Opinión, Sin Reservas

Primero lo primero

Andan revueltas las aguas políticas y económicas del país en estos días de comienzo de año electoral. Este 2018 será histórico y decisivo. Encuesta tras encuesta se evidencia una sociedad cada día mas decepcionada de la clase dirigente y de los partidos políticos que la protegen. Una distancia que muestra que los ciudadanos están lejos de comprender el zigzagueante manejo que la clase política y empresarial del país está dando a la gestión del futuro de todos los colombianos.

Por años, diferentes gobiernos han tratado de trasladar a la opinión publica nacional una imagen diferente de Colombia.  Empeñados en hablar de un país insertado en el primer mundo, con posibilidades de codearse con potencias como Estados Unidos o Inglaterra y olvidándose de la realidad que nos rodea, en áreas tan cercanas como el Catatumbo, la Costa Pacífica o la Guajira.

Cada periodo de bonanza regional, hemos querido descubrir “dorados” en nuestra frágil economía. Una vez el carbón, otra vez el café, luego las flores, más tarde el petróleo, y cada una de esas coyunturas ha hecho creer a una gran parte de la población que estábamos en el comienzo del resurgir económico definitivo para nuestro hermanamiento con los países ricos del mundo mundial.

Pareciera que hasta ahora nadie nos había alertado de la corrupción hasta el ‘caso Odebrecht’. ¿Acaso no existía, ni en los partidos políticos, ni en los altos funcionarios de las diferentes administraciones, ni en las concesiones del Estado, ni en las dádivas por el forzado apoyo de los honorables miembros del Congreso?.

¿Nadie se había dado cuenta hasta ahora de las artimañas en el sistema judicial, o en los nombramientos en la pasada procuraduría? O, simplemente, la utilización amañada de la Fiscalía contra todo lo que no gustaba o convenía. ¿Tampoco  los medios de comunicación se habían dado por enterados de todas estas prácticas? después de miles de denuncias públicas y privadas que advertían de este cáncer en nuestra sociedad democrática.

Han pasado docenas de años robándose la plata de las gobernaciones y alcaldías y con ello han ido condenando a los ciudadanos a peores servicios como la salud, la educación, o la vivienda. Años de conexión con parapolíticos y organizaciones mafiosas que han controlado a sus anchas sectores económicos y  estratégicos para el desarrollo de la economía del país.

Quizás alguien tendrá que preguntarse por qué la bajada de las tasas de interés del Banco de la República nunca llega a los consumidores finales, quienes en razonable protesta convierten a Colombia en uno de los países menos bancarizados de nuestro entorno. Con tasas de usura en las tarjetas de crédito y también en la financiación de las deudas fiscales al Estado como si de un prestamista barato se tratara.

Estas y otras circunstancias, no menos preocupantes, han ido llevando a Colombia a un alejamiento de la senda que nos hubiera acercado a salir razonablemente del subdesarrollo.

Apenas andamos cumpliendo con algunos requisitos para el tan añorado matrimonio con la OCDE, pero más de la mitad de la población sigue sin tener cubiertas las necesidades básicas que hacen a un país sustentablemente equilibrado y justo socialmente hablando.

Son muchos los despropósitos que han llevado a Colombia a esta situación de divorcio con la ciudadanía. Muchos están alarmados de la poca proyección política de los de “siempre”, preocupados y atemorizados por la propaganda de un sector reaccionario de la derecha, sobre la llegada del castro-chavismo. El país vive en una permanente incertidumbre sobre su futuro y sus clases dirigentes se ven incapaces de trasladar mensajes de tranquilidad a una población desencantada con el maniqueísmo de sus dirigentes.

Estas elecciones, tanto legislativas como presidenciales, deberían servir para que los candidatos tracen planes de futuro a medio y largo plazo, y de una vez y para siempre se consoliden los trazos de un dibujo lleno de esperanza y futuro para el país.

De no hacerlo así, luego no lamentemos la inevitable llegada al poder de los que, supuestamente, no nos gustan o amenazan el status quo. Las encuestas lo dicen claramente, las principales demandas de los ciudadanos no están en las grandes cifras de desarrollo que nos ponen en el primer mundo, están en el bienestar diario de la gente, los mínimos básicos para una vida digna, la equidad y la igualdad social, y un porvenir posible en esta tierra colombiana. Primero lo primero, porque no estamos para ser ricos, estamos para cerrar las brechas sociales, y para reconquistar la confianza en el Estado.

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1 Comment

  1. Durante mucho tiempo quienes nos gobiernan, lo hicieron pensando en sus necesidades particulares con un ethos mafioso que se apoderó como cáncer e hizo metástasis en la política, la ley, la ética y hasta en los quehaceres del día a día del Colombiano. Los culpables son ellos que no han pensado en la responsabilidad de ser líderes y trabajar para los demás pensando en el largo y mediano plazo y no solo en llenarse los bolsillos. Hay que participar en las elecciones que se vienen y en conciencia votar por otros que no representen la corruptela de siempre. Gracias a Internet hoy tenemos un periodismo que es más responsable y que se ve en la necesidad de no decir mentiras para sostener el régimen. Aún existen muchas personas que no leen y solo se informan de RCN y CARACOL y son quienes aunque voten, lo seguirán haciendo sin mirar a largo plazo. Por fortuna son cada vez menos.

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