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Opinión: La economía naranja de Duque

La creatividad como motor de innovación contribuye a diversificar la economía, porque es una herramienta necesaria para la competitividad e indispensable para la elevar la productividad de un sistema económico y de innovación sustentado en el conocimiento. Una de estas áreas de desarrollo es la economía naranja, referida a actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios, y cuyo valor está basado en la propiedad intelectual. El universo naranja está compuesto por dos partes: 1) la economía cultural y las industrias creativas, en cuya intersección se encuentran las industrias culturales convencionales: teatro, música, artes plásticas, gastronomía,…; y 2) las áreas de soporte que aluden a servicios creativos, software y plataformas digitales. El universo naranja lo conforman, creativos, artistas, arquitectos, diseñadores de todos los campos incluidas las artesanías, investigadores, medios, y emprendedores. BID.

La industria naranja emergió mucho antes que la reciente revolución de las industrias 4.0, y hace parte de la saga de las tecnologías digitales y de otras tecnologías avanzadas. Las cifras de producción, comercio internacional, empleo, son impresionantes, pero son datos fríos y con ello no es suficiente para que un país ingrese automáticamente a usufructuar de esos gigantescos mercados.

En Japón, la economía naranja genera aproximadamente seis millones de empleos. Entonces, si Colombia tiene la mitad de esa población, se podría suponer que podría generar tres millones de empleos calificados, bien remunerados, con empresas y empleo formales, y así el milagro ocurriría en un periodo de tiempo relativamente corto, digamos al año 2025, como propone el nuevo presidente de Colombia. Sin embargo, el “milagro” no hace milagros.

En América Latina, la economía naranja genera más o menos dos millones de empleos, según el BID, equivalentes a una tercera parte de los creados en Japón, pero con una población seis veces más grande. Por lo tanto, la industria naranja está relacionada con el grado de avance general de la economía y de la sociedad. A más desarrollada, diversificada, sofisticada, innovadora y emprendedora es la producción de una nación, más industria naranja tiene. De esta manera, pensar que es posible lograr ciertos desafíos de crecimiento y desarrollo concentrados en esta economía, es muy difícil, y no tiene sentido en el mundo de hoy cuando se han sumado e integrado cuatro revoluciones tecnológicas, y no es posible ni correcto depender de un solo sector.  Veamos por qué.

Por más estímulos que ofrezca la política pública, es imposible que la mayoría de la población se dirija a este tipo de actividades, porque no todas las personas tienen aptitudes y anhelo de desarrollo en esos campos. Por supuesto, mucha gente con potencial innovador y/o con dificultades económicas para innovar y emprender, encontraría oportunidades en una política de estado, porque sería un sector clave en la estrategia de desarrollo productivo de largo plazo.

Así las cosas, el nuevo gobierno debe profundizar la política de desarrollo productivo que hereda, y hacer lo siguiente. Tener tres pilares sectoriales: economía naranja, energías alternativas (con Ecopetrol como empresa estatal y ancla en la producción y en la I+D+i para el salto de la matriz energética), e industrias y servicios que potencien las industrias 4.0.

La economía naranja solo potencia 4 de los 9 tipos de I4.0: Internet de las cosas, inteligencia artificial, Big Data y datos abiertos, e impresión 3D, y omite otras de mayor o igual impacto en los procesos de diversificación y sofisticación en el cambio estructural de la economía, tales como: robótica, ciberseguridad, realidad aumentada, sistemas de integración horizontales y verticales en los procesos productivos de fábricas inteligentes, fabricación aditiva, y la simulación, que a su vez determinan desarrollar una industria de servicios en electrónica.

Con base en esta visión más amplia y correcta, potenciaría sectores tradicionales (agricultura, industrias de consumo, turismo,..), y otros más sofisticados y ya existentes: salud de alta complejidad, aeronáutico, naval, donde los tres pilares de industrias, servicios y áreas tecnológicas avanzadas, tendrían más espacios de aplicación, y también más oportunidades de desarrollo porque habría una sociedad más culta, con más ingresos, y con más profesionales, creativos e investigadores para los nuevos espacios de acción en empresas, universidades, centros de investigación, innovación y emprendimiento, fortalecer los parquesoft, desarrollar los parques tecnológicos multisectoriales, los distritos y ciudades de la innovación y de la creatividad, así como la innovación y el emprendimiento en el aparato público.

Si Duque hace una política productiva de este tipo, sentaría las bases para un desarrollo industrial y de servicios de nuevo alcance que conduzca a lograr ciertos objetivos macroeconómicos y sectoriales: equidad; estabilidad fiscal; reforma tributaria estructural con otros alcances y criterios y no con los regresivos como los que propone Carrasquilla y el Consejo Gremial Nacional adictos al neoliberalismo del siglo pasado; crecer por encima del 6% la economía antes del 2025; llevar la inversión en ciencia y tecnología al 1.5%, lo cual únicamente con naranjas digitales es imposible, menos en cuatro años, porque no solo se trata de asignar  más presupuestos, si no de crear y de fortalecer capacidades, condiciones y cultura en las universidades y en las empresas para que haya demanda sostenida de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) en distintos sectores y áreas tecnológicas avanzadas.

Entonces, llevar al 1.5% del PIB la inversión en CyT, se logra una parte con economía naranja, y otra con I+D+i en medicina, genómica de última generación, biotecnología, agricultura, materiales, industrias 4.0 y energías alternativas, y de esta manera generar una explosión de nuevos emprendimientos innovadores, donde sería necesario convertir a Innpulsa en una agencia de desarrollo del estado, y eliminar el Programa de Transformación Productiva para crear una entidad como Embrapii en Brasil.

Para todo esto ¿de dónde saldría la plata?. Una parte de los precios altos del petróleo y de las regalías; con una reforma tributaria para el desarrollo, la equidad y no solo para beneficio de los que más tienen, porque se ha visto que solo las gabelas tributarias poco sirven, pues enriquece al empresario pero no incrementa ni diversifica exportaciones con valor agregado, empobrece a los demás ciudadanos y campesinos, y aumenta la informalidad; y atacando la corrupción.

Por lo dicho, en lo macroeconómico, social, y para cimentar la paz, el nuevo presidente debe iniciar un proceso para reindustrializar el país, y no dar por hecho que la industria en Colombia no debe evolucionar, y que la nueva revolución industrial 4.0 y de las energías alternativas, no las puede desarrollar éste país. Por eso debe profundizar las políticas de desarrollo productivo y de ciencia y tecnología, fortalecer los sistemas nacional y regionales de innovación, repensar los ecosistemas de emprendimiento, y dar un salto en la calidad y pertinencia de la educación.

Resumiendo, la creación del viceministerio de Economía Naranja en el Ministerio de Cultura para articular las acciones del Consejo Nacional de Economía Naranja, el Fondo Nacional para el Desarrollo de la Economía Naranja, la creación de Áreas de Desarrollo Naranja (ADN), que articulen la inversión privada en espacios para los negocios creativos (clústeres, coworkings, etc.), con la renovación de los espacios urbanos que rodean los distritos de los negocios y la activación cultural de la comunidad bajo el concepto de ciudades inteligentes y creativas, son acciones necesarias de una economía naranja, y tendrá impacto si hacen parte de unas políticas que transformen la producción, impulsen la innovación y el emprendimiento. Sin una visión más robusta de la producción y del conocimiento, la economía naranja será una ilusión.

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