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Las startups de Duque

En la anterior columna escribí sobre la importancia de las industrias naranjas, y la necesidad de tratar de igual manera a todas las industrias 4.0, a las energías alternativas y a un grupo estratégico de industrias y servicios de alta tecnología, si de verdad la productividad está en el centro del pensamiento del presidente para reindustrializar Colombia.

Para lo cual, se debe diseñar la política nacional de emprendimiento con el fin de integrar en un gran sistema, la producción, la investigación, la educación, el emprendimiento, el desarrollo regional y el comercio internacional. Así, la reforma tributaria sería funcional a la creación de una nueva generación de empresas innovadoras o startups.

A partir del año 1991 se crearon las primeras incubadoras de empresas en las principales ciudades, la mayoría murieron, sobrevivieron pocas apelando al rebusque en la contratación pública, luego se volvió al paroxismo en el primer gobierno de Uribe, y el SENA impulsó 32 incubadoras en todo el país, que se sumaron a los parquesoft.

Esa monumental dinámica se acabó sin que muchas incubadoras vieran la luz. Pasaron los años, la incubación pasó a mejor vida, y quedó en manos de los emprendedores que tuvieran fuente de financiación propia, hasta que llegó la moda de las aceleradoras de negocios. En este éxtasis está ahora Colombia.

Han pasado tres décadas, y no se tiene una política, un modelo, una agencia nacional de emprendimiento, y un sistema nacional de emprendimiento.  Si bien han surgido startups innovadores, la muerte de nuevos emprendimientos es asombrosamente alta, como lo dijo la presidenta de Fedesoft, Paola Restrepo, en la Revista Dinero.

Con Gaviria llegó el credo de que todo lo hace el mercado, y el estado solo debía atender bien a los agentes. Entonces, la política industrial para una economía abierta, nunca se ha dado porque se cayó en la posverdad de que toda decisión del estado para escoger sectores estratégicos, era una discrecionalidad indebida, apelando al ejemplo de los pocos casos donde esa selección ha tenido vicios, sin reconocer que en la inmensa mayoría de experiencias nacionales esa estrategia ha sido exitosa, la cual explica el asombroso desarrollo de los países emergentes y de los más avanzados.

Todos integraron sectores claves, con educación, ciencia y tecnología, desarrollo regional, emprendimiento y comercio internacional. Todos con especificidades inimitables porque no hay dos modelos de desarrollo iguales. Hay parecidos, porque la dotación de factores siempre son diferentes. En últimas, el crecimiento y el desarrollo son endógenos, razón por la cual los estados toman decisiones discrecionales, porque el mundo no es homogéneo, los sectores tampoco. Los países que no hacen discriminación inteligente, son como despistados deambulando por el mundo, regalando su mercado, sus activos, y el recurso humano. ¿Colombia?

La falta de foco estratégico en la política de desarrollo productivo, tampoco permite establecer una integración con áreas igualmente estratégicas de la ciencia y la tecnología, y al no haber relación entre producción e investigación, no puede haber una masa importante de emprendimientos innovadores de alta complejidad. Así las cosas, si se asume el emprendimiento sin corregir el sesgo perverso de tratar por igual a todos los sectores y a todas las áreas de investigación, se está matando al emprendimiento, que debe ser el mimado de las políticas económicas, dado que de ahí emana la nueva generación de empresas que generan empleo calificado, ingresos, impuestos, formalización, exportaciones, y llevan la economía al desarrollo económico y a la sociedad a un bienestar sostenible. Así las cosas, los desafío para Duque, son:

Uno, corregir en la política de desarrollo productivo el sesgo contra la selección estratégica de sectores avanzados y áreas tecnológicas avanzadas a nivel nacional que se complemente con las apuestas estratégicas de las regiones. Si se corrige este sesgo perverso, puede hacer una política nacional de emprendimiento naranja, azul (industrias 4.0 incluida la electrónica), y verde (agricultura, energía, transporte, materiales…). No todo el mundo come ni produce naranjas. El conocimiento también necesita de industrias azules que emanan y nutren la creatividad y la inteligencia, y de las industrias verdes, que son la vida.

Dos, a más de los ajustes en el Ministerio de Cultura para atender las naranjas culturales y creativas, fortalecer el MCIT a los nuevos desafíos de la política productiva y de emprendimiento, es una obligación. La estrategia del gobierno anterior de mirar solo diversificación y sofisticación en los sectores que existen, fue una acción incompleta, porque al mismo tiempo no se hizo una estrategia para impulsar el cambio estructural para sustituir las exportaciones minero energéticas.  Bancoldex convertido en un Bandes, e Innpulsa como agencia de desarrollo para el emprendimiento, es una obligación. Si a lo anterior se suma la creación del Ministerio de CyT, Colombia tendría una potente institucionalidad para un sistema productivo y de innovación sostenible de color naranja, azul y verde.

Tres, la decisión de eximir de impuesto a la renta a las nacientes industrias naranjas, debe extender a las azules y a las verdes, así Carrasquilla salte como crispeta.

Cuarto, hay un número grande de proyectos innovadores en las universidades, que requieren de una pronta reglamentación de la ley de spin offs para que muchas de esas innovaciones también se conviertan en startups. Si es así, la ley de los crowfundigs, el propósito de desarrollar el mercado de capitales, tendrá espacio fértil a través de startups, pymes y grandes empresas innovadoras.

Quinto, la pre y la incubación es mucho más que tener un ejército de optimistas vendiendo modelos y planes de negocios para acelerar empresas a toda madre, con el cuentazo de los crecimientos exponenciales. Las incubadoras con aceleración como una sola unidad conceptual y de instrumentos, son necesarias.

Sexto, es hora de desarrollar los parques tecnológicos. Es una obligación del estado hacer realidad el parque de CyT impulsado por la Universidad Nacional en Bogotá, el cual tiene tantos estudios como el metro de Bogotá. Es decir, el parque imposible. Si algún día es realidad, este debe especializarse en I4.0, bio, electrónica, energía, materiales.  Sin embargo, parece que esa idea de Parque se está convirtiendo en un distrito de la innovación, que se suma al paquete de mega proyectos archivados, como Ciudad Salud Región e Innobo.

Con base en la experiencia de asesorar a una empresaria que está explorando invertir en startups, puedo decir lo siguiente. Se debe avanzar rápidamente en el cambio de mentalidades en las universidades para acelerar el proceso de las spin offs y de las startups universitarias.

Existen rezagos en las universidades públicas, que frenan las capacidades de profesores y estudiantes brillantes, para emprender e innovar, pues hay magníficos proyectos a nivel de prototipos, y pequeñas empresas que han ayudado a crear por fuera de los campus.

En las universidades privadas, donde se supone no existen las restricciones jurídicas y económicas de las instituciones públicas, tampoco las spin off y las startups surgen en cantidad y complejidad.  En los próximos días visitaré Medellín, con la certeza de que es el sistema de emprendimiento más avanzado de Colombia.

Twitter: @AcostaJaime

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