Opinión, Sociedad Superficial

Fajardo y la coalición de la esperanza (III)

Se siente el repudio por las agresiones a los candidatos presidenciales. No se quiere más violencia política porque la inmensa mayoría de ciudadanos no desean iniciar un nuevo ciclo de barbarie que sería peor que los anteriores, porque hay un desmantelamiento institucional por la crisis de los tres poderes y por un creciente resentimiento  a un sistema “democrático” y económico que ha decretado el desamparo, el atraso y la inequidad perpetua para la clase media y los más pobres, aquí y en el mundo. Ya no existe estado del bienestar, ahora existe un estado débil al servicio de los agentes del mercado y no para el bien común y de los empresarios.

Por eso, los populismos de derecha y de izquierda, con su palabrerío, son el retorno al pasado en ideas y maneras de gobierno, y es el instrumento con el cual se está polarizando a Colombia. Los discursos de Uribe, Vargas y Petro, son el camino a una idea parecida a la Venezuela de hoy. Allá se llega por la inequidad, el atraso, las promesas incumplidas, el populismo y la corrupción.  No responden a nuevas realidades de Colombia y del mundo. No son invocaciones a la construcción y a la reconciliación, si no a la lucha de clases que ya nadie compra, le apuestan a la agresión y no a la argumentación, a ideas del crecimiento agotadas y superadas y no a nuevas narrativas del desarrollo.

Lo grave, ciertos medios agencian esta polarización y quieren llevar a Colombia al triste pasado y no a un futuro de esperanzas. Lo hicieron cuando pusieron a Peñalosa en la alcaldía de Bogotá y ahora quieren repetir con Duque, asimilándose a un populismo de la trampa y de la mentira. Las encuestas en Colombia mienten, se venden y se hacen según como la quiere el que las paga. Es el legado que dejó el inmoral de J.J. Rendón: la posverdad como estrategia y manipular encuestas como medio. Así ocurrió en la campaña del 2010, cuando Santos lo trajo para derrotar a Mockus.

Por lo anterior y mucho más, el discurso de Fajardo y de la Coalición Colombia es una respuesta decente y contundente a la decadencia. La manera tranquila, sin odio ni agresiones, pero argumentada, con el estilo de un matemático, y no del que estamos acostumbrados escuchar de “líderes” extensos en la palabra, ricos en promesas, pero no por ello renovadores y consistentes, porque si no Colombia sería otra.

Fajardo no es capaz de un discurso populista. Riñe con el estudio, la investigación y la docencia en matemáticas. A su lógica de pensamiento se suma una gran sensibilidad humana, por eso ha gobernado y ha sido posible la Coalición Colombia con Claudia López, con Robledo y otros, con tantos jóvenes políticos de la Coalición que aspiran al congreso, con decenas de expertos que consignan sus ideas en sus propuestas, y con los jóvenes profesionales que sueñan y hacen el día y la noche de la campaña.

Lo han catalogado de “tibio” porque dice que su campaña no esgrime odios ni agresiones y porque él y la Coalición hablan de reconciliación, de educación y de escribir nuevas páginas. Las palabras fuertes y desbordadas le dieron a Colombia  600.000 muertos, más de 100.000 desaparecidos, y más de 10 millones de víctimas en 70 años de guerra. Eso no es tener carácter, es tener una actitud enferma hacia la violencia y en contra de la vida.

Hoy, los columnistas y medios sensatos le dan la razón. Piden no violencia hacia los candidatos. Y las redes llenas de mensajes iguales.  La razón se impone por la evidencia y la argumentación.

Dicen algunos que “le falta ser más concreto”. La semana pasada presentó la política económica. Se ha dicho bastante en distintas páginas, sobre la seriedad, ponderación y novedades de la misma. Por eso me centraré en el corazón del esquema del plan de desarrollo.

El primer punto alude a tener una política de desarrollo productivo que conduzca a mediano y largo plazo a superar la dependencia de los commodities minero energéticos, para ello, la estrategia se dirige a mejorar la competitividad y elevar la productividad, con base en dos orientaciones o rutas convergentes: una, consolidar sectores existentes que conforman el grueso del PIB, las exportaciones, la generación de empleo y los ingresos tributarios, para mejorar su competitividad interna y externa; y dos, elevar la productividad, impulsando nuevas actividades de alto valor agregado donde el país viene produciendo e innovando, y otras que serán inéditas porque hacen parte de la revolución de las industrias 4.0 y de las industrias ecológicas, como las energías alternativas. En este segundo grupo de sectores Colombia desplegará su mayor potencial humano, científico y emprendedor.

Esas dos rutas, tendrán un paquete de proyectos estratégicos, por ahora siete, con agenda de corto, mediano y largo plazo, cuya concepción es la siguiente: tendrán enfoque territorial sostenible, serán de tipo de transversal como apoyo a sectores existentes y nuevos, y se adelantarán con base en  la acción combinada entre educación, ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento y cultura.

Veamos un ejemplo sencillo de proyecto de este tipo, para las industrias y la investigación en biotecnología. La educación responderá con programas de calidad; la investigación científica se fortalecerá e intensificará entre empresas, centros de investigación de las universidades y públicos; el emprendimiento se incentivará para crear nuevas empresas innovadoras; y al estar asentados los recursos en los territorios, el factor cultural es clave, porque es un factor endógeno del desarrollo, como dice la literatura. En síntesis, se integran la estrategia productiva, los proyectos estratégicos, y la educación, la investigación, el emprendimiento y la cultura. Es una potente concepción del desarrollo, como nunca antes ha tenido Colombia.

Lo anterior se complementa con una reforma tributaria estructural y cumplir con un responsable manejo macroeconómico. Con más ingresos, y comenzado el ataque a la corrupción, llegarán los recursos para la educación, y para todo el inmenso desarrollo social que Colombia tiene pendiente. Con estas y las cinco medidas de choque que están consignadas en el documento, se generará un millón y medio de nuevos empleos.

Fajardo es pragmático, es continuista de lo bueno, se compromete con lo que puede cumplir, si las cifras no le cuadran o convencen, las omite, con el riesgo de que medios y contrincantes digan que le falta concretar. Él prefiere correr ese riesgo a prometer y luego no cumplir, porque es responsable y no es populista. Fajardo y la Coalición son decentes, decididos, inteligentes  y consistentes, pero no pusilánimes y pendejos. Olvídense de las encuestas y a votar con conciencia, porque se puede.

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