraciones.

Entonces, incrementar la productividad en un ambiente de enfoques iguales para actores diferentes, es imposible. Tampoco se podrá mejorar del puesto 60 en la competitividad, como lo han demostrado las intermitentes políticas de competitividad en los últimos 20 años, y las flacas políticas de ciencia, tecnología y emprendimiento. Es decir, se privilegió la competitividad y se relegó la productividad, inspirando otro engendro conceptual.

De esta manera, empresas de los distintos sectores no pueden elevar su productividad y competitividad si no hay una política deliberada para el desarrollo de las industrias 4.0, electrónica, materiales, aeronáutico, naval, energías alternativas, y actividades y áreas bio. Las industrias naranja son una porción pequeña, no son intensivas en investigación, aunque sí en emprendimiento, y sus efectos de derrame en otros sectores son pocos. A punta de naranjas no habrá más ciencia y tecnología, ni suficientes emprendimientos e innovaciones disruptivas.

Los impactos de territorios innovadores, como: Cali, Bogotá, Bucaramanga, Medellín, Pereira, Manizales, no alcanzan para mover la economía aguas arriba. Entonces, el desarrollo local hay que tenerlo en el frente de la agenda para que haya complementariedad con políticas nacionales inteligentes. Si los esfuerzos de desarrollo local fueran suficientes, la productividad y la competitividad de Colombia tendrían mejores desempeños, aunque también se puede decir que han impedido peores calificaciones.

Tercero, el informe resalta la ineficiencia del estado como un asunto grave porque no ha logrado crear instituciones eficientes, ni un sistema de agencias estales articuladas, que regulen para que funcionen bien la sociedad y el mercado. Igual acontece con el sistema de justicia, dada la baja tasa en esclarecer homicidios, una tercera parte de la tasa mundial. También con la contratación pública (corrupción), por la concentración de los contratos en un único proponente (61%), porque la inmensa mayoría de negocios está mediado por sobornos. Si añadimos las barreras al comercio internacional, tenemos un sistema de fallas del estado, que son fallas de las instituciones.

Cuarto, el informe destaca avances en el sistema de logística, infraestructura y transporte, con un salto del puesto 94 al 58 a nivel mundial debido al plan de las 4G, las cuales por corrupción y cuellos de botella relacionados por una falta de articulación entre agencias del estado, privados y firmas de ingeniería, deriva en un ciclo interminable de interrupciones en la construcción de las obras, como lo resalta el reciente documento de política del ministerio de transporte para los siguientes 4 años. Son fallas del estado y del mercado que golpean la productividad.

Quinto, el problema social asociado a la precariedad del mercado laboral asociada a la informalidad (entre el 58 y el 66%), la alta tasa (25%) de gente joven entre los 14 y los 28 años que no recibe ninguna capacitación, más el rezago en cobertura en preescolar (31 puntos por debajo del promedio de la OCDE), solo 4 de 10 estudiantes terminan bachillerato, únicamente el 14% de los programas de pregrado y posgrado de educación superior cuentan con acreditación,  y si lo anterior relacionamos con la espantosa cifra de que solo el 23% de los colombianos logra coronar una pensión, que se incrementa con los problemas de acceso a los servicios de salud, muestra una disfuncionalidad total del sistema productivo, de trabajo y seguridad social. Son fallas sistémicas del modelo de crecimiento con impacto en la productividad y en la competitividad.

Así las cosas, Colombia es un país que a pesar de relativos avances generales y de pocos avances puntuales, al final acumula problemas por culpa de una sola cosa: políticas mal diseñadas e implementadas porque hay una especie de cultura por los torcidos para favorecer intereses existentes o nuevos, y por la falta de un buen proceso de aprendizaje de otras experiencias, puesto que las variantes de contenido propio (micos en el congreso) son anomalías perversas. Es decir, hay una especie de cultura de la “mala índole”, problema que alude a la construcción de instituciones, detrás del cual están la corrupción, la ilegalidad, la injusticia, la ineficiencia, el corto plazo y los problemas de coordinación, que rebasan la cultura de la ética, del largo plazo y de la productividad.

Twitter: @AcostaJaime

Previous ArticleNext Article

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *