Opinión, Sociedad Superficial

Fajardo y la Coalición Colombia: el triunfo de la esperanza (IV)

El 11 de marzo será recordado como un día histórico en los años recientes de la turbia política colombiana, tan turbia que las encuestadoras se prestan para manipular la opinión, pues las últimas daban empate entre Duque y Petro y resulta que el primero dobló al segundo, y también mostraban a un Fajardo en caída libre cuando las elecciones de ayer indican un ascenso libre. Insistí en mi anterior columna que no había que creerles porque obedecen al interés de quien les paga, en este caso asustar con Petro y subir a la ultraderecha. Pero ¿qué sucedió el 11-M?

Emergió la Coalición Colombia conformada por la Alianza Verde, el Polo Democrático y Compromiso Ciudadano, y liderada por Fajardo. Hoy es la tercera fuerza en senado y la cuarta cámara. Sin publicidad en los medios, sin comprar un voto, sin ofrecer un contrato, sin amenazar a nadie, y con recursos escasos, caminaron juntos por Colombia y ganaron. En Senado quedaron a un escaño de El Mejor, y a tres de Él. Fajardo es un paciente e integro estratega. Anda con su cuaderno anotando y sistematizando lo que escucha. Muchos analistas y medios aún no lo entienden ni conocen suficientemente, por eso cometen equivocaciones cuando a él se refieren. Todavía no han leído el PODER DE LA DECENCIA.

Se conoció el techo de la extrema derecha: seis millones de votos, y con esa cantidad no pueden ganar la presidencia ni en primera ni en segunda vuelta porque se necesitan ocho millones en mayo y diez en junio, si la tasa de abstención se mantiene. El uribismo no da un voto más luego de un caudillismo tormentoso y doloroso para millones colombianos, y de atraso general para la nación. Conservadores y liberales afines votaron para derrotar a Petro, olvidándose que al castrochavismo se llega por la vía rápida de una mala derecha.
Petro logró la votación más alta de la izquierda en la historia de Colombia, pero nunca estará cerca de ganar la presidencia como estuvo Gaitán. Logró llevar sus listas al congreso, sin embargo, su techo son tres millones trescientos mil votos, incluidos los quinientos mil de Caicedo, y nada más, y así no pasa a segunda vuelta.

Vargas y el Consejo Electoral deben explicar cómo logró tantos congresistas cuando su imagen está por el piso: no apoyó el proceso de paz, su partido tiene demasiados en la cárcel o ante la justicia, es taimado y vergonzante, mete coscorrones y reparte arrogancia. Su candidatura no despegó y por eso nadie le aceptó la vicepresidencia, solo su comodín.

De la Calle tiene un terrible dilema, por un lado ataca la corrupción y por el otro tiene un partido con el vestido empolvado. Ahí está el problema para la alianza con Fajardo. Muchos piden que éste y la Coalición se tapen la nariz y miren a otro lado, porque lo importante es frenar a la ultraderecha, desconociendo la frase de Fajardo: “el fin no justifica los medios”. De esa manera, no le piden a De la Calle que sacuda el vestido del Partido Liberal para ampliar la Coalición, piden que esta se ensucie.

El problema no está en la cancha de Fajardo, el problema está en la cancha liberal. Creo que si firman un acuerdo para que el partido se sume a los principios éticos de la Coalición y a las luchas de su vicepresidenta contra la corrupción, será posible la alianza – dado que en términos de afianzar la paz y de las bases programáticas no habría problema -, porque el liberalismo volvería a los fundamentales de su ideología: la justicia social, la paz, el desarrollo, y a la ética de Echandía, de Alberto Lleras y de Carlos Lleras, de López Pumarejo, y de tantos otros, entre ellos Galán, donde se nutrió Iván Marulanda, hoy nuevo senador de la república. La fuerza de la esperanza es también una fuerza de la ética, de la sensatez por lo tanto de la humildad, en consecuencia de la inteligencia y la equidad.

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